sábado, 8 de marzo de 2014

¿Cómo describir la Alhambra?

La Alhambra, vista desde el Albaycin
Después de un atento saludo y un abrazo de amistad, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán montó sobre la grupa de su caballo en la plaza de armas de la Alcazaba, y levantó levemente el brazo a modo de despedida, dirigido al rey nazarí Boabdil, enviándole al mismo tiempo una sonrisa de complicidad. Cuando sus dos guardaespaldas se situaron a sus flancos, ordenó con un gesto la marcha, camino de la salida.

No era la primera vez que atravesaba aquella Puerta Roja, pues siendo, como era, embajador y negociador de paz o guerra con los moros, pudo pisar en varias ocasiones los suelos marmolados y policromados del palacio nazarí, disfrutar de sus vistas, y retozar entre sus muros, entre acuerdo y acuerdo, mientras sonaban acordes árabe-andalusíes

Puerta Roja (actual Puerta del Vino) desde dentro
Al salir de la Puerta Roja, detuvo la comitiva, se bajó del caballo y se dirigió al ambigú allí habilitado para tomar un café de máquina. No era un Nespreso, pero estaba bueno o, al menos, calentito. Bajó por las escaleras interiores y, después de guardar la cola correspondiente, alivió su vejiga. Le "daba cosa" pedírselo al rey Boabdil, así que tuvo la pertinente paciencia para esperar y hacerlo fuera de tan excelso palacio. Al volver a su caballo, reculó su mirada para deleitarse con la fina decoración exterior de la antedicha puerta.

Puerta Roja (actual Puerta del Vino) desde fuera
La bajada hacia Granada no fue fácil. La Cuesta de Gomérez (¡vaya nombre!, ¡como se entere Boabdil!) tiene una pendiente del chorroquecuántos por ciento, así que había que tirar de la grupa para retener la caballería. Una vez abajo, la Plaza Nueva estaba llena de desempleados buscándose la vida. Una plaza muy animada.
Plaza Nueva
Don Gonzalo y su comitiva se detuvieron a la salida de la calle Gomérez y entrada a Plaza Nueva para sopesar la situación. Decenas de parados tomaban la plaza, y unos cuantos de carricoches de hierro y ruedas neumáticas reposaban en zonas estratégicas ante la atenta mirada de la policía local de Granada. La tensión se hizo extrema, y Don Gonzalo se sintió en la necesidad de tomar una determinación. ¿Qué hacer ante semejante estado? Su educación militar castellana le llamaba a desenvainársela y ponerse a cortar cabezas y preguntarles luego qué estaban haciendo, pero se acordó de Boabdil y de su "misión", así que se contuvo, avanzó, observó, analizó, y decidió "darse una vuelta".

Don Gonzalo Fernández de Córdoba y sus guardaespaldas giraron a su derecha para dirigirse a la Carrera del Darro, pero la policía local les detuvo.

- Buenos días, lo siento pero no pueden pasar con sus caballerías por esta zona. Está restringida al transporte público y "vehículos autorizados".

- Poseo visado del propio rey Boabdil. -dijo con desdén Don Gonzalo, al mismo tiempo que hacía un gesto de petición a su guardaespaldas de entregarle el documento que le acreditaba. Cuando lo hubo cogido, se lo entregó al policía municipal, sin mirarlo.

El policía agarró el papiro, tan grande como una cartulina de colegio, lo desenrolló sobre el capó del coche, y lo intentó leer.

Inscripción en una pared del Patio de Los Leones
- Bueno, señor Mawlana Alsultan ibn Abdallah... ¡bi Allah!, usted sí que tiene acceso, pero no sus acompañantes. Esto es zona restringida.

El Gran Capitán hizo un gesto de aprobación. No en vano era un experto en negociaciones.

- Volved a Santa Fe. Yo iré más tarde. -ordenó.
- Señor, puede ser peligroso.
- Sé moverme por esta ciudad. No tengo miedo, mi espada me acompaña. Obedeced.

Sus guardaespaldas se retiraron, camino de Santa Fe, y Don Gonzalo se propuso disfrutar del entorno, así que se dirigió hacia la Carrera del Darro, con trote borriquero y altiva pose. La mezquita de Al-Mansura fue lo primero que le llamó la atención. Se abría a la Plaza Nueva con llamativa exposición.

