miércoles, 27 de agosto de 2014

La casi centenaria "Electro"

Plano nº 5:1026, de J.Lucena, año 1944. Vista aérea de la SECEM
(Por si acaso por aburrimiento alguno no acaba de leer el texto completo, es de justicia comentar ahora al principio que esta entrada se nutre básicamente de las siguientes publicaciones, además la aplicación Google Earth, la web de Wikipedia y Cordobapedia, y de mi pequeña colección personal de planos de la fábrica de la que me siento orgulloso haber salvado de su destrucción. Como decía, los autores y publicaciones son: Encarnación Sarmiento Martín, "Córdoba Capital, volumen 3, El Sector Industrial" Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, 1994; Encarnación Sarmiento Martín, El Pregonero de Córdoba, ¿1993?, Ayuntamiento de Córdoba; Manuel León Herrador, Córdoba en Mayo, 2003; Patricio Hidalgo Luque, "La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939)", Almuzara)

Quizás lo más adecuado habría sido esperar al 15 de junio del próximo año 2017 para editar una entrada como esta, pero como me consta que habrá personas más eruditas, y por lo tanto más autorizadas, que lo harán cuando llegue ese momento, y como la situación económica está golpeando tan fuertemente a la poca industria cordobesa, que no sabemos si será capaz de sobrevivir y para entonces ya se habrá, o no, extinguido la actividad, pues he decidido adelantarme, aprovechando mis últimas horas de vacaciones precisamente antes de volver allí, a la fábrica, algo que llevo haciendo desde hace más de 25 años.

REMEMBRANZA UNO (diciembre de 1989): El autobús especial para la fábrica me recogía en la Plaza de Santa Emilia de Rodat entre las 5:15 y 5:20 de la... ¿mañana? Compartía el momento con diez o doce de mis compañeros. Hundían algunos sus caras entre sus brazos, apoyaban otros sus cabezas en el cristal de la ventanilla o intentaban los menos mantener a duras penas abiertos sus ojos. A mi tímido "buenos días" pocos parecían tener la fuerza para responder, y se escuchaba algún que otro "egun on" de algún compañero vasco que se obligaba a no olvidar su procedencia. La llegada a la fábrica era desde la plaza de la iglesia, pero después de que aquella entrada la cortara el AVE en el 92, lo hacíamos desde la parte trasera de la fábrica, donde los bosques de eucaliptos (cuya madera alimentaba los hornos) cubiertos de lluvia o de rocío, nos lanzaba un misil de aromas que ninguno de nosotros podía evitar, despertándonos a todos y dándonos la bienvenida.

Bosque de eucaliptos 
 Hablar de la "Electromecánicas", vulgarmente conocida entre los cordobeses como la "Electro" o como la "Letro", no es solo hablar de un recinto fabril donde llegaron a trabajar hasta 5.000 personas, según nos han comentado siempre los más viejos del lugar, sino de parte importante de la historia de nuestra ciudad, pues su influencia en ella, y en la vida de sus habitantes, no solo se circunscribe a la perspectiva productiva, que no era poco (raro era en Córdoba aquel que no tenía un familiar, vecino o conocido trabajando en la Letro) sino también en aspectos urbanísticos, con la creación de cuatro barriadas; económicos, con tienda-economato que permitía el acceso de sus trabajadores a los productos necesarios a precios más asequibles; educativos, con una eficiente Escuela de Aprendices específica para la fábrica y sus talleres auxiliares; religiosos, con parroquia propia en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario; culturales, como por ejemplo disponer de rondalla; deportivos, siendo el primer equipo de fútbol creado en la ciudad y que disponía de su propio estadio; sanitarios, con un magnífico servicio médico para sus trabajadores y que, como anécdota, podemos comentar que estuvo durante un tiempo a cargo del Dr. Manuel Gala, padre del escritor Antonio Gala; y sociales, como su propio cuartel de la Guardia Civil o el primer aeropuerto de la ciudad.

La Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas, S.A. (SECEM) decide en 1917 establecer en Córdoba un gran complejo fabril dedicado a la metalurgia del cobre y a las construcciones eléctricas. A pesar de la histórica relación de la ciudad con la minería, especialmente las minas de cobre romanas de Cerro Muriano, debió tener otras razones de peso para decidirse por el establecimiento aquí, y aún hoy surgen dudas sobre los motivos que hicieron a los inversores franceses apostar por Córdoba. Muy probablemente su situación estratégica dentro del mapa del sur peninsular, no lejos de las minas de Río Tinto, ni de los puertos de Málaga y Sevilla, cabeza de conexión entre la Meseta manchega y la Andalucía Baja, cercanía a Peñarroya y Bélmez, unida con estos lugares por la línea del ferrocarril Córdoba-Almorchón, y desde donde se obtenía la hulla para su uso como energía,... Otros factores hablan de intereses franceses en la zona, fácil disponibilidad de energía eléctrica, o el atractivo precio de los terrenos.

En cualquier caso, se decide establecer a unos tres kilómetros desde el Paseo de la Victoria, límite oeste del casco de población consolidado.

Plano nº 113 (1918), titulado: "Emplacement de nos usines par rapport au quartier ouvrier"

Terrenos adquiridos por SECEM y su comparación con la Córdoba de entonces (hoy casco histórico)

Los primeros años son de adquisición de terrenos y edificación de talleres. La empresa adquiere en principio unas 180 hectáreas de terreno pertenecientes al Cortijo del Aljibejo, a un precio de 516.701 pesetas, y ya después de la Guerra Civil, en 1940, comprará el Cortijo del Ochavillo, de unas 130 hectáreas, lo que elevará a 310 hectáreas los terrenos adquiridos por la compañía, es decir, unas 100 hectáreas más que todo el denominado Casco Histórico de Córdoba, su recinto amurallado.

El diseño de las instalaciones y edificios de la fábrica es encargado al suizo Francisco Gay, cuyo primer plano es un rectángulo redondeado correspondiente al trazado de la línea de tren que recorrerá la fábrica, con entrada y salida. He tenido la suerte de ver ese plano, y espero que hoy en día se encuentre en buenas manos, pues así me ocupé en su momento de que ocurriera, salvándolo de una endiablada hoguera. Se construyeron una veintena de naves, y el resto quedó libre de edificación.

Parte del plano 1748 (año 1927) sobre la modificación de entrada de la línea telegráfica a la fábrica.
En la foto del plano anterior, del año 1927, se ven los nombres de las huertas que rodeaban a la fábrica. También se observa el primer barrio obrero y de empleados, al norte.

Las vías del tren llegaban hasta la zona de Expedición
Debido a la lejanía de la fábrica respecto a la ciudad, y de la ausencia de transportes públicos (hasta 1925 no se crea el servicio regular de autobuses a la Electromecánicas), la empresa decide construir el primero de los barrios, para alojar a parte de la plantilla, quedando finalizado en el año 1921. La categoría profesional actuó como agente de segregación espacial, de manera que se construyeron setenta casas para obreros, situados en la margen derecha de la carretera de Palma del Río, y un barrio para empleados e ingenieros con seis chalets, en la margen opuesta, y cerca de la entrada a la fábrica (Encarnación Sarmiento Martín, El Pregonero de Córdoba, ¿1993?).

Plano 1004:1036, Barrio de Ingenieros (1959) Situación del nuevo chalet para la Dirección.
Plano 1004:2276, Barrio de Ingenieros (1956) Proyecto de viviendas para empleados e ingenieros.

Con el nuevo barrio nace el primer equipo de fútbol de la ciudad, el SECEM de Córdoba, que podría históricamente equipararse a otros equipos europeos como el PSV Eindhoven o Bayer Leverkusen, también nacidos bajo el patronazgo de las empresas que los subvencionan. Luego se unirían al Córdoba Sporting Club, que posteriormente crearía el Club Deportivo Córdoba (procedente del Racing Córdoba), y el Club Deportivo San Álvaro. Se volverían a separar, a bajar a tercera y finalmente, se fundaría en 1954 el Córdoba Club de Fútbol.

REMEMBRANZA DOS (23 diciembre de 1991): En el campo situado al final del Parque Azahara, entre este y el segundo de los barrios de Electromecánicas, celebramos el día de antes de Nochebuena un partido de fútbol entre casados y solteros. Los casados nos metieron un merecido 4-1, aunque lo mejor fueron los pinchitos aliñados por el Vilches, y que nos supieron a gloria bendita y los ratos de risas compartiendo cervezas. Otros años hubo otros partidos, casados-solteros, Locsa-Peninsular, en campo de hierba artificial, a fútbol 7,... pero ninguno como aquel del 91.

