jueves, 6 de agosto de 2015

Y Grecia nos lo ha demostrado

Plaza Sintagma
Después de haber pasado unas semanas... ¡intensas semanas políticas, sin ninguna duda!... desde el inicio, y posterior fin, de la negociación entre el gobierno legítimo griego y los entes decisorios de Europa, es decir, los de siempre, al respecto de la situación económica y social del pueblo más antiguo y de riqueza cultural y política históricamente más rico de Europa, sobre su futuro, y por su posterior desenlace, técnico para unos, político para otros, y resolutorio y ejemplarizante para los más...

...después de aquello, digo...

... que me decido a volver a comentar sobre Grecia, en mi personal ventana al mundo, mi opinión al respecto, tras haber escuchado y leído atrocidades que me hacen reaccionar por lo injustas e incomprensibles, en muchos casos viniendo de donde vienen, sin más influencia que la simpleza presta a sus conclusiones. Y para lo cual quiero ser muy breve, por lo que me voy a centrar solo en una de esas simplezas.

Hay una pregunta en el aire que se suele formular, que no deja de ser lo suficientemente superficial.

La pregunta en cuestión suele ser parecida a: "¿De qué ha servido el referéndum montado por el gobierno griego, respecto a la negociación con "los de siempre" si al final el resultado ha sido peor que lo que en principio se planteaba?"

Las respuestas a esa pregunta podrían ser muy variadas, especialmente en el aspecto técnico y político de la situación, pero yo me voy a centrar en tres. Tres respuestas que no teníamos garantías de que fueran realidad en una Europa tan germanizada, pero que Grecia nos lo ha demostrado.

a) La dignidad de los pueblos. Todos tenemos derecho a levantar la cabeza con solvencia ante cualquier adversidad externa que pretenda someter nuestra comunidad, como lo hace la Troika, como lo hace Alemania con prepotencia. El pueblo griego ha salido a la calle a gritar por su dignidad, y así nos lo ha demostrado.

Manifestación del pueblo griego

b) El uso de la democracia más pura. Si Grecia fue hace 2.500 años la creadora de la Democracia, en mayúsculas, hoy nos ha recordado que aún sigue en vigor, siempre que el pueblo así lo requiera. El ejercicio del uso de un referéndum para conocer lo que la comunidad piensa es un acto que parece haberse olvidado en el resto de la Europa capitalista que nos hemos construido. Preguntar a las personas a las que gobiernas qué opinan sobre algún asunto que les afecta directamente es tan claro que lo habíamos obviado. Sin embargo, de su existencia Grecia nos ha demostrado.

Grecia vota NO a las imposiciones alemanas.

c) La falta de soberanía e independencia política es ahora más clara. Si alguien tenía alguna duda, el resultado del "asunto griego", desde su comienzo, con las alarmas de "los mercados" sonando a zafarrancho, hasta su conclusión, con un país entregado y humillado, pasando por los intentos de diálogo y negociación , la voz de los griegos en las urnas, los gritos en las calles, los llantos de las personas de "a pie"... Todo ha quedado claro: NADIE TIENE YA LA SOBERANÍA SOBRE SU PAÍS. La Troika, los entes financieros, los ricos, los alemanes y su nuevo Reich,... Después de esto, ya ha quedado claro, y ha sido Grecia quien nos lo ha demostrado. Ellos, los griegos, con su esfuerzo y lucha. Ya todos tenemos muy claro quiénes nos gobiernan.

"Nain de la china"
Para eso ha servido el referéndum en Grecia. Para eso y para algo más; para la esperanza. Para pensar que no está todo perdido. Para grabarnos en la mente esas caras de preocupación de los intocables mientras se sentían amenazados por la situación. Para creer en la fuerza del pueblo, de la gente, de las personas. Para anhelar la libertad con más fuerza. Para luchar por la igualdad de los pueblos, sean del norte, del sur, del este o del oeste. Para pensar que quizás la solución pase por la Alemanexit. Quizás desde el Mediterráneo tengamos las respuestas para nuestros problemas, antes que desde la Selva Negra o el Rhin.

No estaría de más que alguien se replanteara una nueva construcción desde los cimientos, en vez de renombrar puertas de entrada o salida, cambiando la orientación de la casa, porque la brisa del sur siempre fue bienvenida, incluso para los bárbaros del norte.

Grecia y el Mediterráneo

sábado, 23 de mayo de 2015

Patios de Córdoba, la fiesta que nunca debió dejar de ser

Calle del Trueque, nº 4. Patio fuera de concurso, próximo Museo de los Patios Cordobeses.
Aunque en mi juventud sí, no retengo en mi memoria especiales recuerdos infantiles de nuestras visitas familiares a los patios cordobeses por mayo, quizás porque los patios que más nos importaran entonces fueran los que teníamos para nuestro solaz y uso en la casa de "los muchos" del número 24, de la Calle de Mucho Trigo, de esta mi ciudad.

El patio chico, más cercano a mi casa, era recoleto, diminuto, blanco e inmaculado, salvo en sus bajos, donde la verdina del invierno se agarraba dibujando formas amorfas que avivaban la imaginación de los más pequeños, rasgando las varias capas de cal rebajada que cada año por la temprana primavera los vecinos se organizaban para repasar bien, con Antonio Molina o Lola Flores como sonido ambiente, y el olor a guiso de legumbres que inundaba exteriores e interiores.

