sábado, 26 de abril de 2014

Qurtuba en London Town

Estación de San Pancracio, Londres (Saint Pacras)
Supongo que esto será aquello que llaman "patriachiquismo", "ombliguismo", "catetismo" o, simplemente, burda alienación, que sobresalta disfrenicamente la respiración, y le deja a uno cara de tonto por descubrir, a eso de unos mil seiscientos kilómetros de distancia allende el norte, unas expresiones estéticas más o menos cercanas y probablemente, casi seguramente, inesperadas.

Que la ciudad de Londres sea la gran ciudad de los contrastes, donde pequeñas ermitas e iglesias anglicanas neogóticas conviven a duras penas con rascacielos forrados de vidrio y cristal, puede llegar a no sorprender a aquel quien, desde la humildad mediterránea, se asome por allí, esperando lo que se le ofrece, y sintiendo que aquello no es nada comparable a lo que uno ve y vive día a día.

Contrastes de la City de Londres
Pero que en el caserío de una de las ciudades más opulentas y cosmopolitas del mundo se vean señales, formas y líneas, señaladas en su propia ciudad desde hace más de mil años, y que uno las descubra, es una sensación cuanto menos extraña. Ver las dovelas rojiblancas que ya Almanzor copiara de los Abderramanes, en un lugar tan lejano, a uno no le deja indiferente.

La Saint Pancras Station (Estación de San Pancracio) en Londres, refunde sus formas neogóticas con las maneras que los omeyas trajeron a Qurtuba convirtiéndola en la Luz del Mundo.

Estación de San Pancracio, Londres.
Hoy en día combinan la estación con un hotel de lujo, pero sus formas siguen recordando a las estéticas mediterráneas.

Hotel Saint Pancras (Londres)
No es la única referencia qurtubana en la antigua Londinum o Westminster. En barrios como Belgravia, South Kensington o Chelsea, donde los Ferrari, Lamborghini, Porsche, Mercedes y Audi, pasean por las calles de Cromwell y Brompton, delante de los Almacenes Harrods con la prepotencia correspondiente, se ven guiños al sur en algunas casas, eso sí, protegidas por sus correspondientes gorilas. Los paraísos fiscales tienen esas cosas: lo mismo sacan de sí su animadversión a otras culturas, que la asumen para su ego.

No compromise.

Al fin y al cabo, quienes mandan son los mercados de la City.

Casa particular en Belgravia-Brompton
En todos los barrios de la zona histórica de Londres existen referencias a Abderramán. Es posible que el lector se sienta un poco extrañado por la frase que acaba de leer, pero es cierto. Incluso en la City, en ese lugar donde llegan los dineros de los que evaden capitales y defraudan impuestos, donde se decide quién debe vivir bien, o simplemente vivir; allí también se ven improntas del sur. Eso sí, solo para mirarlo.

Edificio de influencia omeya en la City de Londres
En cualquier caso, esto es solo una apreciación personal, una "paja mental" que uno se monta. A Londres no le importa un huevo el sur, no sabe que algunos de sus edificios (muchos más de los que aquí se muestran), tienen influencia qurtubana o andalusí. Ellos salen de sus oficinas a las 17:00 horas, cuando a los que aquí vivimos nos quedan más de dos horas de trabajo. Ganan el doble de salario, conducen vehículos de alta gama, se transportan en metro perfectamente organizado, pueden ir en coche hasta la última calle del último barrio y aparcar en la mismísima cocina, pero no saben lo que es salir a la calle en pleno mes de febrero y sentir los rayos de sol en tu espalda, respirar y oler el aroma de la sierra cuando llueve.

En el fondo, anhelan el sur, pero no lo saben.

Londres es una ciudad hermosa, cosmopolita, vital, llena de contrastes...

Seguro que no desean esto:

Mihrab, Mezquita de Córdoba
... ¿o sí?... Visto lo visto...

domingo, 13 de abril de 2014

¿Alguien me ayuda a encontrar un dibujo?


Hace unos años... bastantes años... me encontré con un librito de propaganda electoral (creo que del PSOE). Era el año 1978, el de la aprobación de la Constitución actual, o quizás el de 1982, cuando la subida a la presidencia de Felipe González...no me acuerdo... Ese librito venía con dibujos de José Ramón Sánchez, que expresaba en cada uno de ellos lo que sería este país si les votaban, o si aceptaban la propuesta (era propaganda electoral, como digo)... No lo recuerdo bien: mi biblioteca personal ya falla.

El caso es que a mí, esa propaganda no me interesaba mucho, ya que mis años de infancia-adolescencia me invitaban a preocuparme más por otras cosas, pero sí me llamó la atención uno de aquellos dibujos. Recordándolo hoy de memoria, aquello era un parque y, no sé por qué, yo pensaba que estaba en  la ciudad de Barcelona. En esos recuerdos que tengo creo adivinar que había de fondo un mar turquesa como el Mediterráneo. ¿Sería por eso?

En ese parque, repleto de personas, los niños jugaban, circulaban en bici, había barrenderos limpiado la zona, policías charlando con los vecinos, familias disfrutando de un soleado día en un lugar lleno de árboles frondosos, verde hierba y murallas medievales de fondo.

Tanto me llamó la atención aquel dibujo que decidí dibujarlo yo mismo. Así que compré dos cartulinas y las pegué entre ellas para crear una especie de panorámica, pues el dibujo de José Ramón Sánchez era así, alargado, y con mis lápices de colores intenté reproducir aquella estampa con mis propias manos.

