domingo, 10 de abril de 2011

El Reloj de las Tendillas

Mi abuelo Pepe, que en gloria estaría si la gloria existiera, dejó muchas cosas buenas a su familia, a sus hijos, a sus nietos y bisnietos, y a los venideros. El dedo anular de su mano derecha movíase de arriba a abajo, sin fuerza, descolocado, flojindongo. De vez en cuando, moviendo la mano y mostrándonoslo, gritaba (¿gritaba?): ¡el Patascortas, esto es por el Patascortas...! Su dedo quedó inútil para siempre después de una paliza que le propinaron los rebeldes nacionalcatolicistas en el 36 por ser hermano de un "rojo insurrecto" que ya se encargaron de fusilar frente a la maldita parilla del cementerio de San Rafael.

Y después, como si quisiera recordar lo que a posteriori fuera una vida de satisfacciones con sus hijos y nietos, aquel viudo... mi abuelo, en las noches de Nochebuena, cuando el líquido dorado del vino fino habíase subido a la cabeza, y la sonrisa en su boca se había hecho perenne, se soltaba con una cantinela que aún hoy recordamos toda la familia cuando nos juntamos en esa noche, para su memoria, aún después de más de un cuarto de siglo de que nos dejara. Incluso sus nietos, hoy en día, la cantamos casi como un himno.

"El día que inauguraron el Reloj de las Tendillas,
hubo varias chavalillas,
metidas entre la gente con mucha exageración,
ardiendo más que un fogón,
Y es que echaban más humo que un tren,
Que me lo dijo mi prima Isabel..."

Simple canción que nos muestra que el ser humano es capaz de sobrevivir y de sacar partido a la vida. Mi abuelo, viudo, lleno de hijos, "jartito" de trabajar y políticamente reprimido, fue capaz de transmitirnos ese momento de liberación y de diversión que significó para él la inauguración del Reloj de las Tendillas, y que hoy es mi rostro en la red ante todos los que me estáis leyendo. Lo importante no es lo que esa cantinela dice, sino que fue parte de un momento feliz de alguien que nos dio todo.

Sea por ti, abuelo Pepe, y por tus ganas de vivir, más que de sobrevivir.
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