No deja de ser peculiar que también se construyera un aeródromo particular para la compañía, cercano a las casas de los obreros, y que sería el primero de la ciudad, antes que el aeropuerto municipal que el alcalde Antonio Cruz Conde hizo en 1957.

Así las cosas, en el mes de marzo de 1921, con todos los trámites y pasos previos acabados, o en fase de terminación, la SECEM comienza su actividad industrial, partiendo con tres departamentos productivos claramente diferenciados: Primero, la electrólisis del cobre, abastecida por los ánodos de Río Tinto (Huelva), y que mantuvo el monopolio en España hasta 1940. Segundo, la transformación del cobre y latón, convirtiéndolo en chapas, planchas, tubos, macizos, alambre, barras, perfiles,... Y tercero, las construcciones eléctricas para motores y transformadores.

Primeros hornos
Lingotes obtenidos

En 1924, los ochenta mil teléfonos instalados en España usan ya el alambre fabricado en Córdoba.

En 1930 se separan las actividades de construcción eléctrica del resto, comenzando así su andadura particular la CENEMESA (posteriormente también Westinghouse y ABB)

Curiosa imagen de la fábrica, donde ya no aparece la CENEMESA.

En 1931, el nuevo director de la SECEM, el vasco Benito Arana Beascoechea, decide ampliar al barrio obrero cercano al aeródromo, construyéndose cuarenta nuevas viviendas, y en 1934 se levanta el Cuartel de la Guardia Civil, cuyo edificio aún está en pie, y abre su fachada a la carretera de Palma, habiendo tenido últimamente usos como hostal y como, según parece, casa de prostitución. Las vueltas que da la vida...

El 18 de julio de 1936, Córdoba queda en manos de los rebeldes fascistas, al mando del coronel Ciriaco Cascajo, quien recibe órdenes de Gonzalo Queipo de Llano, de la 2ª División Orgánica de Sevilla. El fracasado golpe de estado provoca la venida de la cruenta Guerra Civil, y el frente se sitúa pronto en una línea imaginaria que une los pueblos de Obejo, Montoro y Espejo, aproximadamente.

La SECEM se convierte en un enclave estratégico militar de gran valor para los sublevados, quienes usan su aeropuerto para los aviones, y sus instalaciones fabriles para fabricar material de guerra.

El aeropuerto de la Electromecánicas era una pista no apta para los modernos aviones italianos, así que se hace necesario realizar obras de mejora y ampliación, y ya el 31 de julio de 1936 se está acondicionando. Se desvía la acequia del Aljibejo que viene del canal del Guadalmellato para ampliar la pista y se reparan desperfectos de esta última.

Conocedores de la conversión de la SECEM en fábrica de producción de material de guerra para los sublevados fascistas, el ejército gubernamental republicano la pone en el punto de mira de sus aviones, en las incursiones realizadas por su aviación. El mismo Indalecio Prieto insiste en bombardear la fábrica, y los fascistas, conocedores de su importancia, la nominan como uno de los siete sectores de defensa a cargo de jefe propio, con despacho este en el cuartel de la Guardia Civil de la barriada. Los bombardeos gubernamentales sobre la fábrica ocurren sobre todo los días 01/04/37, 19/10/37 y 09/12/38. Los obreros se ven obligados a refugiarse en los sótanos.

Sótanos de la SECEM (foto actual)

Muy probablemente aquella filiación al bando posteriormente vencedor le abriría a la compañía posibilidades de expansión no inicialmente planificadas pero bien avenidas, con ingentes márgenes de beneficio, que le permitió hacerse con parte de las acciones de empresas de la competencia, quedándose en la mejor posición posible frente al mercado.

En el año 1940 se presenta proyecto de creación de la segunda parte de la barriada de Electromecánicas, frente al barrio de ingenieros, compuesta por 86 viviendas, la iglesia, la Escuela de Artes y Oficios, y dos grupos escolares, todo obra del arquitecto jerezano Fernando de la Cuadra e Irízar. Dicha escuela, conocida como la Escuela de Aprendices, ofreció a los trabajadores de la fábrica una extraordinaria cualificación durante varias décadas, que aún hoy causa admiración incluso a nivel internacional. Tanto es así que parte de sus contingentes, de las últimas hornadas de la escuela, han servido en la actualidad para formar in situ a personal italiano y alemán, en sus propios países, adheridos a la última compradora de la parte de laminado (la multinacional KME) y que ha acabado, lamentablemente, con la deslocalización del centro productivo, en favor de los intereses italianos y alemanes. Cosas de la globalización.