Los dibujos del autor tienen un especial aspecto: rechonchos y expresivos, simpáticos e infantiles; el entorno no deja de ser igual, parecido a un cuento. Sus imágenes en la serie televisiva de Sabadabadá, que emitían los sábados antes del almuerzo, eran una delicia. Y yo me preguntaba: ¿cómo se le ocurre dibujar estos personajes? Mi boca abierta se cerraba de repente cuando escuchaba la voz de mamá diciendo que ya se acabó la tele, que era hora de comer.


Pues bien, aquel dibujo de las dos cartulinas pegadas, y que no llegué a terminar, desapareció. No había espacio en nuestro piso de sesenta metros cuadrados, a repartir entre siete personas, para guardarlo. Había que hacer sitio en los cajones para la ropa interior antes de para cartulinas dibujadas. Era lo lógico, y no guardo rencor por ello. Más al contrario; jamás me faltó ropa interior escamondada, ni a mis hermanos.

Pero hoy, después de unas décadas, me acuerdo de aquel dibujo, de aquella cartulina pegada, de aquellos personajes dibujados por mí, copiando los de José Ramón,... pequeñines, con caras redondeadas... ¡una cincuentena habría!... con expresión de felicidad, montados en sus bicicletas, ropas de colores, sonrisa en los labios, los árboles enormes repletos de ramas y hojas de un verde sublime.

José Ramón Sánchez tiene muchas composiciones hechas que no quiero devaluar.


Pero aquel dibujo que me invitó a tomar las riendas para reproducirlo con mis propias manos, y que me ayudó a ser valiente para asumir retos y disfrutar de la pintura, nunca más lo he vuelto a ver.

Hoy, en pleno siglo XXI, con tantas posibilidades que nos ofrece la red global de internet, yo no he sido capaz de encontrar aún ese dibujo, y por eso hoy pido vuestra colaboración. Si alguien lo encuentra, le ruego que me lo envíe. Es para mí importante. Gracias.



Las imágenes están tomadas de http://todoloqueustednecesitasaber.blogspot.com.es/2009/05/momentos-de-nuestra-infancia-jose-ramon.html

sábado, 15 de marzo de 2014

La verdadera, y más justa, Catedral Católica de Córdoba

Iglesia de San Pedro Apóstol, Córdoba, España (declarada Basílica Menor de San Pedro en 2006)
Esto viene al hilo de la actual polémica surgida por la cercanía de la finalización del plazo para alegar contra la inmatriculación que la Iglesia Católica Vaticana ha realizado del edificio más emblemático de mi ciudad, patrimonio de la Humanidad, y con una catedral católica renacentista clavada, con forma de cruz latina, en el corazón del edificio, que está suscitando interesantísimos debates en las redes sociales, a favor y en contra, en prensa escrita y audiovisual, en foros políticos y culturales, y que han traspasado nuestras fronteras estatales.

En primer lugar, y sin ánimo de defender u ofender al actual gobierno autonómico de la Junta de Andalucía, garante obligatorio de su defensa y control, creo que cabe aclarar que dicho gobierno, con los fines que cada uno quiera concluir, ha hecho suya la petición popular surgida en las propias redes sociales, y no al revés, como pretenden algunos hacernos saber, bien sea por intereses políticos o ideológicos, o por, simplemente, devaluar la propia reivindicación.

En segundo lugar, no me deja indiferente el comprobar que han hecho falta ocho años para que saltaran las alarmas, tanto de la sociedad y ciudadanía de a pie, como de los propios políticos, que hoy en día hacen suya la bandera. Todos supimos en aquel ya lejano año del 2006 lo que se estaba fraguando sobre las ascuas de la especulación y el robo, a pesar de su nocturnidad y alevosía. Hubo "dust in the wind" pero entonces nadie se espantó. Supongo, quiero, y me gustaría pensar, que esto es solo culpa de esa forma de ser que tenemos los ibéricos para solucionar todo a última hora, quizás esperando que otros nos solucionen la papeleta. Castellana herencia esta.

Pero, aunque soy partidario desde siempre de la desespiritualización de la Mezquita-Catedral de Córdoba, no quiero hoy entrar en la polémica, hablar de motivos, de razones legales o morales, o de consecuencias impredecibles. Doctores tiene la Iglesia, y Jueces la Democracia para sacar sus conclusiones y dar sus veredictos, siempre esperanzadoramente justos y lógicos.

En esta entrada que hoy comparto en mi blog no quiero entablar esa conversación de justicias e injusticias, o de propiedades y propietarios. Hoy quiero ir más lejos, hacia el pasado, al más lejano de los pasados, para preguntarme cómo hemos llegado a este punto.

¿Qué narices hace una catedral católica dentro de una mezquita medieval?

La única respuesta que se me ocurre es: "pisarla".

Catedral y campanario "pisando" la Mezquita ante la mirada del Guadalquivir
Si analizamos el pasado, el solar que hoy ocupa la Mezquita-Catedral de Córdoba, antes Basílica de San Vicente (a saber si arriana o trinitaria... y aún antes ara romana, según estudio del arqueólogo Pedro Marfil) no ha sido jamás merecedor de convertirse en el emblema del catolicismo en la ciudad, salvo por prepotencia y altivez, sino que el lugar que le corresponde, siguiendo las pautas de humildad de la palabra de Jesucristo, y de emblemas y simbologías propias de sus cánones, el sitio que le correspondería debería ser la actual Iglesia de San Pedro Apóstol, declarada en 2006 (mira tú qué casualidad) en Basílica Menor de San Pedro.

La Iglesia de San Pedro, allí, apartada de turistas, rodeada de palacetes y conventos medievales transformados en casas de vecinos y colegios, con personas que se persignan a la altura de la placa de los Santos Mártires, camino de la Corredera, en silencio; con melenudos y utópicos que se juntan en el Círculo Juan XXIII, cerca de allí, en dirección de su patio que un día fue colegio de parvulitos de este que hoy os escribe...