Mezquita de Almanzora, hoy Iglesia de Santa Ana
Al poco, el Darro, aquel que en su Poema "A Córdoba", Luis de Góngora, con nostalgia de su tierra, llamara Dauro.

Río Darro
Subiendo la Carrera, Don Gonzalo tuvo que hacerse a un lado para dejar paso a aquellos carricoches de hierro y ruedas neumáticas, que achuchaban con prepotencia a los desempleados hacia los lados de la calle. Sintió deseos de sacar su espada triunfadora, pero se detuvo en sus instintos, sabedor de que era extranjero en tierra extraña. Se hizo a un lado y balbuceó improperios hacia sí.

Invasión de vehículos de hierro y ruedas neumáticas
En sus pensamientos estaba cuando de repente salió a su paso una mirada conocida. Con sonrisa "profident"; aquel elemento soltó una carcajada y gritó: "¡Guunssalo, Guunssalo! ¿Qué tasiendo tú aquí, en Graná?"

Don Gonzalo se estiró y puso en guardia en principio, pero cuando reconoció a su amigo Muhammad ibn Said, saltó del caballo y se dirigió a él para abrazarle.

- ¡Príncipe, cuánto tiempo! -gritó Gonzalo.
- Ja, ja, ja,... Guunssalo, toavía me llamas prínsipe?
- Claro, amigo. ¿Qué es de tu vida?
- Bueno, sigo vivo. Me mantengo aquí, en el Albaycin, esta especie de ciudad que vive de lo sobrante de nuestros reyes, allí en lo alto, ellos,  separados de nosotros por el Darro.
- Pero, te veo bien, hueles bien, se te ve bien.
- Es que vengo del Bañuelo, que no hay mejor forma de hacerse feliz que sentirse uno limpio.
- ¡Cuánto anhelo los baños de Córdoba!
- Vente, Gonzalo. Este hamman te va a satisfacer. Ven conmigo.

Entrada a El Bañuelo
Después de despedirse de su amigo Muhammad, Don Gonzalo recorrió las callejuelas del Albaycin, que le recordaban al barrio de la Mezquita de Córdoba. Comió rápidamente cualquier cosa mientras se alimentaba de las vistas y aromas de la ciudad nazarí. Aquellas montañas nevadas fueron el postre y la merienda. Las estrechas calles y el agua de lluvia bajando por ellas supusieron el licor que redime y apacigua la comilona.

Al pasar por la Puerta de Elvira, Don Gonzalo se vuelve a hacer altivo, saca de sí su simiente militar y su lealtad a sus pagadores le incitan a ser fiel a su misión.

- Esta puerta es fácil. -piensa.

Puerta de Elvira
Atrás deja Granada.

Atrás deja amigos y entornos familiares.

Se dirige a Santa Fe.

Cuando llega, Gonzalo se siente extraño. Se intenta situar, pero todo es distinto a su ser, a lo que le pide su alma.

El campamento militar que los reyes de Castilla y Aragón han montado en Santa Fe se muestra frío, escandinavo, gótico y germánico. Sin embargo, su alto nivel de lealtad le hace mantener su serenidad.

Los reyes de Castilla y Aragón han creado una especie de ciudad cuadriculada, en medio de la cual se alza el pabellón central de sus majestades, donde se toman las decisiones y se reciben las audiencias. Un ujier le abre las cortinas que dan acceso a la jaima donde se supone que están los reyes esperándole.

Al entrar, lo primero que le llama la atención a Don Gonzalo es el olor.

Después de visitar la Alhambra y Granada, donde los olores a especias, jabones y tés lo inundan todo, entrar en aquella estancia con olor a ... ¿humanidad?... con olor a... pescadería con pescados en mal estado... a gambas y mejillones... el estómago se le rebota.

Don Gonzalo tuvo que reprimir un ansia, y recompuso su altivez.

Hizo una reverencia y esperó a las órdenes.

- Levantaos, Don Gonzalo, subid vuestra mirada y poneos cómodo.

Gonzalo Fernández de Córdoba  hizo lo posible por levantarse sin llevarse los dedos a la nariz.

- Servidor de Vuestras Excelencias -dijo solemnemente mientras miraba aquella oscura estancia, solo iluminada por una exigua candelería cercana a una imagen de la Virgen en el fondo de la habitación.

