lunes, 24 de agosto de 2020

Fuente romana monumental en Córdoba

Croquis de la fuente romana monumental (recorte conservado del periódico Córdoba)

Cuando era jovencito (vamos, hace cuatro días), solía recuperar artículos y escritos sobre Córdoba, pues siempre me gustó investigar sobre la historia, el urbanismo, la arquitectura y la sociedad de esta milenaria ciudad en la que vivo. Ahora es mucho más fácil informarse a través de las nuevas tecnologías, pero en aquellos años a los que aludo, no estaba generalizado el uso de ordenadores personales, y mucho menos, de internet, así que me entretenía de esta manera.

Últimamente, entre confinamientos y días de vacaciones, y haciendo limpieza en aquellos lugares donde poco se asoma uno a lo largo del año, y donde suele guardar objetos y documentos que, en muchos casos, no se sabe por qué están allí aún, me ha aparecido un interesante escrito sobre el tema que titula este post. Por no recordarlo, ahora mismo no sabría asegurar si este escrito, que voy a poner más abajo, se trata de un artículo completo, o solo un resumen, a modo de notas académicas, como sí recuerdo que solía hacer.

Desgraciadamente, y es un error que en su día tuve, y que hoy no puedo sino lamentar, no dispongo ni del autor, ni de la fecha de creación. Sí tengo, sin embargo, la fecha de cuando tomé aquellas notas, y que se sitúan en el mes de julio de 1989, y también que fue copiado (o resumido) de un artículo publicado en el Diario Córdoba, y del que, además, me quedé con un recorte del croquis que se ve más arriba.

Dicho artículo trata sobre los restos romanos que salpican la hermosa Plaza de Jerónimo Páez, frente al magnífico Museo Arqueológico de Córdoba, entonces zona degradada y sin disponer aún de la tan necesaria ampliación, y lugar donde estuvo situado el Teatro Romano de Corduba. En él se describen dichos restos como los de una monumental fuente romana, y el proyecto de reconstrucción "in loco" en este lugar, que nunca se llevó a cabo.

Plaza de Jerónimo Páez, años 80, tomada de internet (se requiere autor para reflejarlo aquí)

A continuación el artículo comentado:

"Esparcida por la Plaza de Jerónimo Páez existe una monumental Fuente Romana en espera de su recomposición. Los restos de esta fuente se descubrieron en los trabajos arqueológicos realizados en 1977 por Ana María Vicent y Alejandro Marcos Pous, con la ayuda de los funcionarios del Museo Arqueológico J. Costa y R. Secilla, en la calle Saravia, nº 3, en el fondo del solar, ya lindando con la calle Leiva Aguilar."

"Bajo la tierra se encontró una poderosa plataforma cuadrada, con varias hiladas de sillares. Sobre esta fuente base había pavimento también cuadrado formado por grandes losas de piedra dura gris oscura de la Sierra. En este pavimento encaja el petril circular del pilón de la fuente (que por su interior tiene un suelo de ladrillitos dispuestos en "espina de pez") flanqueado por cuatro robustas columnas de granito que soportaban un entablamento y su techo. Las bases y capiteles de las columnas y el entablamento no se conservaban, pues eran de mármol y se reaprovecharon en otras construcciones o pasaron a los hornos de cal. En el centro del pilón de agua hay un hueco para insertar una especie de pilastra o basamento de mármol, también desaparecido, que llevaba el surtidor."