¿Por qué no habría de salir la "fumatta bianca" algún día de la Iglesia de San Pedro de Córdoba?

¿Y cuál es la razón por la que pienso que San Pedro debería ser la Catedral de Córdoba y no el "pisotón en la mezquita"?

Independientemente de los estudios arqueológicos pendientes de realizar in situ y otros legajos por investigar, probablemente en manos de quienes menos les interesa que se sepa, existen relatos históricos, historiográficos, o historiológicos (estos menos creíbles), que sustentan esta versión. Uno de los mayores y mejores investigadores de la historia de Córdoba es, sin duda, Don Teodomiro Ramírez de Arellano y Gutiérrez de Salamanca, que, en sus "Paseos por Córdoba, o sean Apuntes para su Historia" (1873) nos da la siguiente versión de la Iglesia de San Pedro (texto reducido):

"...se cree fundada en el siglo III de la Era cristiana, en otro templo antes de gentiles, y le dan la categoría de basílica... a principios del siglo IV... fue... consagrado al Obispo Osio... la dedicaron a los mártires Fausto, Marcial y Januario, sacrificados en aras de los falsos dioses, poco después de San Acisclo y Santa Victoria."

Según el historiador al-Razi, aplicando la doctrina del Califa Omeya Umar ibn al-Jattab de compartir las iglesias con los cristianos, después de la conquista de sus territorios, la iglesia mayor de Córdoba de San Vicente... (es decir, la actual Mezquita-Catedral)... la compartieron separados por una cortina, separando los cultos godos de los musulmanes (Alejandro García Sanjuan, "La Conquista Islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado", Marcial Pons Historia, 2013, página 396, en referencia a Ibn Idari, vol II, p 229, traducción de Fagnan)... al aumentar la población cordobesa, los musulmanes estaban estrechos en la mezquita. Con el fin de ampliarla, Abd al-Rahmán logró que los cristianos, tras negarse en un principio, le vendieran su parte de la iglesia, a cambio de una indemnización de cien mil dinares y de la autorización para reconstruir, fuera de la ciudad, las iglesias que habían sido demolidas en el momento de la conquista... (ibidem)

Conclusión: acuerdo.

"Fuera de la ciudad" significaba entonces fuera de la Ciudadela, luego llamada Madinat, y posteriormente Villa, es decir, que todavía no estaba la muralla de época almohade-almorávide alrededor del arrabal de la Axarquía, dentro del cual se sitúa la Iglesia de San Pedro, y que hoy conforma el enorme casco histórico de la antigua Qurtuba. Vamos, que San Pedro, hoy en pleno casco viejo, era entonces... "las afueras".

Los godos aceptaron la propuesta, vendieron su iglesia de San Vicente a los moros por cien mil dinares, y reconstruyeron sus iglesias cristianas por la al-Sharquiya, Shaqunda, al-Garbí, al-Bayda, etc... todo fuera de las murallas de la Madinat, y establecieron su Catedral en la actual San Pedro, obligados por un acuerdo firmado y sellado.

Sí, ¡acuerdo!.

Cito de nuevo a Teodomiro Ramírez de Arellano en sus "Paseos por Córdoba (1873):

"...durante la dominación romana y el reinado de los godos, debió ser una de las principales iglesias de los cristianos en Córdoba, si bien no la primera, ó sea la Catedral, porque esta la creemos hácia donde hoy San Miguel (posiblemente basílica romana situada en el Foro), y que ascendió, digámoslo así, á tal categoría cuando la dominación de los árabes, quienes en la ciudad alta (ciudadela, madinat o villa), denominada por ellos Almadina, no permitieron vivir a los cristianos, y por consiguiente iglesia ni establecimiento alguno."

Sigue:

"En aquellos tiempos hallamos siempre en primer lugar la basílica de los tres santos Fausto, Marcial y Januario, donde tradicionalmente se decía haber sido sepultados por los demás cristianos. De allí salieron otros para sufrir martirio..."

Motivos, por lo tanto, tuvieron los católicos de la época para mantener la actual Iglesia de San Pedro como su principal Catedral católica. No solo tuvieron motivos "esotéricos" para tenerla como su más fiel representación arquitectónica, sino económicos. Se supone, según las fuentes, que además de para reconstruir su catedral con esos cien mil dinares que Abd al-Rahman les concedió, mediante contrato, a cambio de su mitad de San Vicente, además, parte de los diezmos recaudados a los cristianos por no convertirse al Islam, serían entregados a su comunidad para el mantenimiento de sus necesidades (religiosas o no)

Una parte mínima, seguro, pero una parte.

Ábside de la Iglesia de San Pedro 
Los almohades y almorávides, tras la decadencia de la Qurtuba omeya, deciden amurallar el barrio del este (la Axarquía) donde los terratenientes construyen grandes palacios con almunyas, jardines y patios, y dejan a su suerte, por falta de recursos, al-Janib al-Garbi, hoy en día masacrado por las construcciones de pisitos monos, jardines de naranjos y autovías o rondas que roturan el paisaje. Pero eso es otra historia... o no?.

El gran santo rey Fernando III de Castilla, con más cabezas cortadas en su mano que el mismísimo Almanzor, montado sobre su caballo, atraviesa el Wad Al-Quebir por el mismo camino que lo hizo Julio César y Pompeyo, y soporta la ceremonia que el obispo de Osma celebra en la Mezquita. Unas cuantas de cenizas formando una cruz en el suelo, agua "bendita" del río, una misa en latín y,... ¡hala!... ¡pa'mí!

"San" Fernando ordena la reconstrucción de San Pedro, sabedor de la importancia para la cristiandad de la iglesia. Incluso se hace un hueco en una de sus capillas para, por si muriera en el Reino de Córdoba, le enterraran en ella. Ni se le ocurre poner un dedo en la Mezquita-Aljama, y eso que era santo.

