Mostrando entradas con la etiqueta Historia Moderna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia Moderna. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de agosto de 2012

La elegancia de Florencia

Entrada al Palacio Vecchio, con la copia del David de Miguel Ángel  y  Hércules y Caco (Bandinelli)
Si Venecia es la originalidad y el estilismo, y Roma la espectacularidad y monumentalidad, Florencia es, sin duda, la elegancia y el buen gusto. Una ciudad cuyo nombre se relaciona con las flores no podía estar "vestida" de otro modo, y así parecen haberlo entendido quienes la habitaron desde la época etrusca hasta nuestros días.

Comienzo aquí mi tercera (y aún no sé si última) entrega de mi viaje a Italia de este mes de agosto, rindiendo homenaje a una ciudad con un decorado renacentista que abruma y que guarda celosamente grandes obras del arte universal: Florencia.



Botticelli, Donatello, Miguel Ángel, Bruneleschi, Della Francesca, Da Vinci, Giambologna, Bramante, Lippi, Sansovino, Ricci, Giotto, Rafael, Della Porta, Giovannozzi, Pollaiolo,... grandes artistas que han dejado sus obras repartidas por las calles y plazas de la ciudad, y por los interiores de iglesias y palacios, hoy felizmente visitables, eso sí, a cambio de "unos" euros y alguna que otra cola de espera. También pensadores y escritores como Boccaccio, Galileo, Dante o Maquiavelo tienen su hueco en esta ciudad que rezuma cultura por los cuatro costados. Algunos de estos personajes han querido quedarse en ella para siempre y hoy duermen dentro de la Iglesia de la Santa Croce, con su pijama pétreo.

Nave principal de la iglesia de la Santa Cruz.
Pero quiero insistir en lo que más me ha llamado la atención: su elegancia, buen gusto y renacimiento puro, tanto del trazado de sus calles como de los edificios que la componen. Es decir, el urbanismo exterior de un casco histórico que, salvo algunas vías entre  los puentes Viejo y de la Trinidad, suelen ser calles no demasiado estrechas ni cortas, que permiten una visión del caserío que se asoma mostrando composiciones de fachadas ordenadas bajo las premisas de la arquitectura clásica, simétricas, compuestas por pilastras, ventanas con frontón, molduras y medallones. Plazas compuestas por logias, columnatas que soportan sencillas bóvedas de cañón y que asoman al exterior mediante arcos de medio punto con casetones decorativos y grutescos alusivos, como en la Plaza de la Annunziata.


Desde la Plaza de la Señoría, dirección al sur, hacia el río Arno, se pasa por una calle donde la Galería de los Uffizi, repleta en su interior de obras de arte, ofrece una fachada a ambos lados a modo de pasadizo que resulta tremenda a la vista con sus columnas de orden toscano sosteniendo la armónica fachada, rematada con un arco que sirve de puente entre ambas aceras, y que da acceso a la ribera florentina. Una obra maestra del nuevo estilo artístico surgido en esta ciudad.

Palacio de los Uffizi, pasadizo entre fachadas.
Pero no solo del Renacimiento se nutre Florencia. Ya anteriormente, y con un aspecto más medieval, se encuentra a pocos pasos el Palacio Vecchio, sede de la República Florentina en el siglo XV, y posteriormente palacio ducal. Su aspecto de fortaleza nos retrotrae a momentos donde era importante estar "al loro" de lo que se acercase, y preparado para su defensa. Por algo sería.

Palacio Vecchio (S.XIII-XIV)
La torre, llamada de Arnolfo por haber sido ordenada a construir por Arnolfo di Cambio, tiene sobre su coronamiento una estancia desde donde se observa la ciudad en sus cuatro lados. Eso sí, para llegar allí hay que subir cuatrocientos-y-pico escalones por una escalera que a veces se estrecha tanto que dos personas no pueden pasar sin tener que pegarse a la pared, y a la escasez de oxígeno por el propio esfuerzo, se une el olor humano del sudor propio y del japonés ese que esta mañana olvidó ponerse el desodorante correspondiente, o simplemente cambiarse a tiempo los calcetines.

Bueno, uno siempre llega a la más alta torre del más alto castillo, y desde allí vislumbra las mejores imágenes del lugar que se visita (hay que ver la manía que tiene la gente de "montarse" en los monumentos, cuando en la mayoría de los casos están hechos para ser vistos desde abajo: en fin, ¡cualquiera decía que no a mi hijo!)