Restos actuales del antiguo Almacén General

REMEMBRANZA TRES (1981): Acabamos de darle en la Iglesia del Rosario una misa de difuntos a mi tío Pepe y yo no dejo de llorar. Ahora estoy en su casa, en la Calle de Ingeniero Alfonso de Churruca, en la tercera ampliación de la barriada, donde me he bañando tantas veces en su piscina, o más bien alberca, y he pasado tantas Nochebuenas. Mi tío era electricista de la "Letro" y alguna que otra Nochebuena tenía guardia nocturna, así que ahí íbamos los chiquillos, en la parte de atrás del coche de mi padre, más de los que deberíamos, sin duda, cantándole al tito villancicos para que no se fuera triste. Él se perdía por aquella puertecilla, cercana al servicio médico de la fábrica, donde recogería su ficha de ingreso, y que debería devolver a su salida, a las seis de la mañana.

Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, parroquia del barrio.

Desde esta época hasta los años 70 cabe resaltar la tercera y última ampliación de la barriada, esta vez al norte de la carretera de Palma del Río, en 1957, a cargo del arquitecto de la empresa Eduardo Figueroa, Conde de Yepes, construyendo 237 viviendas con una tipología muy concreta, y que ha dado con el tiempo carácter y personalidad propias. Las casas, de una sola planta salvo en las esquinas, tenían (y aún se mantienen algunas) jardín delantero, vivienda y patio o huerto trasero, y que en muchos casos con los años se transformaron en cocheras, patio con piscina o jardinito. Llama la atención la reducida dimensión de la vivienda propiamente dicha en comparación con la dedicada a huertos, patios o jardín.

Casas típicas de la barriada, aún hoy en pie.

REMEMBRANZA CUATRO (verano de 1980): Con el cabello mojado aún por el baño en la alberca de mis tíos, me dirijo hacia el sur de la Calle Alfonso de Churruca hasta el kiosko donde venden las barras de helado. Paso por delante de un pequeño mercado que huele a pescado y llego al cruce, donde se encuentra el kiosko fabricado de chapas. Al otro lado de la calle, otro kiosko, también de chapa, está cerrado, pues lo que ofrece son jeringos, y con esta calor no hay quien los consuma. Las chicharras retumban en mis oídos. "De turrón", me oigo decir a mí mismo.


Interesante me parece comentar que los obreros ocupaban las casas en régimen de alquiler mientras estuviesen vinculados profesionalmente a la fábrica, así que cuando eran despedidos, o liquidación por iniciativa propia, o por jubilación, debían desalojar las viviendas. Estas tenían electricidad y agua gratuitas, ambos servicios abastecidos por la propia fábrica; la electricidad procedente del generador de barco que hasta no hace mucho funcionaba como alternativa a los apagones de Sevillana, y el agua el de los pozos, tan abundantes en la zona. En 1974 SECEM vende las viviendas a los inquilinos de entonces, a unos precios muy ventajosos.


El millonario Plan de Expansión y Desarrollo que la empresa crea al albor del rimbombante Polo de Desarrollo de Córdoba, cae en saco roto cuando se decide la deslocalización de la línea de electrólisis, alma mater y joya de la corona de esta empresa, en favor del Polo de Huelva, y quedando la fábrica cordobesa para la transformación del cobre y latón. Por esa época SECEM comienza su descapitalización inmobiliaria vendiendo terrenos, que luego supondrá el nacimiento de nuevas barriadas como Miralbaida, Azahara, Palmeras (levantada donde estuviera el campo de tiro) o Albolafia, y otros con menos nombre, quizás por estar más en la sombra en cuanto a construcción de viviendas.

Localización actual de los lugares comentados.