Hubo de pasar algo más de un par de siglos para que a alguien se le ocurriera abrir la lata en la Mezquita: la "...incalificable... permítaseme ser condescendiente... ¡muérdome la lengua!... la catolicísima Pseudoreina Isabel de Castilla,  "in memoriam" de sus hermanos envenenados por ella! Que en gloria estén.

A esta pájara, según algunos, representación sinigual y clarividente de la actual España, a quien solo le satisfacía la vista de la llama, el olor a carne quemada y el polvo de los escombros, le importó un ovario la suerte de la iglesia de San Pedro, lo que no sabemos qué es mejor, porque dirigió su mirada escrutadora a otros lugares y otras personas.

Si el fallecimiento de la pájara (1504) fue un alivio para toda aquella gente que quería vivir de su trabajo, sin embargo nadie pensó en su legado.

Y San Pedro olvidado.

Una vez abierta la lata por la Isabelita, ya todo fue coser y cantar. Pero centrémonos en la Iglesia de San Pedro.

Mientras se mutilaba la Mezquita a pesar de la negativa del Cabildo de la Ciudad, representado por el Corregidor Luis de la Cerda, la verdadera Catedral de Córdoba, San Pedro, se caía debido a que el terreno era fanganoso y sus cimientos no penetraban en la tierra lo suficiente.

Vuelvo a citar a Ramírez de Arellano en sus "Paseos por Córdoba":

"...en el año 1575, se hizo una gran obra en la iglesia de San Pedro, sacándose de cimiento ocho de los diez grandes pilares que la sostienen, y por cierto admiró á todas las personas entendidas, que aquellos estaban formados sobre el terreno si haber profundizado en él para su construcción, apesar de no ofrecer la menor firmeza. No se construyeron lo mismo los nuevos, y al hacer la excavación para los puntales del machón del lado de la epístola, del arco toral, en el día 21 de Noviembre, se encontró el sepulcro de las ansiadas reliquias,... su inscripción, que era esta: Sanctorum. Martirium. Xpti. Jesv Favsti. et. Martiliatis. Asciscli. Zoili... tenía otras letras borradas"

Y mientras mutilaban la Mezquita, San Pedro olvidado...

¿Qué querían los católicos de aquella época?

¿Querían pisar, humillar, dejar su impronta, su simiente? ¿Era eso lo que le pedía Jesucristo tras sus oraciones?

El primer cuerpo de la torre de San Pedro, por su robustez, da la sensación de estar hecho para soportar una altura grande y esbelta. Algunos historiadores, especialmente del siglo XIX, piensan que esta torre fue demochada por el emir Muhammad por ser demasiado alta. Eso podría ser un síntoma de la importancia del templo en el siglo IX.

Pero no, lo importante era "pisar".

En 1542 Hernán Ruíz el Joven dignificó el templo dándole una portada renacentista.

Portada renacentista de Hernán Ruíz el Joven
Poco menos de veinte años antes había comenzado la masacre arquitectónica en la Mezquita, para convertirla en Catedral católica. El representante de la ciudad, el Corregidor Luis de la Cerda, fue excomulgado por oponerse a las obras en la Mezquita. Vamos, que lo convirtieron en un paria sin derecho a retorno. Que nadie diga que aquello ocurrió porque eran "otros tiempos", porque aquellos que vivieron "otros tiempos" no eran tontos, y sabían lo que estaba pasando, pero no pudieron evitarlo.

¿Por qué el Vaticano se propuso en el siglo XVI obviar los significativos antecedentes religiosos de la Iglesia de San Pedro de Córdoba como su Catedral más lógica, un humilde templo, recoleto, en un barrio popular identificado con su iglesia, cuyos habitantes se acercan, aún hoy, a su iglesia de forma anónima y rezan discretamente por aquellos mártires, en lugar de hacerse con un edificio de más de 20.000 metros cuadrados, en un lugar que entonces era el centro del poder económico, cercano al único puente en kilómetros, con una actividad comercial envidiable, y unas perspectivas inmobiliarias dignas de sus plusvalías? ¿Es ese el mensaje que Jesús les dio?

Pudieron, viviendo en el tiempo que vivieron, una época de bonanza económica y cultural, cuando se alineaban y ensanchaban calles y plazas, haber aportado a la comunidad una oportunidad para crear un nuevo centro comercial entre la "Catedral de San Pedro" y la Plaza de la Corredera (adelantando su reconstrucción).

Imaginemos...
Pero no: lo importante era "pisar" la Mezquita, y a ser posible, inmatricularla antes de que se den cuenta.

Hoy, los mártires de San Pedro: Fausto, Januario, Marcial, Acisclo, Victoria, Zoilo, Perfecto, Sisenando, Pablo, Cristóbal, Leovigildo, Teodomiro, Flora y María, esperan con ilusión desde su urna de cristal rodeada de alpaca cincelada, a que el Santo Padre de Roma determine su salida voluntaria de un lugar que nunca fue suyo, sino de toda la Humanidad, y que se dedique más a ellos que, como dice Ramírez de Arellano son los verdaderos "...ardientes defensores de la religión de Jesucristo, por la que sufrieron tan horribles tormentos."

Anda, porfa...

Urna de los Mártires de Córdoba en la Iglesia de San Pedro
...es que los abogados son caros.

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Cómo describir la Alhambra?

La Alhambra, vista desde el Albaycin
Después de un atento saludo y un abrazo de amistad, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán montó sobre la grupa de su caballo en la plaza de armas de la Alcazaba, y levantó levemente el brazo a modo de despedida, dirigido al rey nazarí Boabdil, enviándole al mismo tiempo una sonrisa de complicidad. Cuando sus dos guardaespaldas se situaron a sus flancos, ordenó con un gesto la marcha, camino de la salida.