"Esta fuente con petril circular y bajo baldaquino es francamente original y rara. Circular, pero sin columnas hay una en la antigua Cuicul (hoy Djemila, en el interior de Argelia). Otra de Ostia, junto a Roma, tiene en cambio cuatro columnas, pero muy pequeñas y asentadas en un petril cuadrangular bastante reducido. Modestas y de otros tipos, a veces graciosas, son las cuarenta y pico fuentecillas de las calles de Pompeya. Según la documentación revisada, esta fuente pública cordobesa resulta única y muy monumental por su disposición y dimensiones. El paso siguiente en monumentalidad y complejidad es el ninfeo público. Los elementos de la fuente se recuperaron y trasladaron a esta plaza, frente al Museo Arqueológico. Por su tamaño no debía instalarse en su interior como las otras doce existentes en el museo, restituidas a su función. Por ello se ofreció al Ayuntamiento su recomposición en la plaza, el lugar más idóneo, quien lo asumió dentro del plan de reforma de plazas; el museo proporcionó planos a escala con el proyecto de ordenación general de la plaza y dibujos de la fuente. El alcalde mostró un interés personal grande, algún concejal visitó varias veces el lugar, se llegaron a designar los técnicos correspondientes e incluso el constructor. Pero desde esas fechas las piedras dormitan plácidamente, a sol y sombra, entre lagartijas y hormigas. No perdamos la esperanza de ver algún día en pie este antiguo documento histórico de Córdoba en la plaza de una ciudad con no sobrados monumentos. Para terminar hay que añadir que si bien la ciudad de Roma se adorna con famosas y bellas fuentes, carece de una auténtica fuente romana antigua: Córdoba, en cambio, la tendría."

El Museo Arqueológico se amplió (aunque dejó vacío el antiguo Palacio de los Páez de Castillejo, que aún espera su recuperación), y la plaza se remodeló con una reforma integral, pero el proyecto de la fuente monumental jamás se llevó a efecto.

Plaza de Jerónimo Páez en 2015 (foto del autor)

La verdad es que me gustaría saber qué fue de aquel proyecto, por qué no se realizó, y quién fue el autor de este escrito que hoy he encontrado entre mis momias polvorientas, así que, si alguien tiene información y quiere aportar algo, esta es su casa para lo que crea conveniente.

domingo, 14 de junio de 2020

El Alcázar Andalusí de Madinat Qurtuba (Córdoba)

Plano-croquis de hipótesis del Alcázar de Córdoba
Antes de comenzar con el desarrollo de esta hipótesis sobre cómo pudo ser el Alcázar Andalusí de Madinat Qurtuba, he de dejar bien claro algunos aspectos.

1.- Esto no corresponde a NINGÚN estudio de investigación serio. Yo no soy investigador, ni historiador, ni nada que se le parezca (aunque me pese), por lo tanto, actúo con la libertad de la que no disponen los investigadores e historiadores que sí se dedican a esto, y que se deben a su profesión, no pudiendo desarrollar en sus estudios esa imaginación romántica que con tanta facilidad y gusto se puede llegar uno a dejar llevar, siendo amante de la Historia. O al menos, no deberían. Yo sí; yo me he dejado llevar por ella porque no tengo por qué rendir cuentas a nadie de nada. Cristalino.

2.- No todo es imaginación. Afortunadamente, aunque menos de los que deberían, existen magníficos trabajos de investigación serios sobre el edificio, o más bien conjunto de edificios, que hoy encabeza esta entrada en el blog. Ya sea completamente, o en parte, he procurado seguir, hasta donde fuera posible, la senda marcada por los estudios de los entendidos, aunque ha habido casos en los que, por ser contradictorios los unos de los otros, he tenido que decidirme por la versión que más me ha convencido, sin más base que mi propio instinto. Ya sea leyendo sus propias obras, o sea a través de las referencias a aquellas que se dan en otras, siempre he procurado informarme del máximo de datos.

3.- No deja de tener, por supuesto, un tinte novelesco y legendario, influenciado por los diferentes autores de novela histórica que últimamente se asoman más a menudo desde las estanterías de nuevas obras, o incluso de las no tan nuevas. Ese imprescindible toque que lo hace más de andar por casa, sin mucha más profundidad realista.

4.- Me ha influido mucho el estudio aéreo a través de la aplicación Google Maps y Google Earth, donde también se intuyen una serie de marcas de espacios y construcciones actuales que invitan a la reflexión.

5.- Respecto a la metodología, he preferido realizar los planos y dibujos de una forma muy rústica, a rotulador, regla y lápices de colores, para darle ese punto infantil que tanto me gusta. Me llevo mejor con este estilo que con las nuevas tecnologías. Cuestión de gustos y aptitudes.

