| Las Gachas Negras |
Hace 2.000 años en este lugar existían unas Thermae romanas (¡en plena sierra cordubensis, incluso restauradas por el emperador Tiberio!) que daban servicio a las probablemente cientos de personas que se dedicaban a la extracción y metalurgia del cobre, creando una especie de distrito o poblado minero de relevancia.
La cordobesa barriada periférica de Cerro Muriano tiene un Museo_del_Cobre/ con una cantidad de piezas arqueológicas dignas de hacerle una visita. Nos ha sido grato comprobar la cantidad y calidad de las piezas expuestas. El horario de su visita es, en sábado, por las tardes, pero una amable señorita nos ha solucionado el problema y abierto las puertas que habría que abrir, e incluso explicado el orden cronológico para verlo. Todo un alarde de generosidad cultural: nuestro mayor agradecimiento por su disposición y sentido común.
El museo ocupa hoy lo que fuera el Cuartelillo de la Guardia Civil.
| Museo del Cobre |
Hasta cuarenta personas llegamos a compartir una Navidad inolvidable detrás de esa valla. Un día la electricidad se había ido y solo alumbraba la flama de la chimenea. Salimos a la explanada detrás de esa verja cantando una canción infantil: "¡Tonto, cara cartón, cara pepino, cara melón, que tienes cara de primarrón! ¡Y busque compaña, y busque compaña, que a mi niña cualquiera la engaña! ¡Y dejarla sola, y dejarla sola, que mi niña parece una bola! ¡Y bola que bola, y bola que bola...! ¡Tonta, cara cartón,...!" Y una y otra vez... Navidades en familia.
Esa verja, además, era una de las porterías para jugar al fútbol. Los primos catalanes que venían en verano(catalanes cuando venían a Andalucía y andaluces cuando volvían a Cataluña; nuestros inmigrantes) eran del Barça, y los demás éramos del Córdoba, del Madrid, o del Atleti. La actual carretera era de tierra, y daba igual que fueran las cuatro de la tarde o las nueve de la mañana: un partido era un partido.
Luego bajábamos al pino para coger piñones, y pasábamos la tarde-noche partiendo piñones. Hoy "El Pino" es parte del Centro de Día de Mayores de la barriada.
| El Pino |
En la siesta, mientras los mayores dormían en verano a "patasuelta", los primos nos íbamos a investigar los alrededores, a los que teníamos puestos nuestros particulares nombres. "Las Minas" eran el lugar estrella: lugares recónditos, escaleras que no llevaban a ninguna parte, pozos cegados, arcos y construcciones extrañas, plagadas de víboras, escorpiones y garrapatas. ¡A ver quién salta más y mejor!
Esas piedras que pisábamos nos marcaban nuevos caminos y rutas a mejores aventuras juveniles. Retos que superar y explorar, como la pared de los nidos de abejarucos...
... ¿pero eran de verdad de abejarucos? ¡Qué más da!
O los saltos en "Las Piedrecitas"...
... o echarle huevos asomándote al borde de "Las Gachas Negras", una montaña artificial formada por las escorias de la fundición; un ejemplo de lo que era entonces la "¿gestión de residuos?" y que hoy forma un paraje extraño e incomprensible. Aún así, nosotros también lo disfrutamos.
Pero lo que más nos gustaba era subirnos a "Los Leones". Hoy en día les llaman "Piedra Horadada"...
... y además le han puesto una especie de "muleta" en la pata derecha del león macho. Pero todos los conocemos como "Los Leones", porque en realidad son dos leones, uno macho, a la izquierda, y otro hembra, a la derecha, que se están dando un beso, probablemente con lengua. ¿Alguien lo duda?
¿Cuántos de nosotros subimos a la melena del león macho? ¿Cuántas veces? Mejor no contarlo.
Pero tanto las minas...
... como el entorno...
... como el conjunto arqueológico del Cerro de la Coja...
... que tuvieron que volver a tapar por falta de financiación. ¡Como si no hubiera arqueólogos e historiadores en el mundo dispuestos a destapar restos romanos! (no son buenos tiempos para la cultura)
Como decía, todo ello, estaba y sigue rodeado de la más coqueta de las sierras, la más morena de las montañas, la que más embriaga con sus olores a jaras y romero y se viste de alcornoques, encinas, pinos y cilantro. La sierra que marca el norte desde la ciudad de Córdoba y que todos los cordobeses buscamos con la mirada cuando nos encontramos perdidos en las nuevas urbanizaciones de pisitos monos y jardines de diseño. Esa muralla natural es, aunque no lo sepamos, nuestra mejor protectora y mejor guía.
No concibo un horizonte sin esta mar de tierra y árbol.
Un paisaje para no olvidar.
Volveremos a los olores a Cerro Muriano.