No era la primera vez que atravesaba aquella Puerta Roja, pues siendo, como era, embajador y negociador de paz o guerra con los moros, pudo pisar en varias ocasiones los suelos marmolados y policromados del palacio nazarí, disfrutar de sus vistas, y retozar entre sus muros, entre acuerdo y acuerdo, mientras sonaban acordes árabe-andalusíes

Puerta Roja (actual Puerta del Vino) desde dentro
Al salir de la Puerta Roja, detuvo la comitiva, se bajó del caballo y se dirigió al ambigú allí habilitado para tomar un café de máquina. No era un Nespreso, pero estaba bueno o, al menos, calentito. Bajó por las escaleras interiores y, después de guardar la cola correspondiente, alivió su vejiga. Le "daba cosa" pedírselo al rey Boabdil, así que tuvo la pertinente paciencia para esperar y hacerlo fuera de tan excelso palacio. Al volver a su caballo, reculó su mirada para deleitarse con la fina decoración exterior de la antedicha puerta.

Puerta Roja (actual Puerta del Vino) desde fuera
La bajada hacia Granada no fue fácil. La Cuesta de Gomérez (¡vaya nombre!, ¡como se entere Boabdil!) tiene una pendiente del chorroquecuántos por ciento, así que había que tirar de la grupa para retener la caballería. Una vez abajo, la Plaza Nueva estaba llena de desempleados buscándose la vida. Una plaza muy animada.
Plaza Nueva
Don Gonzalo y su comitiva se detuvieron a la salida de la calle Gomérez y entrada a Plaza Nueva para sopesar la situación. Decenas de parados tomaban la plaza, y unos cuantos de carricoches de hierro y ruedas neumáticas reposaban en zonas estratégicas ante la atenta mirada de la policía local de Granada. La tensión se hizo extrema, y Don Gonzalo se sintió en la necesidad de tomar una determinación. ¿Qué hacer ante semejante estado? Su educación militar castellana le llamaba a desenvainársela y ponerse a cortar cabezas y preguntarles luego qué estaban haciendo, pero se acordó de Boabdil y de su "misión", así que se contuvo, avanzó, observó, analizó, y decidió "darse una vuelta".

Don Gonzalo Fernández de Córdoba y sus guardaespaldas giraron a su derecha para dirigirse a la Carrera del Darro, pero la policía local les detuvo.

- Buenos días, lo siento pero no pueden pasar con sus caballerías por esta zona. Está restringida al transporte público y "vehículos autorizados".

- Poseo visado del propio rey Boabdil. -dijo con desdén Don Gonzalo, al mismo tiempo que hacía un gesto de petición a su guardaespaldas de entregarle el documento que le acreditaba. Cuando lo hubo cogido, se lo entregó al policía municipal, sin mirarlo.

El policía agarró el papiro, tan grande como una cartulina de colegio, lo desenrolló sobre el capó del coche, y lo intentó leer.

Inscripción en una pared del Patio de Los Leones
- Bueno, señor Mawlana Alsultan ibn Abdallah... ¡bi Allah!, usted sí que tiene acceso, pero no sus acompañantes. Esto es zona restringida.

El Gran Capitán hizo un gesto de aprobación. No en vano era un experto en negociaciones.

- Volved a Santa Fe. Yo iré más tarde. -ordenó.
- Señor, puede ser peligroso.
- Sé moverme por esta ciudad. No tengo miedo, mi espada me acompaña. Obedeced.

Sus guardaespaldas se retiraron, camino de Santa Fe, y Don Gonzalo se propuso disfrutar del entorno, así que se dirigió hacia la Carrera del Darro, con trote borriquero y altiva pose. La mezquita de Al-Mansura fue lo primero que le llamó la atención. Se abría a la Plaza Nueva con llamativa exposición.

Mezquita de Almanzora, hoy Iglesia de Santa Ana
Al poco, el Darro, aquel que en su Poema "A Córdoba", Luis de Góngora, con nostalgia de su tierra, llamara Dauro.

Río Darro
Subiendo la Carrera, Don Gonzalo tuvo que hacerse a un lado para dejar paso a aquellos carricoches de hierro y ruedas neumáticas, que achuchaban con prepotencia a los desempleados hacia los lados de la calle. Sintió deseos de sacar su espada triunfadora, pero se detuvo en sus instintos, sabedor de que era extranjero en tierra extraña. Se hizo a un lado y balbuceó improperios hacia sí.

Invasión de vehículos de hierro y ruedas neumáticas
En sus pensamientos estaba cuando de repente salió a su paso una mirada conocida. Con sonrisa "profident"; aquel elemento soltó una carcajada y gritó: "¡Guunssalo, Guunssalo! ¿Qué tasiendo tú aquí, en Graná?"

Don Gonzalo se estiró y puso en guardia en principio, pero cuando reconoció a su amigo Muhammad ibn Said, saltó del caballo y se dirigió a él para abrazarle.

- ¡Príncipe, cuánto tiempo! -gritó Gonzalo.
- Ja, ja, ja,... Guunssalo, toavía me llamas prínsipe?
- Claro, amigo. ¿Qué es de tu vida?
- Bueno, sigo vivo. Me mantengo aquí, en el Albaycin, esta especie de ciudad que vive de lo sobrante de nuestros reyes, allí en lo alto, ellos,  separados de nosotros por el Darro.
- Pero, te veo bien, hueles bien, se te ve bien.
- Es que vengo del Bañuelo, que no hay mejor forma de hacerse feliz que sentirse uno limpio.
- ¡Cuánto anhelo los baños de Córdoba!
- Vente, Gonzalo. Este hamman te va a satisfacer. Ven conmigo.