Bueno, sin más, no sin antes volver a pedir disculpas por mi atrevimiento y osadía a todos aquellos que viven de esto y que tantas alegrías nos traen tras sus meticulosas investigaciones, e invitándoles a continuar con tesón al esclarecimiento de las múltiples dudas que aún existen sobre el tema en cuestión, voy a pasar a explicar cuáles han sido mis conclusiones, esperando que les sea ameno, después de, en primer lugar, enumerar aquí a esos investigadores y divulgadores de los datos que me han servido de guía.

Ahmed Mohammed Al-Maqqari
Alberto Javier Montejo Córdoba
Alberto León Muñoz
Alejandro Marcos Pous
Ahmad Ibn Umar Ibn Anas Al-Udri
Ana Zamorano Arenas
Antonio Arjona Castro
Basilio Pavón Maldonado
Carmen Panadero Delgado
Emilio García Gómez
Francisco Muñoz Carreras
Halaf Ibn Abdalmalik Ibn-Baskwal
Ibn Hayyan Al-Qurtubí
Ibn Idari Al-Marrakusi
José Antonio Garriguet
José Manuel Escobar Camacho
Leopoldo Torres Balbás
Lisan Al-Din Ibn Al-Jatib
Manuel Harazem
Manuel Nieto Cumplido
Manuel Ocaña Jiménez
Pedro Marfil Ruiz
Rafael Castejón y Martínez de Arizala
Rafael Gracia Boix
Reinhart Dozy
Victor Escribano Ucelay

ALCÁZAR ANDALUSÍ DE MADINAT QURTUBA

Hay que diferenciar muy a conciencia lo que actualmente conocemos en Córdoba como el Alcázar de los Reyes Cristianos, y el Alcázar Andalusí de Córdoba. El primero es el que hoy nos queda en pie, y del que disfrutamos tanto de sus estancias como de sus jardines y espacios abiertos, a pesar de su azarosa vida en sus distintos usos, y que está construido en una pequeña parte del segundo, que es el que nos ocupa, y que habría que apellidar Andalusí, porque no se le puede denominar solo Califal, pues también estuvieron en él los Gobernadores dependientes de Damasco, los Emires independientes de Damasco, los reyezuelos de la taifa cordobesa,...

Es más, ni siquiera el término andalusí, aunque fuera en esta época la que engloba su momento más culminante, es totalmente correcta, ya que, en sus inicios, fue una construcción de época visigoda, que fueron los que, en realidad "abrieron la lata" del lugar, al trasladar aquí el poder político, militar y religioso, desde los distintos foros romanos situados en lo que hoy es, o rodea, la Plaza de las Tendillas, la Iglesia de San Miguel y el Ayuntamiento, y, arrastrado por ellos, el poder económico y de prestigio. Pero es entre la conquista norteafricana de la ciudad, en el 711, y la castellana, en 1236, es decir, en una parte de la época correspondiente a Al-ándalus, el período en el que, con sus vaivenes, es este espacio de la ciudad el que mantiene tras sus paredes los avatares sociales, políticos, religiosos y culturales que influirán en el devenir de las vidas de los habitantes de una mayoría del territorio de la Península Ibérica, compartiendo poder, durante un tiempo, con otro lugar espectacular como Madinat al-Zahra.

Los alcázares de las ciudades andalusíes son un conjunto de construcciones palaciegas que engloban estancias y espacios para la residencia, la gestión, la representación política, el ocio, la seguridad,... y para los servicios que requieren el mantenimiento de todos ellos. Buenos ejemplos tenemos aún en pie en Andalucía, como el magnífico Alcázar mudéjar de Sevilla, o la siempre deslumbrante Alhambra de Granada, ambos muy posteriores en el tiempo al que hoy nos ocupa.