Ni una sola maceta se asomaba desde las paredes. Sin embargo, macetones anchos con mantillo húmedo, sí que formaban casi marcialmente en los laterales de los paramentos, ya fuera en los pasillos o en el propio patio. Ficus, helechos, yerbabuena, durillo de la sierra o madreselva trepadora, campaban a sus anchas por nuestros alrededores, sin más necesidad que la tierra y la conveniente humedad.

El patio grande sí que mostraba orgulloso colores con la pared encalada de fondo: el rojo, el amarillo, el morado, el fucsia, el verde de la hoja y el tallo, se recortaban con la luz solar refulgiendo intensamente, y dando fuerza al recinto, que parecía más cercano y acogedor que nunca. Desde los lavaderos hasta el pórtico, y desde las escaleras a la parte de arriba hasta las letrinas, todo era fulgor de luz y colores, aunque sin excesos, con lo justo. Una magnífica plaza donde jugar al toro, sin duda.

Durante muchos años, la fiesta de los patios ha sido la más popular y entrañable de esta ciudad, donde el festivo mayo comienza en abril y finaliza en junio. Independientemente del folklorismo institucionalizado, que en los años 20 del siglo XX promueve y asume el Ayuntamiento, la peculiaridad de esta celebración es que nace desde el pueblo, mucho antes del control estatal, como una especie de competición entre vecinos que acaba en fiesta, compartiendo y entablando relaciones entre personas. Esa es la esencia de la fiesta de los patios cordobeses, la que nunca se debería de perder, la que nunca debió dejar de ser.

1933

Este año, después de cuatro de ellos ausentes de sus recintos por culpa de la injusta turistización (o venta de nuestro patrimonio a la hostelería) de una fiesta tan del pueblo, hemos vuelto a intentar recuperar el disfrute que supone la visita de estos vergeles intramuros que se reparten por el casco viejo de esta milenaria y multicultural ciudad.

Para reducir colapsos innecesarios que mi cerebro no es capaz de relacionar con esta fiesta, hemos decidido evitar los lugares donde las agencias turísticas sueltan a la mayoría de sus clientes, y nos hemos explayado por una zona más alejada, dentro de este enorme casco histórico cordobés, con calles tranquilas e igualmente hermosas, y ambiente sencillo. La barriada de La Magdalena y Regina nos ha ofrecido lo que buscábamos, y allí nos hemos plantado, esperando un feliz reencuentro.

Desde la medieval iglesia de la Magdalena, hemos comenzado la ruta por la calle de Isabel II, donde hemos encontrado dos patios. Debo decir que me ha resultado chocante el tener que retirar tickets (gratuitos) por internet para acceder a los patios, quizás porque se sale de lo que realmente se espera de la relación con la fiesta en sí, pero he de reconocer que la organización ha sido correcta, al menos en esta zona no tan saturada, y los voluntarios han estado a una gran altura humana, con simpatía, ofrecimiento y generosidad. Una vez más, las personas.

En el número 25 de la calle Isabel II, un grupo de japonesas se han deleitado haciéndose fotos en este hermoso patio donde el frescor de sus plantas ha sido imposible meter dentro de la instantánea, por muy digital que ella fuera. A destacar el aroma, la temperatura conseguida y el macetón central con una yuca joven.

Calle Isabel II, 25
Calle abajo (o calle arriba; a saber en esta Córdoba la llana), el "Patio al-Yumn", así llamado por sus dueños, saca los colores almagra de sus marcos de ventanas y puertas a la encalada fachada de dos plantas, y ofrece orgulloso en su interior unos restos cerámicos de épocas pasadas enmarcados en pilastras y arco de medio punto, en una fuente de chorro alegre. En su pórtico se ven unos antiguos capiteles de los que resalta uno de nido de avispa, como los de Madinat al-Zahra.

Calle Isabel II, 1
La calle Isabel II desemboca en el remanso de la Plaza de Regina, un lugar donde el sonido de la fuente y los restos (hoy en restauración) de la iglesia conventual de Regina Coeli, dan al conjunto una peculiaridad poco conocida entre sus ciudadanos. Es un lugar que invita a sentarse y a... escuchar.

Plaza de Regina
Desde aquí a la Plaza de las Tazas solo hay un tiro de piedra, si es que ese tiro de piedra pudiera quebrarse tanto como lo hacen las calles de esta ciudad. Primero a la derecha y después a la izquierda, desde el rincón de la plaza de Regina, y llegas a la de las Tazas, donde un patio de esos que albergan a "los muchos" se autoproclama rey del espacio, un espacio hecho por los vecinos para los vecinos, que han creado un vergel interior con unas plusvalías incalculables.

Plaza de las Tazas, 11
De vuelta a la Plaza de Regina retomamos la ruta por la calle de la Encarnación Agustina y calle del Duque de la Victoria, donde aún se mantiene en parte su palacio (el del duque, digo) hoy casa para nuestros mayores. El patio del número 3 es acogedor y sencillo.