El Rey ordenó al servicio que abandonara el lugar, observando cuidadosamente el rítmico movimiento de los glúteos de una de las sirvientas que, sabiéndose observada, exageraba en cierto modo su retirada. Al atravesar la cortina, la sirvienta volvió su cabeza para hacerse con la mirada del rey, para comprobar que había sido vista. El rey sonrió.

La reina Isabel, que se había dado cuenta de todo, intentó quitar hierro a la cosa, y se dirigió al Gran Capitán.

- Bueno, Don Gonzalo, ¿qué habéis conseguido de Boabdil?

- Más bien poco, Majestad. El rey Boabdil no es ya sí, sino una marioneta en manos de su madre Aixa. Él no dirige ya los destinos de su reino, y está asustado y huidizo.

- ¿Habéis conseguido algún trato con él? ¿Le habéis dicho que los reyes de Castilla y Aragón son magnánimos y pretenden la libertad religiosa y jurídica de su reino a cambio de su sumisión?

- ¡No! -exclamó la reina- Primero quiero que me describáis el lugar. Ese palacio que desde Santa Fe se ve como un nido de palomas posado sobre un pastel de calabaza, rodeado de plantas de lavanda y coronado de gotas de leche. Quiero primero saber cómo es aquel lugar.

Gonzalo elevó su mirada y semicerró sus ojos, intentando recordar. Suspiró, y sonrió.

- Majestad, -dijo- Quizás sea la misión más difícil que me habéis encomendado. Describir la Alhambra resulta casi imposible. Porque la Alhambra no es solo un palacio, no son solo sus jardines, sus torres o murallas. La Alhambra tiene olores, tactos, sonidos, temperaturas, emociones, sensualidad, humanidad, poesía,... ¿Cómo describir la Alhambra?

El Generalife
- ¿Cómo describir la Alhambra, Majestad? Un palacio deslumbrante, hecho expresamente para deslumbrar, para disfrute de la vista y de todos los sentidos. Donde lo importante es la emoción...

Palacio de Comares
- ¿Cómo describir la Alhambra, Majestad? Todo está hecho para verlo, para observarlo...

Patio de los Arrayanes
- ¿Quién aquel que visita la Alhambra no se acuerda de sus olores? ¿Quién aquel que visita la Alhambra no se estremece con sus formas, sus mocárabes, su suelos policromados, sus cúpulas que invitan a observar el infinito? La estrella de ocho puntas,... una y otra vez.... siempre presente...
Mocárabes entre cúpulas.
- ... sus inscripciones cúficas y ataurique incrustadas en sus paredes... Uno, Majestad, qurtubano como es, no deja de rememorar cómo sería la ciudad de al-Zahra, en Córdoba, cuando los castellanos pagaban tributo a los andalusíes, si esta maravilla que hoy vemos, fue construida cuando eran ellos los que pagaban los tributos a los castellanos. Si es así sin recursos, ¿cómo no sería aquello con abundancia?

Decoración de ataurique
- Don Gonzalo -interrumpió Fernando de Aragón- Parece que os habéis enamorado de la Alhambra. ¿Acaso olvidáis quién os paga?.

El rey aragonés comenzó a sentirse ofendido.

- Ese palacio será vuestro y de vuestra excelsa Majestad, vuestra esposa, reina de Castilla. Y es eso lo que yo pretendo. Pero eso no quita que sepa valorar lo que en aquel promontorio rodeado de ríos y protegido por las nieves de las montañas nos muestra, y así os lo debo hacer saber.

Fernando sacó de su túnica un cigarrillo electrónico, pulsó varias veces el botón, y comenzó a vapear ininterrupidamente, mirando fijamente a los ojos del cordobés.

- Seguid describiéndonos aquel "nido de águilas" que la reina y yo pretendemos conquistar... ¡seguid!

Gonzalo Fernández de Córdoba, ese Gran Capitán que tanto dio al rey Fernando en su quimera por crear un imperio comercial que abarcara entre Almería, Marsella, Génova, Roma y Sicilia, y que tuvo que abandonar por la obsesión de su esposa por Portugal y Al-ándalus, se sintió más humilde que nunca expresando sus sentimientos con la Alhambra.

Atauriques del Palacio de Comares
La Reina Isabel intervino:

- Habéis dicho que la Alhambra es sensual. ¿Por qué? Me han dicho que aquello es el cubículo del Diablo, y que las damas se ofrecen a los hombres sin preguntar, sin la aceptación de sus padres u otra familia, sin distinción de clases. ¿Es eso así?