En año 1978, con la semi-democracia despuntando en España,  la empresa decide contraatacar a la crisis económica general y a la del sector en particular, y busca aliados para hacerse con el sector del mercado nacional. Así, SECEM se fusiona con Pradera, SIA (Sociedad Industrial Asturiana) y Earle, y crea Ibérica del Cobre, S.A (IBERCOBRE). La fábrica se llena de personal procedente del País Vasco y Asturias, obligados a emigrar a nuestra tierra. Son los que hasta no hace mucho hemos conocido en la fábrica como "los vascos". Algunos de ellos no supieron (o quizás no quisieron, qué más da) asumir su marcha de su Euskadi o Asturias, cambiar las montañas verdes y árboles enormes por la reseca Sierra Morena en verano, los minúsculos naranjos de nuestras calles y los cuarenta grados a la sombra. Otros, en cambio, se adaptaron, sin olvidar sus raíces, manteniendo su acento y costumbres pero apuntándose a peñas perolísticas o asomándose a la feria. Todos buena gente, trabajadores, generosos... Compañeros, ojalá os haya ido bien con vuestra jubilación. De corazón.

Ibercobre tuvo subidas y bajadas, más estas que aquellas, y sobrevivió como pudo. Ya nada sería igual en la fábrica sin la línea de electrólisis que se llevó Huelva, pero había que mantener la actividad, sí o sí. Los planes de reconversión de 1982-1985 y de 1986-1989, con jubilaciones anticipadas y bajas voluntarias solo supusieron pomada sobre la herida, pero no había posibilidad de un buen cosido con lañas o grapas.

En 1989 el grupo Outokumpu (con el 58% de acciones en manos del gobierno finlandés) aparece como el gran solucionador de los problemas de la empresa, cuando en realidad lo que pensaba en convertirse era en el gran regulador del mercado europeo aprovechando la globalización económica. Pero entonces nadie lo sabíamos.

Outokumpu Copper Oy, con sede en Espoo, mina en Outokumpu y fábrica en Vasteras (todas poblaciones escandinavas), se hace cargo de la antigua SECEM en 1989, y se permite el lujo de partirla en tantas partes como líneas de producción existen. Así, y con el inicial nombre de "profit center" y con una escondida intención de ir vendiendo y dividiendo, los finlandeses crean Outokumpu Copper Wire Mill (alambres y cables; cerrada posteriormente); Outokumpu Copper Tubes (tubería de cobre, cerrada posteriormente en beneficio de la de Zarátamo, Vizcaya, también suya); Outokumpu Copper Brass Rods (perfiles y barras, vendida y actualmente aún en funcionamiento); y Laminados Oviedo-Córdoba, es decir, Locsa, al 50% con Europa Metalli, con planta también en Oviedo, y que acabará llevándose la producción a su país, y por tanto hoy cerrada. La colada continua es vendida a Atlantic Copper (Huelva) y hoy en día es Cunext Copper Industries, la considerada la mayor empresa cordobesa en cuanto a facturación.

REMEMBRANZA CINCO (4 de junio de 1989) No pude dormir. Iba a ser mi primer día de trabajo en la SECEM. A los chavales, unos diez o quince, todos familiares de trabajadores de la empresa, nos recibieron Matamala y Moro y recorrimos la fábrica viendo los distintos departamentos y líneas productivas. Yo acabé en la sección de Tuberías, haciendo tubos termohidrosanitarios, y cuatro años más tarde pasé a la administración de Perfiles y Barras, que para eso era administrativo. Muchos nombres se me vienen a la cabeza: Antonio Moreno, Luis López Hernansáiz, María Dolores Tena, Ángel Infantes, Pepe Jiménez, Antonio Weruaga (Director), José Luis Galván (Controller), Manuel León (Director), Charo Castanys, Antonio Miguel Rodríguez, María Teresa Fuentes, Manuel Ortíz , Concepción Primo, Antonio Obispo, Enrique de la Torre, y "los suecos" Lennart Ericksson, Johhan Berg o Hans Lennartsson, que me enseñaron a llevar las cotizaciones en bolsa de los metales de Londres, entre otros muchos más, algunos de ellos aún allí y que por eso no incluyo.

A los lamentables cierres de las líneas de Alambres y Tubos se unirá en 2011 la descarada deslocalización de Locsa una empresa que funcionaba bien, pero que fue devorada por el capitalismo más cruel, llevándose su producción a los centros que KME tenía en Italia y Alemania, después de haberse servido de los conocimientos de los propios trabajadores cordobeses. Así se lo coman "calentito".



No todo son malas noticias. Desde el año 1996, entran nuevos accionistas en Perfiles y Barras, así como se consolida la Colada Contínua (Atlantic Copper), y llegan nuevas empresas desde Palencia (lingotes para grifos) y Zaragoza (pasatapas para transformadores), auspiciada por capital madrileño, así como maquinaria nueva desde Grenoble (prensa de extrusión tras el cierre de La Nouvelle Societé Bonmartin).