Calle Duque de la Victoria, 3
Siguiendo "pa'bajo" (o pa'rriba, en esta Córdoba la llana) giramos a la izquierda en el cruce, en la calle Gutiérrez de los Ríos, o sea, la calle Almonas, de toda la vida... la de Venancio. Pues eso, que en el número 33 está uno de los patios más recoletos de la ruta. Mantiene una piscina en la parte alta y un patinillo de estancia en la baja, todo muy bien adornado y con una variedad importante de plantas. Puertas de madera y macetones bien cuidados. Poco faltó al dueño para ofrecerse a darnos una tirita para el pie de mi hija, que adolecía de falta de protección contra su zapatilla. Ello nos dio la perfecta excusa para entablar esa conversación que nunca debe quedar atrás en esta fiesta tan peculiar. Mi agradecimiento por lo uno, y por lo otro.
Calle Gutiérrez de los Ríos, 33
De vuelta por la calle Almonas, giramos a la izquierda por la de Fernán Pérez de Oliva, donde aún se mantiene, y si Don Rafael Gómez "Sandokán" (enigmático empresario de la construcción, y aún así, o por eso, concejal de este Excelentísimo Ayuntamiento de esta, la nuestra, hasta hoy, 23/05/15) quiere que siga manteniéndose (pues parece ser que lo compró en su día, cuando fardaba de pasta) el Cine de Verano del Coliseo de San Andrés, un antiguo edificio de los años 30, donde mis padres veían películas de las de su época, y hacían planes de futuro.

Cine de Verano Coliseo San Andrés
Al final de la calle de los Villalones asoman sobre los tejados los dos "ojos" de los arcos que forman el ajimez del mirador del Palacio de los Orive, primorosa obra renacentista de la familia de arquitectos de los Hernán Ruíz, "primo-hermano" del salmantino Palacio de Monterrey, aunque con dimensiones muy distintas.

Calle de los Villalones, con el Palacio de Orive al fondo.
Bien merece la pena echar un vistazo a su elegante fachada antes de entrar en su patio, fuera del concurso, pero preparado para poder descansar adecuadamente después de unas horas de "andurreo" por la ciudad.

Fachada principal del Palacio de los Orive (siglo XVI)
Patio de descanso del Palacio Orive, aún vacío.
Dejando atrás el Palacio de los Orive, saltamos a la calle de San Pablo, la antigua Vía Augusta que nos conectaba con Roma, y quebrando a la izquierda primero y a la derecha después, nos encontramos con la pared del convento de Santa Marta, ese gran desconocido por la mayoría de cordobeses, debido a que sus inquilinas son de clausura, y solo lo abren de vez en vez.

Pared encalada del convento de Santa Marta
Hoy hemos tenido suerte, y lo han abierto, no sé si para aportar algo a la fiesta con su recoleto claustro, o simplemente así me lo quiero creer yo. El caso es que hemos aprovechado para deleitarnos con otra hermosa fachada renacentista, también de los Hernán Ruíz, y respirar el aroma de los naranjos del patio.

Patio del convento de Santa Marta y portada de la iglesia, del siglo XVI.
La tranquilidad y el sosiego de la mañana primaveral solo es roto por el sonido de nuestros pasos sobre el pavimento de bolo cordobés, y los pistones quemando gasolina del buga de ese vecino que aún le tienen permitido llegar hasta su casa. Bueno sí: también el del retumbar de la voz del voluntario del patio del número 4 de la calle Conde de Arenales, que con el máximo de simpatía, y al mismo tiempo de rigor, hace saber al turisteo de turno que el patio no es lo suficientemente grande para todos, y que para disfrutarlo hay que hacer una pequeña parada. Su trabajo nos permite ver convenientemente el patio, pues de otro modo no habría sido posible.

El azulejo bien cuidado, y la combinación entre verdes y diferentes tonos rosados son de un acierto total. Un patio pequeñito, pero al mismo tiempo con grandes cualidades. Me ha gustado mucho.

Calle Conde de Arenales, 4.
Volviendo sobre nuestros pasos, nos adentramos en otra de esas discretas calles que pocos turistas recorren salvo en estas fechas, y que nos dan alegrías a la vista, a los aromas, e incluso a los sonidos, quizás más por la falta de estos últimos.

Sin saberlo de antemano, nos hemos encontrado que el patio ganador de este año ha sido este que hemos encontrado en la calle de Pedro Fernández, y donde hemos visto a su dueña, pletórica de alegría por su trabajo, organizando al personal que se empezaba a atascar en la puerta, creando un recorrido interno para un mejor funcionamiento del orden de entrada y salida.

Calle Pedro Fernández, nº 6. Entrada a la casa del patio.

Ha sido, posiblemente, el patio que peor hemos podido disfrutar, pues es entendible que estuviera más colapsado de turistas y paisanos. A destacar en él su variedad floral, y su enorme trabajo, que abarca unos cuantos de años. Merecido, sin duda, un premio a la lealtad con esta ciudad.