- Todo está dentro de la intimidad, mi Reina. -Gonzalo sabía de lo que hablaba- Y todo está dentro de la normalidad y aceptación. Nadie es forzado. Nadie es obligado. Y, sí: los lugares de la Alhambra invitan a la intimidad. Es un lugar mágico que ensalzan lo natural y lo instintivo.

Gonzalo rememoró imágenes...

Generalife
Palacio de Comares
- Las mujeres se encuentran escondidas detrás de las celosías y de los muros, en lugares concretos... -Gonzalo recordó la mirada de aquella joven que se asomó detrás de una de las columnas del Patio de los Leones, cubierta con su velo, y cuyos ojos negros azabache penetraron en su ser de una forma... distinta.

- Me han contado que aquello es como Sodoma y Gomorra, mi fiel Gonzalo, y eso no lo podemos permitir en Castilla. -su mirada se dirigía, más que a los ojos del Gran Capitán, a su entrepierna, por si los recuerdos de su visita sensual a la Alhambra tenían "respuesta" en el fluir de su sangre.

- Aquellos lugares son sensuales, pero no pecaminosos, Majestad -quiso Don Gonzalo quitar hierro.

- ¿Y qué diferencia hay?

Gonzalo no supo responder.

- Cuando hayamos tomado la plaza y palacio -promulgó la reina Isabel- que sea Fray Rouco Varela el que decida el nivel de degradación y la consagre al catolicismo.

Ambos, Gonzalo y Fernando, se miraron con extrañeza, y una sonrisa cómplice se dibujó en sus caras.

La reina se dio cuenta.

- ¡Quise decir, Fray Tomás de Torquemada! -gritó. Su arrugada cara (nunca fue hermosa, y ahora menos), mostró la peor de sus expresiones.

Un silbido musical sonó, cortando la estampa. La Reina Isabel sacó de su regazo un móvil, y lo manipuló, ante la atenta mirada del rey Fernando y Don Gonzalo.

- Es un whatsapp del Inquisidor Lucero -explicó la reina- que dice que ya ha terminado su trabajo en Jerez, y que se marcha a Córdoba para seguir con su función. Que Dios le tenga presente.

De repente se hizo el silencio en aquel lúgubre lugar. En el exterior el sol inundaba todo, pero allí, en aquella tienda real, con todo cerrado, lo único que brillaba era la luz de esa vela que estaba cerca de una imagen de Nuestra Señora.

- Bueno, -la Reina habló- Don Gonzalo, haced saber a todos que cuando conquistemos Granada y su Alhambra, haremos en ella lo que Fray Tomás de Varela... esto... quiero decir... Fray Tomás de Torquemada quiera hacer por el bien de la comunidad cristiana, así que, si tenemos que destruir torres, castillos, palacetes o cubículos del placer, lo haremos, por Nuestro Señor Jesucristo. Y lo haremos a nuestra manera.

Gonzalo Fernández de Córdoba, cuando oyó la proclama de la Reina Isabel de Castilla, no pudo evitar acordarse de sus "tropelías" en su tierra, en especial de la mutilación de la Mezquita-Aljama, y el desmonte de la noria de la Albolafia, que abastecía los jardines del Alcázar, porque molestaba su ruido.



¡Qué le vamos a hacer! ¡Con la monarquía hemos topao!

Menos mal que siempre nos quedará, entre otras cosas, la Alhambra.

Patio de los Leones



sábado, 18 de enero de 2014

Veure Barcelona

Observar Barcelona... un placer.
Hay en este mundo ciudades históricas y antiguas, modernas y nuevas, ciudades y villas populosas o de decenas de vecinos, villas y pueblos donde el arroyo de aguas cristalinas es el rey, junto a aquel bosque de álamos blancos que, después de amarillear, se desnuda, mostrando su esqueleto majestuoso y blanquecino. Lugares, al fin y al cabo, donde sobreviven personas que forman parte de su entorno y que a veces desconocen, o no quieren asumir, que su entorno es parte de sus vidas.

Ciudades de montaña, ciudades de mar, ciudades de piedra, ciudades de sal. Con fondos azules marinos, con fondos verdosos de montes, con fondos blancos de nieve... Lugares donde vivir, lugares donde amar.