Entrada a El Bañuelo
Después de despedirse de su amigo Muhammad, Don Gonzalo recorrió las callejuelas del Albaycin, que le recordaban al barrio de la Mezquita de Córdoba. Comió rápidamente cualquier cosa mientras se alimentaba de las vistas y aromas de la ciudad nazarí. Aquellas montañas nevadas fueron el postre y la merienda. Las estrechas calles y el agua de lluvia bajando por ellas supusieron el licor que redime y apacigua la comilona.

Al pasar por la Puerta de Elvira, Don Gonzalo se vuelve a hacer altivo, saca de sí su simiente militar y su lealtad a sus pagadores le incitan a ser fiel a su misión.

- Esta puerta es fácil. -piensa.

Puerta de Elvira
Atrás deja Granada.

Atrás deja amigos y entornos familiares.

Se dirige a Santa Fe.

Cuando llega, Gonzalo se siente extraño. Se intenta situar, pero todo es distinto a su ser, a lo que le pide su alma.

El campamento militar que los reyes de Castilla y Aragón han montado en Santa Fe se muestra frío, escandinavo, gótico y germánico. Sin embargo, su alto nivel de lealtad le hace mantener su serenidad.

Los reyes de Castilla y Aragón han creado una especie de ciudad cuadriculada, en medio de la cual se alza el pabellón central de sus majestades, donde se toman las decisiones y se reciben las audiencias. Un ujier le abre las cortinas que dan acceso a la jaima donde se supone que están los reyes esperándole.

Al entrar, lo primero que le llama la atención a Don Gonzalo es el olor.

Después de visitar la Alhambra y Granada, donde los olores a especias, jabones y tés lo inundan todo, entrar en aquella estancia con olor a ... ¿humanidad?... con olor a... pescadería con pescados en mal estado... a gambas y mejillones... el estómago se le rebota.

Don Gonzalo tuvo que reprimir un ansia, y recompuso su altivez.

Hizo una reverencia y esperó a las órdenes.

- Levantaos, Don Gonzalo, subid vuestra mirada y poneos cómodo.

Gonzalo Fernández de Córdoba  hizo lo posible por levantarse sin llevarse los dedos a la nariz.

- Servidor de Vuestras Excelencias -dijo solemnemente mientras miraba aquella oscura estancia, solo iluminada por una exigua candelería cercana a una imagen de la Virgen en el fondo de la habitación.

El Rey ordenó al servicio que abandonara el lugar, observando cuidadosamente el rítmico movimiento de los glúteos de una de las sirvientas que, sabiéndose observada, exageraba en cierto modo su retirada. Al atravesar la cortina, la sirvienta volvió su cabeza para hacerse con la mirada del rey, para comprobar que había sido vista. El rey sonrió.

La reina Isabel, que se había dado cuenta de todo, intentó quitar hierro a la cosa, y se dirigió al Gran Capitán.

- Bueno, Don Gonzalo, ¿qué habéis conseguido de Boabdil?

- Más bien poco, Majestad. El rey Boabdil no es ya sí, sino una marioneta en manos de su madre Aixa. Él no dirige ya los destinos de su reino, y está asustado y huidizo.

- ¿Habéis conseguido algún trato con él? ¿Le habéis dicho que los reyes de Castilla y Aragón son magnánimos y pretenden la libertad religiosa y jurídica de su reino a cambio de su sumisión?

- ¡No! -exclamó la reina- Primero quiero que me describáis el lugar. Ese palacio que desde Santa Fe se ve como un nido de palomas posado sobre un pastel de calabaza, rodeado de plantas de lavanda y coronado de gotas de leche. Quiero primero saber cómo es aquel lugar.

Gonzalo elevó su mirada y semicerró sus ojos, intentando recordar. Suspiró, y sonrió.

- Majestad, -dijo- Quizás sea la misión más difícil que me habéis encomendado. Describir la Alhambra resulta casi imposible. Porque la Alhambra no es solo un palacio, no son solo sus jardines, sus torres o murallas. La Alhambra tiene olores, tactos, sonidos, temperaturas, emociones, sensualidad, humanidad, poesía,... ¿Cómo describir la Alhambra?

El Generalife
- ¿Cómo describir la Alhambra, Majestad? Un palacio deslumbrante, hecho expresamente para deslumbrar, para disfrute de la vista y de todos los sentidos. Donde lo importante es la emoción...

Palacio de Comares
- ¿Cómo describir la Alhambra, Majestad? Todo está hecho para verlo, para observarlo...

Patio de los Arrayanes
- ¿Quién aquel que visita la Alhambra no se acuerda de sus olores? ¿Quién aquel que visita la Alhambra no se estremece con sus formas, sus mocárabes, su suelos policromados, sus cúpulas que invitan a observar el infinito? La estrella de ocho puntas,... una y otra vez.... siempre presente...
Mocárabes entre cúpulas.
- ... sus inscripciones cúficas y ataurique incrustadas en sus paredes... Uno, Majestad, qurtubano como es, no deja de rememorar cómo sería la ciudad de al-Zahra, en Córdoba, cuando los castellanos pagaban tributo a los andalusíes, si esta maravilla que hoy vemos, fue construida cuando eran ellos los que pagaban los tributos a los castellanos. Si es así sin recursos, ¿cómo no sería aquello con abundancia?

Decoración de ataurique
- Don Gonzalo -interrumpió Fernando de Aragón- Parece que os habéis enamorado de la Alhambra. ¿Acaso olvidáis quién os paga?.

El rey aragonés comenzó a sentirse ofendido.