Calle Pedro Fernández, nº 6. Primer premio año 2015.
Al salir de este hermoso patio, a la derecha, bajando (o quizás subiendo, en esta llana ciudad), se encuentra uno con una de esas calles que agradece no esté en los circuitos de turistas que todo lo invaden, y todo lo globalizan. De la calle Cidros no destaca su histórico caserío, pues muy posiblemente no queden ya casas de siglos pasados, con portadas "nobles" con leyendas aterradoras, ni famosos vecinos en las artes o en las guerras, que la destaquen entre las demás. Su subsuelo posiblemente mantendrá grandes historias por descubrir, pero pasarán decenas de años hasta saber. Mas al pasar por ella, la luz, el color, el aroma, y la discreción, la hacen especial. En esa discreción está su mayor valor.

Calle Cidros
Una vez desembocados en el Realejo, llamado así por ser el lugar donde el rey castellano Fernando III "Cortacabezas" (santo, según la Iglesia Católica) colocó su campamento en el sitio a la ciudad en 1236, aún ya estando dentro de ella, nos desviamos por la primigenia Vía Augusta (después esta la cambiaron por la actual Santa María de Gracia), metiéndonos por la calle Abéjar, y dos calles más para adelante, a la izquierda, la calle Pedro Verdugo guarda en su número 8 un patio muy recoleto, discreto y coqueto. Un mini-patio muy peculiar. Espero que hayan recogido su correspondiente subvención, diploma y demás, pues de todo habrá de haber en "las viñas del Señor". ¡Ánimo!

Calle Pedro Verdugo, nº 8.
En la Plaza del Manzano nos abraza el sol de la una. Ese que en Córdoba se vuelve ardoroso. Camino del último patio en concurso de la ruta elegida, una callejuela sin nombre te lleva hasta el portón de una hermandad de Semana Santa, casi sin remedio.

Calleja entre Plaza del Manzano y Calle Escañuela
En la calle de la Escañuela, donde hace siglos se hacinaban los pobres del barrio de San Lorenzo; donde se abría en la muralla un portillo que servía para extraperlar artículos necesarios sin necesidad de pasar por las aduanas de las puertas medievales; por donde se escapaban los arroyos de San Lorenzo y de San Andrés arrastrando tras de sí inmundicias y ratas,... Allí, en ese espacio, se encuentra un lugar que, ora es cruz de mayo, ora es patio, y siempre es lugar de encuentro de personas que sienten la necesidad de ser solidarios con la injusticia social que el mundo lleva a cabo en la población saharaui, bajo el auspicio de leyes internacionales incomprensibles que provocan el sufrimiento de los más débiles.

Allí tiene su sede la Asociación de Amigos de los Niños Saharauis, que promueve la relación de esos niños con familias de España.

Su patio (y su cruz de mayo) la recuerdo desde hace muchos años, y ahí siguen, aportando con ilusión su solidaridad con los más desfavorecidos, y a la ciudad su estética. Han pasado los años, y sus integrantes ya peinan canas, sus barrigas se han hecho bajas, usan gafas y las arrugas roturan sus caras, pero su ilusión es exactamente la misma. El último patio de nuestra ruta tiene, afortunadamente, un sentimiento humano que lo convierte en el mejor de ellos.

Calle Escañuela, 3. Asociación Amigos de los Niños Saharauis.
A tiro de piedra de la puerta de este patio, la mole de la iglesia de San Lorenzo, posiblemente la iglesia medieval de más valor arquitectónico de Córdoba, alza su torreón renacentista sobre el primer cuerpo del alminar de la mezquita de al-Mugira, y su torreón culmina la obra gótico-renacentista de la época.

Iglesia de San Lorenzo desde la calle Escañuela
Por la calle de María Auxiliadora los coches tienen más prioridad, y las aceras son más un refugio que un lugar de paso. A la izquierda, dirección al Alpargate, en la calle del Trueque, se abre la puerta de la casa número 4 (el patio de Carmela), un patio que durante muchos años fue parte del concurso pero que la muerte de sus dueños ha hecho que el Ayuntamiento se haga cargo del edificio, lo haya restaurado y lo prepare para ser sede del Museo de Interpretación de los Patios Cordobeses, algo que no me parece mal, si no cae en el folklorismo fácil, y resalta los valores de relaciones personales que implica la fiesta desde su inicio. Estaremos atentos.

Calle del Trueque, nº 4
La hora de "los molletes" ha llegado, y no hay bicho viviente que no tenga "gazuza" y al que el estómago no le haga "chiribiquis", así que, no lejos de aquí, afortunadamente, encontramos un lugar histórico en el que te dan bien de comer, a un precio... en fin,... a un precio. Y un rápido servicio.

Taberna de la Sociedad de Plateros
Berenjenas, calamares, chanquetes, bacalao, boquerones,...

La Plaza del Alpargate, no lejos de allí, enseña su fuente recién restaurada como parte de lo que fuera la Puerta de Plasencia.

Plaza del Alpargate, con su fuente barroca y la iglesia de los Padres de Gracia (Rescatado)
La fiesta de los Patios de Córdoba ha tenido durante muchos años esa propia identidad que la ha diferenciado del resto de celebraciones que nos rodean: semanas santas grandilocuentes, ferias de casetas cerradas al público general, mascletás que no se soportan ni ellas mismas, sanfermines con calles llenas de vómitos y tetas color rioja... Si vamos a convertir nuestra fiesta popular en algo turistizado de tal forma que no la pueda disfrutar el pueblo que la creó, yo no participo.