Vistas de la Catedral y su entorno desde la torre del Palacio Vecchio.
Palacio Bargello y Sinagoga (al fondo) y su entorno, desde el Palacio Vecchio.
Después de semejante esfuerzo, conviene refrescarse en las aguas del Arno, aunque solo sea desde su orilla, observando el Puente Vecchio (Puente Viejo), donde se "cuelgan" diminutas tiendas que un día fueron carnicerías y pescaderías, pero que la cercanía del Palacio Pitti (que fue sede real) hizo que las convirtieran en joyerías, para evitar el olor que molestaba "A Sus Majestades" Mira tú por dónde...

Ponte Vecchio (Puente Viejo) y sus joyerías "colgantes"
No me apetece poner fotos de esas joyerías que ocupan el puente, ni de los turistas, haciéndose fotos "de glamour" junto a sus escaparates, pero sí les voy a ofrecer una imagen del Puente de la Trinitá desde uno de estos balcones.

Puente de la Trinitá, visto desde al Puente Vecchio
No lejos de allí se llega al Palacio Pitti, lugar donde se guardan grandes obras de arte, y casa que fuera de nobles, reyes y demás... ¿?... no me sale la palabra... Lo primero que llama la atención es su fachada, de grandes dimensiones, de grandes piedras, y de grandes extensiones. Esto sí que es una plaza dura, sin un arbolito o brizna de césped donde refrescar los pies... y a cuarenta grados (luego nos quejamos en Córdoba)

Plaza del Palacio Pitti... Ni un árbol, ni una flor,... y 40º C.
Dentro de él, después de pasar salas y salas hermosísimas y repletas de obras de arte, se llega a un jardín de estilo italiano, que más que refrescar, era lugar donde las chicharras chillaban hasta reventar. Bueno, las vistas, tanto del jardín como de la ciudad, merecen la pena, y con agua todo se alivia.

Jardines del Palacio Pitti
Vistas de la ciudad de Florencia desde los jardines del Palacio Pitti.
Por cierto, que las chicharras cantan distinto a las de aquí: será por lo de la ópera... :))

He dejado para el final la catedral de la ciudad, denominada Santa María del Fiore (de las Flores) Un hermoso nombre para un hermoso lugar. Una construcción del siglo XIV, con un interior muy austero, pero una cúpula que la ha hecho famosa (realizada por Brunelleschi), y una fachada forrada de mármoles de color blanco, verde y rosa, que han marcado tendencia en la ciudad en otras iglesias. Su visión es espectacular al atardecer...

Santa María di Fiori al atardecer
...y por la mañana...

Santa María di Fiori por la mañana.
... la visión de su cúpula desde su campanario (separado del templo por una calle), y que costó otros cuatrocientos-y-pico escalones, es impresionante...

Cúpula de la catedral desde el campanario.
...y frente a su fachada principal, el Baptisterio le hace competencia...

Baptisterio, frente a la fachada principal de la catedral.
La mole que compone el conjunto carece de adjetivos... ¡Qué pena que las fotos tengan unos límites!

Conjunto catedralicio al atardecer.
Es posible que quienes hayan seguido mis entradas anteriores sobre Venecia y Roma, hayan notado que en esta haya puesto más fotos y videos que en las antes dichas. Es posible, sí,... porque personalmente esta ciudad me ha recordado más a la mía; Córdoba. Y ustedes se preguntarán ¿por qué? si no se parecen. Pues se equivocan. Florencia está rodeada de una sierra de monte bajo mediterráneo, como Córdoba. A Florencia le abraza un río de colores parecidos, como a Córdoba. Florencia fue la ciudad más importante de la Península Itálica en el siglo XV, como Córdoba durante los siglos medievales en la Ibérica. En Florencia surgió el arte del Renacimiento, y en Córdoba hubo un Renacimiento cultural en el siglo X, y nació el arte andalusí. Si Florencia tiene calles y plazas anchas, Córdoba las tiene estrechas y de fachadas sencillas. El florentino tiene un carácter muy parecido al cordobés; indolente, alejado de chulerías y prepotencias romanas y de malafollás venecianas. La única diferencia es que Florencia mantiene muchas de sus obras de arte para mostrarlas al mundo, y a Córdoba se las quitaron; ¿quiénes y cuándo?, no lo voy a decir.

Me gusta la elegante Florencia porque me siento como en casa.




martes, 21 de agosto de 2012

Venecia, ¡una ciudad sin ruedas!