Entrada a la fábrica antes de la instalación del Parque Joyero.

En terrenos de la antigua SECEM, vendidos simbólicamente por una peseta el metro cuadrado a cambio de su descontaminación, al AIE de su nombre, se instala en el año 2005 el Parque Joyero de Córdoba, un acontecimiento que se vendió como la solución a la histórica economía sumergida de los joyeros cordobeses, pero que solo trajo más especulación urbanística, acrecentada ahora con la "genial idea" del actual alcalde de convertir su pabellón de muestras en el "gran centro de convenciones de la ciudad".

Ahora los joyeros se quejan de humos, ruido, polvo y olores, olvidando el precio con el que tuvieron acceso a los terrenos que hoy sostienen sus fábricas, y se alían con agrupaciones ecologistas muy lejanas físicamente a las de la tierra (busquen ustedes en la prensa), quizás buscando continuar con esa especulación urbanística que comentaba antes, tan al parecer íntimamente ligada a los joyeros cordobeses y con intenciones impredecibles.

Ya decía yo entonces, por aquellos años, que la Electro comenzaría a ser un problema ambiental (o más bien estético-ambiental) en el mismo momento en que los joyeros aparcaran sus Audis y Mercedes a menos de tiro de piedra de nuestros hornos. Y no me he equivocado, lamentablemente.

Más tarde se traslada también, ocupando entre otros terrenos la parte que fuera Carpintería en la SECEM, la empresa Recuperaciones y Servicios Diego Romero, S.L. del sector de la reciclaje de metales, que abandona las deficitarias y comprometidas instalaciones de la Calle Virgen de las Angustias, en Valdeolleros, que con el nombre de Pedro Rojas, S.A. llevan funcionando desde 1940.

La fábrica en los años 70, vista desde su primitiva entrada.
REMEMBRANZA SEIS (cualquier día entre junio y octubre de 1989): Medio dormido atravesé una de las dos puertas estrechas que daban acceso al "fichero", donde un reloj recién abrillantado presidía allá en lo alto un gran mural de madera con clavos en los que colgaba cada una de las fichas que había que recoger. Números, todo eran números. El reloj marcaba las 05:34 horas y mi ficha, grabada en negro en un cospel de latón oscurecido daba los números 693. A la derecha un calendario del mes, a la izquierda, en un papel colgado con una chincheta, los horarios del Botiquín (así llamábamos al servicio médico). No me sentía bien, pensaba en venir al Botiquín en la hora del bocadillo a las 10:00. Olvidé recoger mi ficha, y me di cuenta en el vestuario, pero no hice nada. Durante la mañana pensé en que yo era la quinta generación (o casi quinta) trabajando en la SECEM: mi abuelo, mi padre, mi tío, mis primos (más mayores que yo). Más números. A la salida no pude dejar mi ficha en el correspondiente cajón y le comenté al controlador lo que me había pasado. Jamás me han vuelto a echar una bronca similar. Le miré con aire estúpido, le di la gracias y no se me ocurrió otra cosa que sacarle la lengua. El controlador, cuyo nombre no me acuerdo, si algún día lo supe, comprobó que no había nadie alrededor (¡todo el mundo salía de la fábrica como alma que lleva el diablo!), me miró, sonrió y me dio una especie de colleja en la frente riendo a carcajadas. "Anda, vete, so joío, que yo te arreglo los papeles". Desde ese día, el controlador de las fichas me estuvo sonriendo durante un tiempo (hasta que se olvidó) cada mañana, a pesar de que a aquella hora, no hay músculo que a uno le haga sacar ninguna mueca, salvo la de bostezar, pero de ese acto uno no es dueño..

P.D. Dedicado a todos los trabajadores que han trabajado y siguen haciéndolo cada día en la casi centenaria "Electro", ya sigan vivos o no, y especialmente a mi abuelo José Fuerte Villanueva, mi padre Alfonso Fuerte Gamero (ambos en la Cenemesa), mi tío José Rodríguez Moya, mis primos José Manuel Rodríguez Espejo y Rafael Rodríguez Espejo, y a todos mis compañeros, pasados y presentes, que fueron, y siguen siendo, parte de mi día a día. ¡Seguiremos adelante!

...y mañana más...
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