Quiero que la fiesta de los Patios de Córdoba vuelva a ser la fiesta que nunca debió dejar de ser.

Supongo que ya es demasiado tarde.

Supongo que lo que yo quiera a nadie le importará ya.

Supongo que todo está perdido.

Feliz Flamenquín.

Detalle patio calle Pedro Fernández, nº 6. Ganador concurso 2015

domingo, 25 de enero de 2015

Ἕλαδε

El Partenón, el origen de la civilización occidental
Creta trajo el arte y el comercio, en competencia con fenicios y egipcios. La filosofía se expandía y el conocimiento se deseaba. La organización del territorio se convertía en necesidad. En el continente, y en las costas del Egeo, sus habitantes reclamaban derechos a cambio de compromisos con la sociedad. Los sabios analizaban las consecuencias y se deleitaban con sus conclusiones. Los pudientes temían los resultados, y se agarraban a sus premisas religiosas para transmitir miedos e incertidumbres. Ellos siempre se sentían solos. A cambio de seguridad prometían recursos infinitos, pero los libertos no les creían, no se fiaban... querían cambiar el universo, si preciso fuera, aunque el universo fuera tan grande como el pecho de Ulises.

A pesar de los hoplitas, que ocupaban los foros y ágoras, las polis se fueron organizando, admitiendo fratrias y genos a su vera sin ningún compromiso o afección. Pensadores como Platón o Aristóteles, padres de las conclusiones más antiguas de occidente, corroboran las nuevas formas organizativas de los estados y ciudades. Las demos participativas, los plebiscitos vinculantes, la república o gobierno de la ley. Todo nace aquí, en Hellas, en Atenas y Esparta, Olimpia y Corinto. Los romanos seguirán con adoración aquella cultura, su forma organizativa y su arte, y la desarrollarán durante siglos para disfrute-sufrimiento de parte y de mucha de su gente. Fue la base de una nueva forma de organizar su mundo. En Hélade, en Hellas, en Ἕλαδε se formó una forma de ver la vida y de ser parte de ella.

Entonces faltaba mucho para que los bárbaros del norte tomaran las riendas de occidente, aquellos para los que lo más parecido a disfrutar era irse al catre hediendo a cebada fermentada y sentir el calor de la piel de esa rata que no tiene acceso a ninguna cloaca, porque sencillamente no existe (la cloaca). Y después de babear en ese catre hecho de paja, amanecía en una limpia mañana de Berlín, cubierta de nieve sucia, sin ninguna duda, y decidía lo mal y lo menos mal que debían pasarlo aquellos que le enseñaron a ser lo que pudo ser, y sobre todo, a pensar lo que mejor podía ser para todos, en aquel paraíso pegado al Mediterráneo.

Hoy, los babosos bárbaros del norte, tiemblan pensando qué será de ellos cuando todo se cumpla. Hoy, Platón y Aristóteles, sonríen desde el Olimpo, como dioses reconocidos, esperando la respuesta del siempre soberano pueblo de Hélade, que desde Atenas, su más hermosa ciudad, proclama tiempos de cambio a todo el ámbito del Mediterráneo, con la esperanza de un mundo mejor.

Tres mil años después, la ilusión sigue siendo la misma.


sábado, 10 de enero de 2015

La cotidianidad del horror

Él es bienvenido, así como sus profetas protegidos.
Él es siempre bienvenido, así como lo son sus profetas, por nosotros protegidos. Ellos, los profetas, nos guían y dirigen, nos enseñan el camino y nos enfrentan a nuestros miedos y satisfacciones, con la energía de las bienaventuranzas y el disfrute de los bienestares, sin más motivación que sus grandes verdades.

Un profeta contando "verdades"
Estómagos satisfechos y conciencias autocomplacidas que desovan pecados redimidos, ante la inapetencia al desorden y el miedo a lo desconocido, si no por lo conocido: son ellos... cuando entienden el poder que sus proclamas dejan en sus manos, se adueñan de ellas, las ponen en venta y se hacen garantes de almas, y de cuerpos, y de instintos. Es entonces cuando todo acaba para sus súbditos, a los que ya nada les pertenece, pues la jerarquía Él-Profeta-Estómagosatisfecho dirige sus sentimientos, dejándolo todo plano: morir, matar, gozar, sufrir, sobrevivir, queda en un mismo y único espacio, un espacio unidimensional en relación con su propio espíritu y su propia alma, es decir, con sus sentimientos. Todo ha muerto. Todo se pierde: no existe la justicia, la razón, la solidaridad, la lógica, lo simple y llano... el mirar, el oír, el oler, el tocar, el degustar... ¡no! porque eso es debilidad. El Profeta (todo profeta) habla en voz de Él, y solo cabe asentir.

Solo cabe asentir
Hay tantos momentos duros en la Historia de la Humanidad que están llenos de tanto horror suscitado por esta extraña forma de ver la vida,.. como los sacrificios humanos en el ara para los dioses; la antropofagia; la quema de brujas y herejes por la Inquisición; la lapidación actual por parte de los talibán; la crucifixión; la ablación o pérdida del control sexual de la mujer, aún hoy en vigor en parte del planeta; la negación a la pluralidad humana; el derecho a la libertad de las mujeres; el odio a la homosexualidad; la disidencia de la laicidad;...la incompresión del caos...