Gran Canal de Venecia
¿Conocen ustedes alguna ciudad en la que los peatones no crucen las calles por lugares distintos a los pasos peatonales? ¿Conocen ustedes alguna ciudad donde los semáforos no existen? ¿Conocen ustedes alguna ciudad donde los vehículos con ruedas no se vean por ningún sitio? ¿Conocen ustedes alguna ciudad donde el primer paso que das saliendo del portal de tu casa es imposible darlo, salvo con el equipo o el medio de transporte adecuado?

Yo sí; se llama Venecia, al norte de Italia, en el Veneto, y además de esto, que es posible que ocurra en otras ciudades del mundo, esta ciudad reúne en su caserío la hermosura del renacimiento y del diseño italiano, por lo que la hace especialmente especial. Su originalidad (al menos su casco histórico) es abrumadora, y es uno de esos lugares y paisajes que uno no termina de hartarse de mirar y observar.

Gran Canal de Venecia. La gran avenida de la ciudad.
Las respuestas a las preguntas del principio de mi entrada son muy simples: Los peatones pasan todos por los pasos peatonales porque allí no hay líneas de cebra pintadas en el asfalto, sino puentes, así que, o pasas por ellos o te vas al agua; los semáforos no existen porque las reglas que priman son las de la mar, o sea, el sentido común; los vehículos con ruedas no tienen sentido en una ciudad donde los puentes que cruzan las calles están formados por escaleras (malamente diseñados para personas con discapacidad móvil); y por último, muchas de las casas y palacios se asoman a los canales sin más piso fijo que el agua verdosa, y no muy limpia, que ocupa los viales y calles... si es que se pueden llamar así, por lo tanto, no se te ocurra salir de casa con los ojos pegados aún porque ese primer paso, o lo das en una barquita, o te despiertan de repente.

Una de las calles de Venecia.
Los autobuses de línea... bueno, más bien habría que decir los barcos de línea, o vaporetos, que también les llaman, tienen sus paradas flotantes a lo largo del Gran Canal, una ancha avenida (¡qué gran nombre, en este caso!) que vertebra la ciudad de norte a sur formando una "ese" invertida. Estos transportes públicos no solo son disfrutados por los miles de turistas que ocupan la ciudad, sino también por los propios venecianos, que los usan para desplazarse por una ciudad "complicada" para ir a sus puestos de trabajo, al centro de salud, al ministerio,... Aproximadamente una veintena de paradas separan la Piazzale di Roma y la Piazza di San Marco, e incluso van a las islas que rodean a la hermosa ciudad romántica.

"Parada flotante del autobús" de Ca'Doro
Pero no solo el vaporeto, o "autobús flotante", sino también ambulancias, policía, bomberos, taxis, furgonetas (?) de reparto,... hasta los típicos coches de caballos que existen en todas las ciudades son diferentes. Aquí el coche de caballos lo convertimos en... ¡góndolas!

Gondolero sacándole la pasta a unos turistas.
Como la ciudad está llena de ellos, salvo que te sobre la pasta, lo mejor es no montarse y ver las góndolas desde fuera (habitualmente montados los japoneses), porque la "multa" supone 120 Euros, y eso lo va a pagar su puñet... madre!. Además, si te cantan, tienes que darle más... ¡Pues que se vaya a la ópera!

Cosas del turistismo.

El mismo gondolero "haciendo el agosto".
Venecia está plagada de callejuelas estrechas que te retrotraen a momentos históricos de duques, hambruna, condes, epidemias, papas, control religioso, prepotencia aristocrática, lucha por sobrevivir... Pero sobre todo, hoy en mi entrada (próximamente os ofreceré otros referentes artísticos) quiero sobresaltar su carácter original de una ciudad que reposa sobre parte del mar, y que le puede. Venecia tiene los lustros contados porque la fuerza de la Naturaleza es superior, siempre, a la fuerza del ser humano. Y llegará el momento en que no habrá góndola lo suficientemente decorada para compensar la pérdida de su caserío.

Venecia: góndola turística y edificio que se hunde
Una ciudad de ensueño, una ciudad de imágenes inolvidables, una ciudad original y distinta. Visiten en cuanto puedan una ciudad donde la humedad se hace presente y donde las fotos que hagan, y los vídeos que tomen, jamás les resultarán satisfactorios, porque los sonidos, olores y sensaciones nunca son captables.