- Ese palacio será vuestro y de vuestra excelsa Majestad, vuestra esposa, reina de Castilla. Y es eso lo que yo pretendo. Pero eso no quita que sepa valorar lo que en aquel promontorio rodeado de ríos y protegido por las nieves de las montañas nos muestra, y así os lo debo hacer saber.

Fernando sacó de su túnica un cigarrillo electrónico, pulsó varias veces el botón, y comenzó a vapear ininterrupidamente, mirando fijamente a los ojos del cordobés.

- Seguid describiéndonos aquel "nido de águilas" que la reina y yo pretendemos conquistar... ¡seguid!

Gonzalo Fernández de Córdoba, ese Gran Capitán que tanto dio al rey Fernando en su quimera por crear un imperio comercial que abarcara entre Almería, Marsella, Génova, Roma y Sicilia, y que tuvo que abandonar por la obsesión de su esposa por Portugal y Al-ándalus, se sintió más humilde que nunca expresando sus sentimientos con la Alhambra.

Atauriques del Palacio de Comares
La Reina Isabel intervino:

- Habéis dicho que la Alhambra es sensual. ¿Por qué? Me han dicho que aquello es el cubículo del Diablo, y que las damas se ofrecen a los hombres sin preguntar, sin la aceptación de sus padres u otra familia, sin distinción de clases. ¿Es eso así?

- Todo está dentro de la intimidad, mi Reina. -Gonzalo sabía de lo que hablaba- Y todo está dentro de la normalidad y aceptación. Nadie es forzado. Nadie es obligado. Y, sí: los lugares de la Alhambra invitan a la intimidad. Es un lugar mágico que ensalzan lo natural y lo instintivo.

Gonzalo rememoró imágenes...

Generalife
Palacio de Comares
- Las mujeres se encuentran escondidas detrás de las celosías y de los muros, en lugares concretos... -Gonzalo recordó la mirada de aquella joven que se asomó detrás de una de las columnas del Patio de los Leones, cubierta con su velo, y cuyos ojos negros azabache penetraron en su ser de una forma... distinta.

- Me han contado que aquello es como Sodoma y Gomorra, mi fiel Gonzalo, y eso no lo podemos permitir en Castilla. -su mirada se dirigía, más que a los ojos del Gran Capitán, a su entrepierna, por si los recuerdos de su visita sensual a la Alhambra tenían "respuesta" en el fluir de su sangre.

- Aquellos lugares son sensuales, pero no pecaminosos, Majestad -quiso Don Gonzalo quitar hierro.

- ¿Y qué diferencia hay?

Gonzalo no supo responder.

- Cuando hayamos tomado la plaza y palacio -promulgó la reina Isabel- que sea Fray Rouco Varela el que decida el nivel de degradación y la consagre al catolicismo.

Ambos, Gonzalo y Fernando, se miraron con extrañeza, y una sonrisa cómplice se dibujó en sus caras.

La reina se dio cuenta.

- ¡Quise decir, Fray Tomás de Torquemada! -gritó. Su arrugada cara (nunca fue hermosa, y ahora menos), mostró la peor de sus expresiones.

Un silbido musical sonó, cortando la estampa. La Reina Isabel sacó de su regazo un móvil, y lo manipuló, ante la atenta mirada del rey Fernando y Don Gonzalo.

- Es un whatsapp del Inquisidor Lucero -explicó la reina- que dice que ya ha terminado su trabajo en Jerez, y que se marcha a Córdoba para seguir con su función. Que Dios le tenga presente.

De repente se hizo el silencio en aquel lúgubre lugar. En el exterior el sol inundaba todo, pero allí, en aquella tienda real, con todo cerrado, lo único que brillaba era la luz de esa vela que estaba cerca de una imagen de Nuestra Señora.

- Bueno, -la Reina habló- Don Gonzalo, haced saber a todos que cuando conquistemos Granada y su Alhambra, haremos en ella lo que Fray Tomás de Varela... esto... quiero decir... Fray Tomás de Torquemada quiera hacer por el bien de la comunidad cristiana, así que, si tenemos que destruir torres, castillos, palacetes o cubículos del placer, lo haremos, por Nuestro Señor Jesucristo. Y lo haremos a nuestra manera.

Gonzalo Fernández de Córdoba, cuando oyó la proclama de la Reina Isabel de Castilla, no pudo evitar acordarse de sus "tropelías" en su tierra, en especial de la mutilación de la Mezquita-Aljama, y el desmonte de la noria de la Albolafia, que abastecía los jardines del Alcázar, porque molestaba su ruido.



¡Qué le vamos a hacer! ¡Con la monarquía hemos topao!

Menos mal que siempre nos quedará, entre otras cosas, la Alhambra.

Patio de los Leones



sábado, 18 de enero de 2014

Veure Barcelona

Observar Barcelona... un placer.
Hay en este mundo ciudades históricas y antiguas, modernas y nuevas, ciudades y villas populosas o de decenas de vecinos, villas y pueblos donde el arroyo de aguas cristalinas es el rey, junto a aquel bosque de álamos blancos que, después de amarillear, se desnuda, mostrando su esqueleto majestuoso y blanquecino. Lugares, al fin y al cabo, donde sobreviven personas que forman parte de su entorno y que a veces desconocen, o no quieren asumir, que su entorno es parte de sus vidas.

Ciudades de montaña, ciudades de mar, ciudades de piedra, ciudades de sal. Con fondos azules marinos, con fondos verdosos de montes, con fondos blancos de nieve... Lugares donde vivir, lugares donde amar.