Lapidación en Afganistán
Dirigidos por privilegiados cuerpos en extrañas mentes, los borregos y cabritillos siguen la voz de sus pastores con displisencia y adoración, sudando sangre y vomitando odio, mientras sus piernas tiemblan de miedo y sus esfínteres se aflojan y desbocan sus interioridades. Pero eso es lo de menos. Hoy hay que matar por el Profeta, o por Él...

Y en su nombre, así fue... una vez más.

Por el Profeta... y por Él.
Tras lo ocurrido en el corazón de Europa, parece que  lo mismo dan los miles de muertos en Irak por esa guerra maldita proclamada por el mismísimo Demonio y defendida por sus Ángeles de la Muerte, que los cristianos decapitados en Siria por el infame Ejército Islámico, los torturados en Guantánamo por el Imperio, los humillados palestinos y saharianos por Sión y la Desvergüenza, los masacrados en Somalia por piratas de agua y piratas políticos, los derribados en Ucrania por "unos" y por "otros", los vejados en Corea del Norte o Yemen por la ley de la idiotez, o los cientos de inmigrantes que no llegan a tierra firme, su única esperanza para sobrevivir, porque se lo impiden las barreras de la insolidaridad y de la prepotencia europea. Ya no hay motivos sociales para abrir los brazos, sino naZionales raZones para "cerrar el culo" con orgullo. Hoy quizás, después de lo de París, con más excusas rondando las mentes de los europeos; un gran favor para los partidarios de la cerrazón.

Guerra de Irak
En solidaridad con aquellos que perdieron la vida defendiendo valores humanísticos, de libertad, igualdad y fraternidad, en el último atentado en la indolente Europa, y que ha tocado sus más entrañables vísceras, yo me adhiero a su homenaje, ¿cómo no?, y me lamento de la estupidez del ser humano. Pero no sin olvidar a aquellos que llevan tantos años sufriendo, sin explicaciones lógicas o sensatas, o con grandes aspavientos rasgando camisas y llorando como plañideras. Cientos y miles cada día, obviados por culpa de la cotidianidad del horror en la que estamos sumidos, y la más absoluta y rutinaria indiferencia que nos anestesia.

Saldo de la Guerra de Irak (aún con secuelas)

Es momento de comprender. No dejemos escapar esta oportunidad.




domingo, 16 de noviembre de 2014

La tregua de la Navidad de 1914

El "The Daily Mirror" da la noticia de la tregua no negociada.
Hace ahora cien años del inicio de una de las más cruentas guerras, si es que pueden existir baremos de comparación entre ellas, que asolaron la Tierra. Es oportuno recordar los motivos de su inicio, hora de diseccionar el desarrollo de sus operaciones militares, de recontar los millones de vidas inanemente exterminadas, de revivir momentos espeluznantes, de intentar reconstruir lugares desaparecidos bajo las bombas y la tierra por ellas removida, de rememorar instantes dolorosos de esa tragicomedia en la que participaron actores en su gran mayoría involuntarios. Es, desde luego, el momento de no olvidar... ¡de no olvidar jamás!

De todas las celebraciones que por este motivo se han ido sucediendo en el mundo, y que van a seguir haciéndolo muy probablemente hasta el próximo año de 2018 en relación a esta Primera Guerra Mundial (1914-1918), yo me voy a quedar con el recuerdo de una madrugada especial en la que el sentido común que realmente subyace en el interior del ser humano provocó uno de esos inolvidables y entrañables momentos que espontáneamente surgen cuando menos se esperan, en un lugar donde hasta la luz de la luna da miedo, y cuando solo se aspira con ilusión verla desaparecer a cambio del calor del renaciente sol en el alba.

Me refiero a la conocida como "Tregua de la Navidad de 1914". Una tregua no anunciada, que surgió de forma espontanea entre los soldados del frente de Ypres, Bridoux-Rouge (actual frontera Francia-Bélgica; localidad más cercana: Frelinghien, Francia)

Lugar del acontecimiento (1)
Lugar del acontecimiento (2)

Quizás el sitio donde ocurren los hechos de la Historia en general es lo de menos, ya que lo importante son las personas, sus sentimientos y sus vivencias, pero olvidar el entorno puede llegar a ser también injusto, pues el lugar en sí puede ser influyente en las propias personas, es decir, en la propia Historia.

La Belle Epoque

El mundo, ese mundo lamentablemente solo reconocido en su versión denominada "occidental"... prepotente, absorbente, indecente... víctima de su propio egocentrismo y de su ambición, se inventa, cuando menos lo necesitaba, una guerra que habrá de llevar a la más mísera de las miserias a millones de seres humanos, por la demostración de poder y los nacionalismos que tanta crueldad han traído, y seguirán haciéndolo, al resto de la humanidad.