¿Y si esta ciudad tuviera asfalto en vez de agua? ¿Sería igual?


lunes, 9 de abril de 2012

Salamanca, dorada filigrana


La piedra pardo-rojiza y óxido de hierro de los edificios de la ciudad de Salamanca, conocida por Piedra de Villamayor, hizo a Don Miguel de Unamuno denominarla como la Ciudad Dorada. A buen seguro que Don Miguel observó desde los cafés de la Playa Mayor las tonalidades que despliegan dicha piedra en sus diferentes momentos atmosféricos: húmeda por la lluvia, seca por el sol de poniente o brillante por la escarcha del frío castellano. Salamanca muestra la piel de su piedra con una hermosura cándida y elegante, con la naturalidad de un cedro o un boje. Una piel que se toca con la mirada y que llena los sentidos porque se nos presenta maquillada y esculpida en fina filigrana. Esa piedra sutil permitió a escultores y artistas mostrar al exterior con facilidad sus imaginaciones, desde el gótico más arcaico hasta el churrigueresco, pasando por un renacimiento que en esta ciudad se convierte en exhuberante plateresco.

Las calles de la Salamanca antigua, al menos por Semana Santa, que es cuando nos ha tocado visitarla, se encuentran libres de vehículos a motor, lo que siempre es una gozada para el peatón, que puede pasearlas sin temor al atropello, cruzar de una acera a otra con total normalidad, observar las fachadas rojizas de los caseríos y palacios, y detenerse en puntos geocéntricos donde no sería posible si pasara el autobús de línea. Son limpias por el efecto de la siempre bendita lluvia y por la cantidad de personal a cargo de su mantenimiento. El piso, de granito grisáceo habitualmente, se auto-decora en composiciones lineales, marcando zonas definidas en los laterales, en los centrales y en los canales de desagüe, que llevan a sumideros o alcantarillas. En muchas de estas losas se puede ver la letra "A", ya sea porque indique algún tipo de arqueta, o por algún gracioso que se ha dedicado a marcar losas a su antojo.


Una de las fachadas más impresionantes del plateresco salmantino, y por lo tanto universal, se encuentra en la Universidad.



En esta fachada, imagen ineludible de los libros de texto de la Historia del Arte, está una de las diversiones de pequeños y mayores: encontrar la dichosa rana que tanto da que hablar y que dicen que da suerte verla. Así que cuatrocientas personas, según los sindicatos, y siete y media, según la policía, se suelen situar frente a ella en su busca y captura. Yo, de pequeño, me iba al arroyo de Pedroche a coger ranas, pero aquí, en Salamanca, se vienen a esta fachada a "pillarla". El problema es que no canta, así que es más difícil.

Personajes con ojos achinados, o con tez morena, o con acento anglosajón, o con idioma cordobés, se organizan ante esta visión, todos con el dedo índice marcando el lugar donde se encuentra (o se supone que se encuentra) el anuro de los cojon... perdiendo un tiempo precioso a costa de ella. Cincuenta y seis minutos después, según los sindicatos, o tres minutos y medio, según la policía, se hace real el milagro, y todo quisqui la pilla, mostrando sonrisa profident tras el evento.

Yo también la vi, y de hecho, tengo una foto que lo atestigua y que a continuación os muestro:


¡Encontré la rana! ¿O era sapo?

La Plaza Mayor tiene en las enjutas de sus arcos una serie de medallones que muestran personajes ¿importantes? de la Historia de España, desde reyes hasta dictadores, pasando por escritores, humanistas, iluminados (como Santa Teresa de Jesús) y, cómo no, los Borbones.

Estoooo, que me salgo del tema: Salamanca.

Desde la Iglesia de San Marcos, una preciosa construcción románica en la Puerta de Zamora...



...hasta las catedrales nueva y vieja, pasando por la Plaza Mayor, se abre un magnífico corredor marcado por las calles de Zamora y Rua Mayor, que es una auténtica delicia su paseo, sin coches. Entre palacios, casonas rojizas y alguna que otra plaza renacentista, uno se deja llevar por el ambiente cuatrochentista, observando tiendas modernas y antiguas, visitando tabernas, o simplemente pisando un suelo auténticamente castellanoleonés.