Hoy vengo a mostrar en mi ventana una ciudad con fondos azules, verdosos, blancos, rojos y amarillos. Hoy saco a la red una ciudad para observar, para detenerse a analizar sus contrastes... abierta y al mismo tiempo autocomplaciente, ensimismada, asustada, acobardada por sinergias distintas a su ser, cosmopolita, culturizada, aperturista y aún así cerrada... obligada. Ella lo tiene todo, pero no tiene nada, porque la universalización de los lugares no estará nunca en manos de sus gobernantes, sino en el pueblo que les elige.

Veure Barcelona
Barcelona es una ciudad perfectamente organizada. Su viario urbano es, posiblemente, un ejemplo a seguir para el resto de ciudades del mundo. Ya en el siglo XIX sus urbanistas pensaron con un planteamiento entonces futurista y hoy acertado. Supieron plantear una protección de la zona histórica y un ensanche abierto, con calles anchas, con aceras peatonales amplias, apartando el flujo mecánico de los paseos peatonales, adaptado a su medio ambiente. Calles con lugares de encuentro en sus chaflanes que simulan plazas cada ciertos tramos.

El Ensanche
Si Amílcar Barca la fundó o no es actualmente aún un enigma. En cualquier caso, el emperador Augusto la romanizó creando, como en muchas de las ciudades europeas, el castrum inicial. De aquel pequeño poblado romano de Barcino, lejos hoy en la memoria de los barceloneses, solo les queda algún que otro digno resto que observar.

Necrópolis romana, musealizada (Plaza de la Villa de Madrid)
Restos del acueducto romano en Porta Ferrisa
Saltemos en la Historia, porque la Barcino romana se convierte en la gran urbe que hoy conocemos, a manos de urbanistas y arquitectos emprendedores que se saltan todas las normas del momento. En aquella época, a finales del XIX y principios del XX, con la cosa nacionalista ya refulgiendo, surgen iniciativas para la re-monumentalización de la ciudad. Su gran mentor: Antoni Gaudí.

Gaudí, una persona extremadamente religiosa, llevado por su iniciativa reformadora de los cánones arquitectónicos, y dispuesto a poner todo "patas arriba", inventa la Barcelona actual, imaginativa y geométrica, basada en las formas de la Naturaleza al servicio del disfrute de la vista. Un neobarroco personalizado, con mensajes neocontrarreformistas y al mismo tiempo rompedores, dentro del modernismo. Surge el estilo único e irrepetible, denominado gaudiano, exclusivo de la ciudad de Barcelona.

Ahí nace una nueva ciudad.

Los edificios se retuercen creando nuevas formas que se acercan a las que la Naturaleza y nos lo ofrece gratuitamente pero, en este caso, imaginadas por el ser humano.

La Pedrera
Azotea de La Pedrera
Casa Batlló
Y Gaudí, con el beneplácito de sus gobernantes, se inventa una nueva catedral allá en el ensanche, lejos de la interiormente gótica y exteriormente neogótica, para hacerle competencia. ¿Quién necesitaba una nueva catedral?

Fachada neogótica (Siglo XIX) de la catedral de Barcelona
Porque sí, Barcelona es gaudiana en muchos lugares, pero también es neogótica (siglo XIX), es decir, reconstrucciones regionalistas lejos de la originalidad. Edificios como el Ayuntamiento o el de la Generalitat están reconstruidos basados en el antiguo gótico, sin serlo.

Ayuntamiento de Barcelona
Ayuntamiento de Barcelona
Aún así, bonito.

Pero, llegado a este punto, uno se pregunta... ¿cómo es posible que una ciudad esté aún construyéndose una catedral? ¿es necesario que sea así? ¿qué necesidad hay para el ciudadano? ¿Es entendible que, con la que le está cayendo al de a pie, al que se levanta temprano cada día para ir a trabajar, al que no se levanta para ir a trabajar, al que cuenta su dinero por monedas cobreadas, sacadas de su bolsillo, que quien sea... no voy a especular... tenga aún grúas y andamios en una construcción lejana a las necesidades de las personas, al menos, que le sea útil para sobrevivir? ¿No hay otras cosas en las que gastarse los dineros?

Sin embargo, cuando uno la ve, a pesar de todo,... alucina.

No hay una construcción, religiosa o no, en el mundo que se parezca a esta.