Hoy vengo a mostrar en mi ventana una ciudad con fondos azules, verdosos, blancos, rojos y amarillos. Hoy saco a la red una ciudad para observar, para detenerse a analizar sus contrastes... abierta y al mismo tiempo autocomplaciente, ensimismada, asustada, acobardada por sinergias distintas a su ser, cosmopolita, culturizada, aperturista y aún así cerrada... obligada. Ella lo tiene todo, pero no tiene nada, porque la universalización de los lugares no estará nunca en manos de sus gobernantes, sino en el pueblo que les elige.

Veure Barcelona
Barcelona es una ciudad perfectamente organizada. Su viario urbano es, posiblemente, un ejemplo a seguir para el resto de ciudades del mundo. Ya en el siglo XIX sus urbanistas pensaron con un planteamiento entonces futurista y hoy acertado. Supieron plantear una protección de la zona histórica y un ensanche abierto, con calles anchas, con aceras peatonales amplias, apartando el flujo mecánico de los paseos peatonales, adaptado a su medio ambiente. Calles con lugares de encuentro en sus chaflanes que simulan plazas cada ciertos tramos.

El Ensanche
Si Amílcar Barca la fundó o no es actualmente aún un enigma. En cualquier caso, el emperador Augusto la romanizó creando, como en muchas de las ciudades europeas, el castrum inicial. De aquel pequeño poblado romano de Barcino, lejos hoy en la memoria de los barceloneses, solo les queda algún que otro digno resto que observar.

Necrópolis romana, musealizada (Plaza de la Villa de Madrid)
Restos del acueducto romano en Porta Ferrisa
Saltemos en la Historia, porque la Barcino romana se convierte en la gran urbe que hoy conocemos, a manos de urbanistas y arquitectos emprendedores que se saltan todas las normas del momento. En aquella época, a finales del XIX y principios del XX, con la cosa nacionalista ya refulgiendo, surgen iniciativas para la re-monumentalización de la ciudad. Su gran mentor: Antoni Gaudí.

Gaudí, una persona extremadamente religiosa, llevado por su iniciativa reformadora de los cánones arquitectónicos, y dispuesto a poner todo "patas arriba", inventa la Barcelona actual, imaginativa y geométrica, basada en las formas de la Naturaleza al servicio del disfrute de la vista. Un neobarroco personalizado, con mensajes neocontrarreformistas y al mismo tiempo rompedores, dentro del modernismo. Surge el estilo único e irrepetible, denominado gaudiano, exclusivo de la ciudad de Barcelona.

Ahí nace una nueva ciudad.

Los edificios se retuercen creando nuevas formas que se acercan a las que la Naturaleza y nos lo ofrece gratuitamente pero, en este caso, imaginadas por el ser humano.

La Pedrera
Azotea de La Pedrera
Casa Batlló
Y Gaudí, con el beneplácito de sus gobernantes, se inventa una nueva catedral allá en el ensanche, lejos de la interiormente gótica y exteriormente neogótica, para hacerle competencia. ¿Quién necesitaba una nueva catedral?

Fachada neogótica (Siglo XIX) de la catedral de Barcelona
Porque sí, Barcelona es gaudiana en muchos lugares, pero también es neogótica (siglo XIX), es decir, reconstrucciones regionalistas lejos de la originalidad. Edificios como el Ayuntamiento o el de la Generalitat están reconstruidos basados en el antiguo gótico, sin serlo.

Ayuntamiento de Barcelona
Ayuntamiento de Barcelona
Aún así, bonito.

Pero, llegado a este punto, uno se pregunta... ¿cómo es posible que una ciudad esté aún construyéndose una catedral? ¿es necesario que sea así? ¿qué necesidad hay para el ciudadano? ¿Es entendible que, con la que le está cayendo al de a pie, al que se levanta temprano cada día para ir a trabajar, al que no se levanta para ir a trabajar, al que cuenta su dinero por monedas cobreadas, sacadas de su bolsillo, que quien sea... no voy a especular... tenga aún grúas y andamios en una construcción lejana a las necesidades de las personas, al menos, que le sea útil para sobrevivir? ¿No hay otras cosas en las que gastarse los dineros?

Sin embargo, cuando uno la ve, a pesar de todo,... alucina.

No hay una construcción, religiosa o no, en el mundo que se parezca a esta.

Todo es especial, original, increíble, irrepetible... La catedral inacabada de la Sagrada Familia, con sus andamios, con sus grúas, con sus impersonales entradas para los turistas, con sus iconos religiosos, con su derroche, con su incomprensible estupidez... Todo ello, absolutamente todo ello, se olvida cuando uno entra en el templo y observa la luz, las formas, los colores, la imaginación del artista, uno queda anestesiado, y cuando sale de allí, posiblemente drogado por la belleza, pide perdón por no comprender.

Interior de la catedral de la Sagrada Familia
No voy a poner más fotos de la Sagrada Familia... no me atrevo.

Pero, si la Sagrada Familia de Barcelona es un lugar único y espectacular, también lo es el Parque Güell, hijo del mismo artista...

Parque Güell (Antoni Gaudí)
...pero yo me voy a quedar, como admirador de la Historia que soy, con un edificio más antiguo y, permítaseme, más auténtico (o no, qué más da). La verdad es que vengo absolutamente enamorado de esta construcción porque me parece igual de original que la Sagrada Familia pero más antigua, y construida con menos medios, o al menos más precarios. La esbeltez de sus columnas, el gracejo de su fachada, la magnificiencia de su planta, la altivez de sus torres...

De Barcelona, yo me quedo con la Iglesia de Santa María del Mar.

Fachada de Santa María del Mar
Interior de Santa María del Mar
Pero Barcelona tiene mucho más que ver, mucho más de que disfrutar y mucho más por descubrir. No hay espacio aquí, en este blog.



PD. Se ve que aquí también tienen influencias andalusíes, con arcos con dovelas rojiblancas como las de la Mezquita de Córdoba.