En el caso del de Córdoba, la guerra civil acaecida en el 1009 y que conllevará la desaparición del Califato Omeya en el año 1031 provoca su destrucción abrupta en un principio, y progresiva con el paso de los siglos, al mismo tiempo que las ciudades áulicas de Madinat al-Zahra y Madinat al-Zahíra, al oeste y este de la ciudad. Los almorávides (1091) y los almohades (1162) intentaron reconstruir sus fortalezas, como el conocido como Castillo de la Judería, obsesionados con la seguridad, pero ya nunca más se recuperaría a tanta altura la magnificiencia y brillantez de la que nos hablaron por escrito los historiadores coetáneos en sus textos. En 1236 Qurtuba cae en manos del rey castellano Fernando III, siendo el último monarca que lo habita durante un tiempo; el suficiente hasta terminar los fueros de la ciudad y realizar el repartimiento de sus tierras y haciendas entre sus súbditos y seguidores, antes de continuar su conquista por el Valle del Guadalquivir.

El Alcázar Andalusí es entregado en su mayor parte al Clero: la zona más residencial la tomó el nuevo obispo de la ciudad, Lope de Fitero, y la convirtió en su sede, el Palacio Episcopal, mientras que el resto se lo repartieron particulares, órdenes religiosas y canónigos. En 1328 Alfonso XI de Castilla, después de haber comprado unos terrenos a los monjes agustinos, finaliza en una parte de él  el que actualmente se conoce como Alcázar de los Reyes Cristianos, que posteriormente fue sede de la Santa Inquisición y a partir de 1812, Cárcel Provincial hasta los años 50 del siglo XX. Además, el monarca manda nivelar el terreno existente delante, lo que hoy conocemos como Jardines de los Santos Mártires, tapando los baños califales, y dejando debajo restos de muchas tumbas, reconocidas en principio, según la tradición, como mártires cristianos de la época andalusí.

En el siglo XV, es reconstruido el Palacio Episcopal reciclando parte de la antigua construcción, como veremos más adelante. En la parte sur del recinto del Alcázar, aprovechando una casa existente, se funda el Seminario de San Pelagio en el siglo XVI, que luego será reconstruido en el XVIII. En 1842 se construye la Biblioteca Pública del Estado en otra parte de la zona residencial del recinto. El resto, o queda arrasado, o pervive bajo tierra, en espera de su estudio y puesta en valor, como ocurriera con sus baños reales, que fueron recuperados y son visitables. Actualmente (junio 2020) existen unos restos arqueológicos relacionados con el Alcázar Andalusí en una zona abierta entre el Palacio Episcopal, la Biblioteca y la Plaza de los Mártires, aunque no hay aún estudios claros que nos permitan identificarlos con más concreción.

DELIMITACIÓN DEL ESPACIO

Límites máximos del Alcázar Andalusí de Qurtuba (foto Google Earth, modificada)
Por lo tanto, y como comentado anteriormente, el recinto del Alcázar Andalusí de Qurtuba englobaba los espacios que hoy ocupan el Palacio Episcopal y Museo Diocesano, el Seminario de San Pelagio, el Alcázar de los Reyes Cristianos (en parte) y la Plaza y Jardines del Campo Santo de los Mártires, donde se sitúan los restaurados Baños Califales.

Hagamos ahora una fotografía inventada de cómo estaría todo a las 10 de la mañana del día 1 de octubre del año 976, al día siguiente de la muerte del Califa Al-Hakem II. ¿Por qué no?

Último aviso: A partir de aquí, esto es una mezcla de invención total por parte de mi imaginación, y datos recogidos de los estudios de investigadores y divulgadores. Para saber dónde está la diferencia, les invito a que lean sus obras, cuyos nombres pueden obtener algo más arriba de este post.

CONSEJO: Para poder comparar los planos con los datos explicativos se aconseja descargar primero aquellos por cada apartado para poder combinar su consulta con la lectura.

ALREDEDORES

Edificios y espacios que rodeaban al recinto.
1.- Mezquita-Aljama. Lugar de oración de los viernes; máximo símbolo del poder religioso en Al-Ándalus; templo, foro político y social, y universidad... Hoy en día la Mezquita-Catedral es Patrimonio de la Humanidad y uno de los edificios más impresionantes del mundo.