Todo es especial, original, increíble, irrepetible... La catedral inacabada de la Sagrada Familia, con sus andamios, con sus grúas, con sus impersonales entradas para los turistas, con sus iconos religiosos, con su derroche, con su incomprensible estupidez... Todo ello, absolutamente todo ello, se olvida cuando uno entra en el templo y observa la luz, las formas, los colores, la imaginación del artista, uno queda anestesiado, y cuando sale de allí, posiblemente drogado por la belleza, pide perdón por no comprender.

Interior de la catedral de la Sagrada Familia
No voy a poner más fotos de la Sagrada Familia... no me atrevo.

Pero, si la Sagrada Familia de Barcelona es un lugar único y espectacular, también lo es el Parque Güell, hijo del mismo artista...

Parque Güell (Antoni Gaudí)
...pero yo me voy a quedar, como admirador de la Historia que soy, con un edificio más antiguo y, permítaseme, más auténtico (o no, qué más da). La verdad es que vengo absolutamente enamorado de esta construcción porque me parece igual de original que la Sagrada Familia pero más antigua, y construida con menos medios, o al menos más precarios. La esbeltez de sus columnas, el gracejo de su fachada, la magnificiencia de su planta, la altivez de sus torres...

De Barcelona, yo me quedo con la Iglesia de Santa María del Mar.

Fachada de Santa María del Mar
Interior de Santa María del Mar
Pero Barcelona tiene mucho más que ver, mucho más de que disfrutar y mucho más por descubrir. No hay espacio aquí, en este blog.



PD. Se ve que aquí también tienen influencias andalusíes, con arcos con dovelas rojiblancas como las de la Mezquita de Córdoba.



lunes, 30 de diciembre de 2013

Dosmiltrece...

Enero
Comience el video y siga la letra hacia abajo en el blog. Es mi resumen personal del año 2013.




Every morning, when I wake up yawning
I'm still far away

Trucks still rolling through the early morning
To the place we play...

Boy, you're home, you're dreaming, don't you know
the tour's still far away...

Febrero
Boy, you're home, you're dreaming, don't you know
You're having just a break...

Dream we're going out on stage, it feels like coming home again
Dream we're going out on stage, it feels like coming home again
Dream we're going out on stage, it feels like...

Marzo
....Year after year, out on the road
It's great to be here to see you all
I know for me it is like... coming home

Abril
Day after day, out on the road
There's no place to far that we wouldn't go
We go wherever you like... to rock'n'roll.

Mayo
Jump on the seats, puts your hands in the air
Gimme a shout... let me hear you're out there!
The wilder you scream for some more rock'n'roll.
The higher we'll go!

Junio
Year after year, out on the road
It's great to be here to rock you all
I know for me it is like
Coming home... coming home

Julio
I know for me it is like... coming home

Agosto
...Coming home... like coming home

Septiembre
 coming home...

Octubre
Like coming home...coming home...

Noviembre
Like coming home.... coming home.

Diciembre
Feliz año 2014.

Hope to rock you all.

Fuerza, salud y dignidad.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Aquel primer amor que nunca se olvida

Llanete de la Cruz (montilladigital.com)

Una vez lleno de agua el cántaro de dos arrobas en la Fuente de San Blas, el llanete de la Cruz era "algo más" que un llano; una pendiente que subía hacia el Llano Palacio, ese lugar adonde asomaban las bodegas de Tomás García y la Casa del Señor de Aguilar, con aquel arco que llevaba a la placita en la que estaba la puerta de las monjas de Santa Clara, inundada de aromas de tortitas hechas con manteca y azúcar pero, sobre todo, con mucho cariño. Ese cariño ya se sentía en el compás del convento, con su correspondiente silencio y su relajante arquitectura, mística y al mismo tiempo mundana. Su patio empedrado era, y es, un fresco lugar donde los niños saltaban de poyo en poyo, de escalinata en escalinata, observando de soslayo la portada goticista que ese arquitecto de la capital quiso poner allí como fondo teatral al más hermoso sonido de la música: la risa de los chiquillos.

Patio de Santa Clara
Pero Conchi ya solo iba allí cuando su padre la llevaba a los Maitines cada año por Pascua. Su madre murió hacía ya un par de ellos en el Hospital de Agudos de Córdoba, desgarrada por el agua de aquel vaso que alguien puso a su alcance en la mesita cercana, después de una operación de hernia, y que abrió sus entrañas hasta desgarrarla.