Todas las naciones europeas vivían de una austeridad económica jamás antes disfrutada, salvo España, que como siempre, y aún hoy, seguía en manos de sus caciques y sus señoritos y sus terratenientes, que eran (y son) los que marcaban las pautas de supervivencia. Mientras en España las clases obreras y sus agricultores se morían de hambre y cansancio, en el resto de Europa la nueva clase científica y humanística investigaba en aeronáutica, medicina y astronomía, repuntaba en filosofía y en física cuántica, reducía el analfabetismo, creaba la cátedra de economía, y sus licenciados salían de la universidad aportando sus conocimientos a la revolución industrial que se llevaba gestando desde finales del XIX. En las empresas creadas surge el sindicalismo, la lucha por la igualdad, se ordenan derechos laborales...en fin, lo lógico.

En España, mientras tanto, la clase pudiente sigue yendo a misa todos los domingos, por si acaso, y al país se le escapa el tren de la oportunidad. Bueno, ya hay quien se ocupa de que ese tren no pare en nuestra estación.

La Revolución Industrial europea.
A pesar de todo, surge la guerra. Por un poco más de lo que tengo, por un quíteme usted de ahí esas pajas, por un dígame o un direte de cualquier estupidez, por demostrar lo que soy, o creo ser ante usted, o porque todo me importa poco, pues ya tengo de sobra. Ahí estoy yo, el primero, con mi escopeta, defendiendo lo que mis jefes (que por cierto, duermen todos los días en cama caliente, y cenan, y desayunan) digan o pretendan decir.

Se declara la guerra.

Mapa de la Primera Guerra Mundial

España se hace neutral, quizás porque nadie hubiera sido capaz de explicar por qué habría de entrar en esta guerra, y que alguien lo entendiera. (¿cómo lo iban a defender los curas en sus púlpitos?) O quizás porque bastante tenían los españoles con trabajar para sus terratenientes.

España se aprovecha de la guerra... Bueno, más bien sus señoritos, que se hacen más poderosos por las necesidades del resto de Europa. Todo redundará en... ¡No! ¡No redundará en nada!

Pues eso.

Con todo a favor; con una educación generalizada, investigación en marcha, sanidad en expansión, filosofía pluralizada, acceso a vivienda y alimentación asegurada (o casi), trabajo remunerado y ordenado, cultura y ocio en crecimiento,... (salvo España, recuerden)... ¿A quién se le ocurre provocar una guerra?

A los nacionalismos de turno.

A los serbios, a los prusianos, a los gabachos, a los rusos, a los tommies, a los poilus, a los fritzs, a los italianos, a los moros, a los vikingos, a los húngaros, a los búlgaros, a los austríacos, a los bohemios, a los bosnios, a los transilvanos, a los belgas, a los polacos...

¡Ea!: La Primera Guerra Mundial.

Diez millones de muertos.
Veinte millones de damnificados.
Ocho millones de desaparecidos

La Primera Gran Locura Mundial.

La Primera Gran Locura Mundial
Tras cada batalla los soldados que han sobrevivido y no están heridos se agrupan en sus trincheras, se arropan con mantas compartidas que mantienen el calor del compañero, se reparten los cigarrillos y los chupitos de whisky, las galletas y las onzas de chocolate. Se ríen de sus propios chistes y se lamentan de sus desgracias. Cantan canciones de sus pueblos y rezan a sus dioses que les olvidaron, sin saber por qué lo hicieron. Comparten lejanos idilios con sus esposas y novias, y algunos se sonrojan con el recuerdo de aquella lujuriosa noche jamás olvidada, anhelada, y posiblemente irrepetible. Nadie olvida su lugar de origen, su nido, su casa. Todos se preguntan qué hacen allí, y nadie les responde... ni siquiera ese dios a quien lanzó su última plegaria aquel soldado que, resuelto en sobrevivir entre cadáveres de sus compañeros, abrió la boca y alzó la vista esperanzado en que su último aliento se alimentara de las divinas alturas... todo fue en vano, pero aquel soldado murió repleto de generosidad, murió sin saber que su aportación a la Humanidad fue haber salvado a aquella niña desprotegida que el enemigo dejó en el frente, y que él protegió. Al cabo, aquella niña se hizo mujer, y parió cuatro nuevas vidas que hicieron a la Humanidad ser más humana.

Él nunca lo vio... pero ella nunca le olvidó.

Fotos de la Primera Guerra Mundial

Nadie, absolutamente nadie, ni de un bando ni de otro, pensaba que iba a pasar aquella Navidad de 1914 aún en guerra, comenzada esta en un 28 de julio. Unos porque ni siquiera se lo planteaban y otros porque, una vez comenzaba la guerra, se pensaban que aquello era solo un paseo militar, una especie de demostración testosteroniana de la capacidad de cada bando, especialmente el nuestro. Sí, el nacionalmente nuestro.

Si ahora nos paramos a desmenuzar las operaciones militares de unos y otros, en pos de la Historia, nos perderíamos en cientos y cientos de páginas y en miles y miles de palabras, puntos, comas, punticomas, dospuntos, interrogaciones, exclamaciones, aféresis, subrayados, mayúsculas, minúsculas, y etcéteras y etcéteras. Así que, y a lo que voy, me paro en lo que desde este momento importa: el ser humano.

Todos los humanos pensamos que lo importante de todo es ese ser humano, pero nadie, o muy pocos, hacen, o hacemos, por llevarlo a cabo tal cual debería ser.