2.- Plaza Pública. Existente en época romana, es con la llegada de los visigodos cuando toma prestigio al trasladarse aquí, desde el forum nuovo de la actual calle Morería, el poder religioso y político. En su lado oriental hubo un edificio porticado que es muy posible que aún existiera en época andalusí, y cuyos restos hoy se pueden ver en los sótanos del Centro de Visitantes y en su terraza exterior cerrada. El pavimento, de origen romano y visigodo, se mantuvo también en aquella época.

Plaza Pública, hoy del Triunfo de San Rafael.

3.- Cadalso o patíbulo. Lugar donde se ejecutaba públicamente a los reos para escarnio o para demostración del poder. Actualmente hay una plataforma en forma de plaza que acoge a la estatua principal del Triunfo de San Rafael Custodio de Córdoba.

4.- Puerta del Puente. La Bab Al-Qantara estaba compuesta por tres vanos; uno central mayor que los dos laterales, y su estilo era clásico, pues existía desde la época de Julio César. Hoy en día la sustituye una puerta renacentista, a modo de arco de triunfo.

Puerta del Puente renacentista. A ambos lados aún quedan los vanos originales y su muralla romana.

5.- Muralla romana sur. Aún se mantienen restos de ella.

6.- Puente Romano. Aunque muy reformado, permanece en pie.

7.- Arrecife o ronda. Llamado Al-Rasiff, este consistía en un camino enlosado que construyó el Emir Abd al-Rahmán II (siglo IX) sobre otro malecón existente desde los tiempos de Julio César, para acceder a las puertas del Alcázar, al puerto fluvial y para salir al camino que hacia el oeste bordeaba el Guadalquivir. Así mismo, servía de protección de las crecidas del río.

Al-Rasiff hoy, con la muralla del siglo XIV.

8.- Río Guadalquivir. Llamado Wad el-Kebir, o río grande.

9.- Puerto fluvial. Existen evidencias de su existencia desde la época de la fundación romana de la ciudad, pues el río era navegable hasta esta altura con barcazas para no grandes calados.

Lugar actual cercano a donde se encontraría probablemente el puerto fluvial.

10.- Huertas privadas del Alcázar. Donde hoy se extienden los hermosos jardines mudéjares del Alcázar de los Reyes Cristianos, se extendían unos terrenos de labranza para el abastecimiento de parte de las necesidades del Alcázar Andalusí, que no debieron ser pocas. Compuestas por sembrados y por árboles frutales, estarían gobernadas por una almunia.

11.- Gran Zoco y Casa de Correos. Uno de los zocos más importantes de la ciudad se situaba en este lugar, a extramuros, y se componía de una calle principal a cuyos lados se abrían las tiendas, así como alguna posada y taberna. También aquí se encontraban la Casa de Correos o Dar al-Burud, y la Mezquita de Abu-Harún. Cercana estaba también la Musalla, o espacio abierto para el rezo de los viernes, ya que la Mezquita-Aljama no era suficiente para la población de la capital de Al-Ándalus, que rondaría los 500.000 habitantes.

12.- Muralla romana oeste. El punto donde se encontraban la muralla de la ciudad y la del alcázar propiamente dicha. Actualmente correspondería con la plaza donde confluyen la peatonal Calle de Cairuán y la Avenida del Doctor Fleming, donde se abren los portalones de La Luna, antiguo callejón de Villaceballos, y el del acceso a un aparcamiento público. Algunos autores defienden que la antigua Puerta de Perfumeros, o de Sevilla, de la que hablaremos más tarde, se encontraba en este lugar.

Puerta de la Luna, Callejón de Villaceballos

13.- Barrio al norte. En esta parte norte se levantaban palacios suntuosos en los que vivían los personajes más allegados a la corte, que convivían con algunos artesanos y el edificio de la Ceca, o Casa de la Moneda. Esos palacios corresponderían con los actuales edificios como la Casa de las Pavas, el Palacio de los Marqueses de la Vega Armijo, la Casa de las Bulas, el Palacio de los Herruzo, el Convento de San Pedro Alcántara, el Palacio del Marqués de la Motilla, la Casa de los Manríquez, el Hospital de San Sebastián, el Palacio del Conde de Cabra,...