Hospital de Agudos (Córdoba)
Con el cántaro en la cintura, Conchi pudo subir la cuesta y llegar hasta el Paseo de Cervantes, donde una chiquillería rompía el silencio con sus juegos. Estaban montando la feria del Santo, y los operarios se gritaban unos a otros dándose órdenes y coordinándose en los trabajos. Ella miró durante unos minutos cómo los obreros colocaban la estructura de la atracción que más le gustaba a ella: los voladores. Las vigas se ensamblaban entre sí mientras la base de madera iba siendo cuidadosamente colocada a base de puntillas y martillo. Los sonidos retumbaban en la fachada del palacio renacentista del fondo de la plaza.

Frente a aquel palacio, haciendo esquina, Conchi observó por unos instantes las ventanas de la que fuera su casa, y que era parte de la bodega de vinos de Tomás García. Recordó momentos de infancia temprana y una sonrisa apareció en su rostro. Su madre estaba en esos recuerdos. Sin embargo, el cántaro seguía pesando igual, tanto que le hizo cambiar el lugar de apoyo en su cintura, de la izquierda a la derecha.

Palacio del Señor de Aguilar a la izquierda y la casa de Conchi enfrente, haciendo esquina.
El Paseo de Cervantes era un hervidero de chiquillos jugando y chillando y obreros montando casetas y atracciones. Frente a él, la campiña se mostraba como un mar de viñas y de olivos, con lomas infinitas bendecidas por la imagen de Jesús Nazareno en Semana Santa desde este mismo lugar.

Paseo de Cervantes
Aquella estampa se detuvo de repente.

Desde un banco de piedra cercano a la escalinata de acceso sureste del parque, un muchacho delgado y moreno lanzaba destellos de humildad y tristeza por sus profundos ojos negros cubiertos por grandes pestañas que parpadeaban con pereza. Conchi, casi sin quererlo, se acercó a él, y al verla llegar, aquel chiquillo pestañeó más despacio que nunca, como los abanicos en primavera. La profundidad de sus ojos dejó a Conchi paralizada.

- Hola. -El niño rompió el hielo.

A Conchi le costó hablar. Se lo pensó, miró a un lado y a otro, como buscando ayuda.

- ¿Cómo te llamas? -preguntó casi sin creérselo ella misma.

- Me llamo José Carlos, pero todos me llaman Carlitos.

- ¿Tienes sed?

Carlitos movió la cabeza casi de forma infantil. Ya debía tener unos doce o trece años, pero parecía menor.

- ¿Quieres agua?

Carlitos volvió a mover la cabeza de arriba a abajo como un niño pequeño, mientras su sonrisa y su mirada se clavaban en la mente de Conchi, quien, sin pensárselo dos veces, le ofreció el agua del cántaro. Carlitos bebió dando tres profundos tragos y luego se secó la boca con la manga de la camisa, satisfecho.

- ¿Y tú?

- Conchi, vivo ahí arriba, en San Sebastián.

El niño se encogió de hombros.

- ¿No eres de aquí?

- No. Trabajo en el circo.

Un niño se cayó allá pegado al cine Cervantes y empezó a llorar desconsoladamente. Carlitos y Conchi se miraron y sonrieron.

- ¿Por qué vas tú a por el agua a la fuente?

- Mi madre murió hace dos años, y ahora es mi hermana Paca la que lleva la casa. Ella es la que ordena todo y la que hace la comida, y la que va a comprar, y la que dice lo que tenemos que hacer...

- Mi madre también murió.

Silencio....

Paseo de Cervantes
Más silencio...

Los ojos del muchacho se dirigen hacia una carpa que montan junto a las escaleras.

- ¿Qué es eso?

- La Caseta de los señoritos.

Alguien discute con otro por cómo debe ponerse el toldo, y Conchi y Carlitos se miran y se encogen de hombros. ¿De qué hablan? Se preguntan.

Conchi agarra de la mano a Carlitos y se lo lleva a las escaleras, donde sus amigas juegan a saltar desde lo más alto de ellas. Los cántaros se acumulan en el rellano, y la competición comienza. Hay que saltar desde dos, desde tres, desde cuatro escalones. Conchi lo hace desde seis, cae al rellano con gracia y se levanta orgullosa. Carlitos ríe. Le falta un diente. Detrás de él el señorito pone pegas a la carpa que están levantando para la feria, pero él se vuelve, lo mira, y no lo entiende.