Uno de estos palacios es la Casa de las Conchas, que hace esquina con la Clerecía. Ambos edificios tuvieron un tira-y-afloja por su situación. Parece ser que los Jesuítas construyeron su edificio con la intención de que el vecino de enfrente, es decir, Rodrigo de Maldonado, cediera a su oferta de recibir una cantidad desorbitante por cada una de las conchas que tenía en su fachada. El fulanito este, que parece ser era conde de noséqué, se negó, y tuvieron pleito hasta que la cascó. Pero que la cascara no fue suficiente para que le echaran abajo su casa de conchas, y su familia se mantuvo en sus trece. La gente, especialmente la que no tiene nada que ganar ni nada que perder, pensó que en las conchas de la casa había un tesoro, o por lo menos, unas monedillas para invertirlas en comida, así que algunas de esas conchas se ven hoy en día un poco estropeadillas por la gente que buscaba unas monedas con las que comer. Poco les sirvió su quimera, porque el pastón estaba dentro del palacio y a buen recaudo, así que "leche y habas".

El caso es que los Jesuítas no consiguieron tirar la casa de enfrente, y hoy en día, gracias a Dios (¿?) jesuíta o no, la casa sigue en pie, y sigue dando "polculo" a la fachada de la que el Rana fundó en los años 40 del siglo XX como Universidad Pontificia. He aquí la cuestión del desentendimiento:



No es que el edificio no merezca la pena verse desde lejos:


Pero para que se vea, no vamos a tirar una construcción como esta:



En fin, que al final, los jesuítas se quedaron sin abrir su fachada a la plaza por culpa de la Casa de las Conchas, uno de los edificios más singulares de Europa. Total, si al final echaron a los jesuítas del país... ¡qué más les daría! Ea, como los moros, los moriscos y los judíos: to'l mundo fuera.

En la Plaza de Anaya, abierta en época de ocupación francesa al principio del siglo XIX, después de tirar unas casas que se ve que ocupaban los curas de entonces, la visión del entorno, con el lateral de la Catedral Nueva, el Palacio de Anaya, la facultad y alguna que otra iglesia, es espectacular, sobre todo la parte de la Puerta de Ramos de la Catedral.



Aunque la Catedral Nueva ofrece imágenes tan espectaculares como esta...



...la Catedral Vieja es más medieval, de estilo románico y gótico, con un retablo mayor precioso, del que no permitían hacer fotos, así que aporto una del wikipedia.





Sin embargo, toda esta espectacularidad, para mi gusto, se queda pequeña con la elegancia, grandiosidad, presentación e historia del que, para mi, es el monumento que más me ha satisfecho de la ciudad salmantina: El Convento de San Esteban, de los PP. Dominicos. Si alguien va a Salamanca, sin haberla visto antes, que no se pierda este extraordinario edificio renacentista, una joya a preservar.

Su portada es un absoluto tratado renacentista-plateresco:



Le acompaña, como pórtico, una logia de estilo italiano, sencillo y sobrio, que contrasta con la exhuberante decoración de la portada principal: un complemento visual extraordinario.

Dentro del convento, lo primero que se encuentra es un evocador claustro del gótico tardío, con columnas esbeltas que elevan la vista hacia el corredor superior.



Alrededor de este claustro se abren capillas renacentistas, con enterramientos de personajes conocidos, en los que se puede disfrutar de sonidos medievales e historias de los personajes que allí están enterrados, que nos cuentan su vida o parte de ella, muy distante, eso sí, de la mayoría trabajadora, que no tenía dónde caerse muerto. Supongo que habrá que situarse en el tiempo y en el lugar: qué se le va a hacer, eso ya no lo podemos cambiar.

En la iglesia de este convento se encuentra el considerado como el más colosal de los retablos de José de Churriguera, y ciertamente que lo parece. Como no permitían fotos en el interior, y yo soy tan tonto que suelo cumplir las normas, os pongo la foto que, nuevamente, me la proporciona el wikipedia.



También el coro merece la pena verlo. No es tan espectacular como el de Córdoba o Toledo, pero su sencillez lo hace relevante, si no fuera por los culos que se han posado en ellos, probablemente tan florecidos como las jaras de Sierra Morena en esta época... ¡Quieto! ¡No sigas! Volvamos a lo nuestro.

No quiero dejar pasar algo que me ha llamado la atención: la similitud de parte de la fachada del Palacio de Monterrey con nuestro cordobés Palacio_de_Orive Asumiendo las diferencias dimensionales, creo que se parecen más de lo que se diferencian. ¿No creen?



Si alguien no ha visto Salamanca todavía, que no pierda tiempo y lo haga cuanto antes, porque es una de esas ciudades de las que uno no se olvida nunca, y que promete volver a verla. Una ciudad de filigrana dorada que se ofrece al mundo con sencillez, elegancia y autenticidad.

Termino con unas imágenes de esa filigrana que adorna las calles salmantinas:








P.D. Por cierto, creo que hubo procesiones.