Ese ser humano perdido.
En aquella situación, ninguno ganaba o perdía. El frente, ese lugar con alambradas y trincheras a un lado y al otro, separados por unos cientos de metros, lo suficientemente adecuados para tenerse controlados, tanto en vista como en oído, como lo suficientemente lejanos para asegurarse la subsistencia, se extendía desde las playas del Canal de la Mancha, hasta bien entrados los bosques de las Árdenas.

En el entorno de un lugar llamado Frelinghien, en la frontera entre Francia y Bélgica, dentro del territorio de aquella, si es que en aquellos momentos de tensión los territorios fronteras tuvieran, surge un movimiento que, visto el lugar, el momento y su influencia, habrá que dar de hablar a las retaguardias y a los centros de inteligencia de cada uno de los bandos. De repente todo se hace humano, y todo aquello que alimentaba aquella guerra, desaparece.

Al cabo, los "birds of one feather" de uno y otro bando, refutan el acto en el acto, revuelven sus tripas (algunos vomitan en sus propios pies), llaman a consultas a sus oficiales, celebran consejos de guerra, se investigan implicados, se procura oscurecer lo ocurrido... partes de guerra, fotos, dichos, información de prensa...Todo se intenta esconder a la opinión pública. Tamaña traición a la patria no puede quedar indemne.

La tregua no declarada.
Hay muchos escritos sobre el tema. Yo me voy a guiar por el extraordinario libro de Juan Eslava Galán, "La Primera Guerra Mundial contada para escépticos" (Planeta, 2014) Un libro que es capaz de contar con sentido del humor, aunque sin olvidar la parte crítica, uno de los momentos más críticos de la Humanidad.

Al parecer, la Nochebuena de ese año provoca en el frente cambios de actitud. Desde el lado alemán llega cortando la noche el sonido del villancico "Noche de Paz" (en alemán, "Stille nacht, heilige nacht"), cantado desde una trinchera sembrada de arbolillos de Navidad. Tras él los alemanes continúan con "Morgen, kinder, wird's was geben" y el pique provoca a los galeses en el lado inglés, que entonan con solemnidad su "The boar's head carol" llenándolo todo de nostalgia. Británicos y alemanes han dejado ya de ser soldados (si es que algún día lo fueron) para volver a ser personas (si es que algún día dejaron de serlo), y el nudo de la garganta no impide pasar la noche  compartiendo villancicos de trinchera a trinchera, de lado a lado.

Una vez acabada la noche, el alba hace brillar el rocío y la escarcha en el yelmo terreno que separa ambas trincheras, mientras el sonido de los villancicos de unos y otros aún retumba en colinas y bosques.

Desde la trinchera alemana, un soldado... o más bien una persona..., con un trapo blanco en la punta de un palo, abandona su línea amiga para dirigirse a la línea enemiga, con afán aún desconocido por los habitantes de la "arruga" británica, que reaccionan tornando a sus posiciones y apuntando con sus escopetas al individuo que se acerca. "Nadie debe fiarse de un fritz", recuerdan algunos las lecciones de sus "superiores", y quedan en alerta, hasta que se dan cuenta de que lo que realmente quiere el alemán es abrir paso a un paréntesis necesario entre tanto dolor, tanto sufrimiento, tanto esfuerzo, tanta pena, ¡tanta gilipollez!

Los británicos tardan en entender el mensaje, pero al fin se atreven, y salen de sus agujeros, palo y trapo blanco en mano, hacia el lugar donde se ha detenido el teutón, y observan cómo desde el otro lado, también les imitan. Ya las trincheras se van quedando vacías para reunirse en el centro de esos cientos de metros que les separan. Se miran, se hablan sin entenderse, se dan la mano y se abrazan. Se tocan, al fin. Se desean lo mejor y ríen, sí, ríen y ríen.

Se tocan, al fin.
Comparten salchichas alemanas, whisky escocés, chocolate belga, cigarrillos turcos. No se entienden hablando, lo hace por gestos, por sus risas, por sus miradas... Vuelven a ser personas.

La mañana se ha hecho dueña de la situación y el sol juega al escondite entre las nubes.

Ahora, los soldados-personas están jugando al fútbol en un terreno donde los cascotes de las vainas de obuses hacen impracticable el "terreno de juego" y las porterías están hechas con los restos de un tanque.

Partido de fútbol: británicos contra alemanes (frente de Ypres 1914)
Treinta contra treinta. El partido de fútbol se hace corto. Es el momento de aprovechar para llevarse a sus muertos tras la trinchera. Algunos de esos muertos ya no se pueden coger porque se deshacen. Da pena. Todo ha acabado. "Menos mal que el año que viene ya todo será un recuerdo", piensan muchos.

Los "jefes" están escandalizados por los hechos, y además hay fotos, cuentos, historias... "Esto no se puede permitir, es una traición a la patria. Urge tomar medidas..."

A continuación un párrafo del libro antes referenciado, y que me ha llamado especialmente la atención por lo injusto de los hechos: "Se confiscan las fotos que tomaron los soldados para perpetuar el acontecimiento (aunque alguna se filtrará a la prensa); se censuran las cartas de los que cuentan a la familia lo ocurrido el día de Navidad. Borremos este episodio, que constituye un baldón del historial del regimiento".