Conchi le anima a saltar.

- No puedo. Me tengo que ir. -Carlitos mira al sol y de repente se da cuenta de que es tarde. Dice adiós con vergüenza y se va.

- Adiós Conchi.

Conchi no responde, y lo ve irse con prisa. Está triste.

Se despide de sus amigas y con pena sube la cuesta de la Calle del Muladar hacia la Calle de San Sebastián, con el cántaro en su cintura. A medio camino le falta la respiración. Está pensando, se acuerda de aquellos ojos profundos, llenos de tristeza, de la sonrisa forzada, de la piel brillante de sus manos, aceitunada, las uñas claras, aquellos labios sonrosados... Se le saltan las lágrimas y se acuerda de su madre... ¡Mamá! ¡Necesito hablar contigo! ¿Dónde estás?... ¡Mamá!

Al pasar junto a la iglesia de San Sebastián, Conchi mira la escalinata y un nudo se le hace en la garganta.

Iglesia de San Sebastián
No sabe lo que le pasa, pero de repente siente que tiene necesidad de ver otra vez aquellos ojos tristes del chiquillo del circo, necesita tocar sus manos, oler su cuerpo, agarrar su cintura. Se siente herida, ausente de este mundo... ¡Mamá! ¿Dónde estás?

Al llegar a casa, su hermana Paca le estaba esperando.

- Ya mismo están aquí tu padre y tus hermanos y yo todavía no he echado el agua al puchero. Son ya las diez de la mañana y ¡tú por ahí de pingoneo! Vete ahora mismo a por el pan.

-¿Y Aurorita? ¿Por qué no va ella? Yo ya he ido a por el agua.

- La Aurori está jugando al fútbol en el Llano Palacio con tus primos. La panadería está más cerca que el Llano Palacio, así que tú verás.

Conchi apretó los puños, respiró hondo y salió al portal. De repente se detuvo a escuchar. Se sentó en la casapuerta y llevó su mirada al cielo. Estaba escuchando los pasos de su madre bajando por la Calle de la Enfermería, esos pasos decididos que retumbaban en las casas. Sí, ¡era su madre!

- ¿Qué haces ahí Conchi? -le pareció escuchar de su madre.

- La estoy esperando, madre. Reconozco sus pasos desde que sale de la panadería.

- ¿Y ese chiquillo, Conchi? ¿Quién es ese chiquillo?

- No lo sé, madre. Quiero que usted me lo diga. ¿Qué me pasa?

- Ve a San Francisco Solano y pídele por ti y por mí, y cuando pasen los años, tráete aquí a tus hijos y tus nietos, llévalos a tu casa, a tus lugares de regocijo y de trabajo, recuérdales lo que eras y lo que hiciste, lo que fuiste y lo que querías ser, lo que hacías y lo que querías hacer, tus anhelos y tus miedos. Siéntete orgullosa de ser montillana, de haber trabajado por los tuyos y haber deformado tus manos trabajando, y nunca olvides aquellos tristes ojos de grandes pestañas que en el Paseo de Cervantes, aunque solo fuera por unos minutos, te hicieron sentir mujer, para siempre.

- ¡Madre!

San Francisco Solano
El tiempo pasa, pero las cosas no se olvidan.

Conchi recuerda día a día, le preguntes o no, su infancia en Montilla: su casa en las Bodegas de Tomás García, en la Calle San Sebastián, su colegio de las franciscanas, la feria del Santo en el Llano Palacio, los arcos de la Puerta de Aguilar, los paseos en la Plaza de la Rosa, su iglesia de Santiago, la Calle de la Corredera, la panadería de Manolito Aguilar y la de Bellido...

Puerta de Aguilar (todocolection.net)
Plaza de la Rossa
Santiago
Pero Conchi no olvidará jamás aquellos ojos tristes y aquellos labios que un día bebieron de su cántaro de agua fresca de San Blas, en el Paseo de Cervantes, y que como vinieron se fueron. Ese chiquillo del circo supuso un  paréntesis en la rutina de una muchacha, que con el tiempo, fue cobijo uteriano a este que hoy les escribe, y de la que se siente más orgulloso que nunca: Mi madre.

Hoy, esta estampa, se enmarca entre goticismos y platerescos en la foto, pero nadie sabrá jamás lo que significa en sí el tenerla aún con nosotros y tener la oportunidad de hacerla feliz.

Mamá