Palacio de los Herruzo, en Plaza de Maimónides.

PERÍMETRO AMURALLADO, PUERTAS DE ACCESO Y VIARIOS INTERIORES

Murallas, puertas y calles interiores.
El recinto del Alcázar Andalusí de Qurtuba estaba completamente cercado por una muralla, con espesores entre los tres y los seis metros de grosos con aparejos de sogas y tizones de varias combinaciones, y alternando los muros con torres cuadrangulares cada pocos metros. Algunos restos han quedado del edificio original. El acceso hacia el interior se hacía por cinco puertas principales. Su perímetro estaba compuesto por los siguientes elementos a destacar:

Torre del Alcázar Andalusí visible desde el Hospital de San Sebastián (Palacio de Congresos) Fuente: Cordobapedia

14. Puerta del Baño o de la Artesanía. La Bab al-Hamman se abría al norte de la muralla, y se llamaba así porque en su parte interior se accedía a los baños reales, y en su exterior estaba el barrio donde habitaban artesanos, como comentamos antes. Actualmente esa puerta, o sus restos, podrían encontrarse en el lugar que hoy ocupa el Restaurante Almudaina, en su parte más oriental, o en el Callejón del Salmorejo, cercano a la Taberna La Fragua, también en su parte más hacia el este. A partir de aquí, aún se mantiene un precioso tramo de muralla, no visitable (junio 2020) por encontrarse detrás de las construcciones, y que aún separa el Palacio Episcopal del Palacio de Congresos, antiguo Hospital de San Sebastián. En este último una apertura en su paramento sur nos permite admirar parte de esa muralla, coincidiendo con una de sus torres en la que un canalón marca el lugar donde se encontraba un bajante de tubería de plomo.

15.- Puerta del Poder o de Hierro. La Bab al-Mulk o Bab al-Hadid era la puerta más protocolaria y oficial, y se abría hacia el este, en el mismo lugar, o en uno muy cercano a donde hoy se encuentra la que fuera principal del Palacio Episcopal. Puede considerarse su puerta más representativa. El tramo de muralla es coincidente con la fachada del actual Palacio Episcopal, en la que se advierte la presencia de un fuerte aparejo de grandes piedras, posible herencia visigoda, y varios salientes, a modo de torres defensivas, aunque algunos de ellos se ha elevado en altura para aprovechar su espacio interior, en una posterior modificación.

Fachada del Palacio Episcopal, antigua del Alcázar Andalusí

Reconstrucción ideal de la Bab al-Mulk y exteriores.
El mismo lugar hoy

16.- Paso de acceso elevado a la Mezquita-Aljama. El Sabat, estaba diseñado para que el Califa pudiera acceder al templo sin necesidad de pasar por el nivel de la calle, con la intención de ganar en seguridad, y también para elevar así la mística de su persona, separándolo del mundo terrenal. Este fue construido por Al-Hakem II en la parte de acceso a la Maqsura, o lugar reservado para él, en la ampliación que él mismo promovió del templo, y eliminando otro anterior que existía más al norte, y que fue mandado a construir por el emir Abd-Allah. El que nos ocupa tenía varios arcos, y la cimentación de algunos de sus pilares está marcada actualmente con chapas de latón en el pavimento de la plaza.

17.- Puerta de la Justicia, de la Azuda, de los Leones o del Río. Bab al-Adl, Bab as-Sudda, Bab as-Siba o Bab al-Wadi. Es muy posible que todos esos nombres los haya tenido la puerta que a continuación tratamos, dependiendo del momento histórico. Se llamó de la Justicia porque a través de ella se accedía a la audiencia del cadí o juez supremo; de la Azuda porque daba cerca del molino que posteriormente se llamó de la Albolafia; de los Leones porque, al parecer, el primer Califa Abd al-Rahmán III tenía cerca de esta puerta, y de la cárcel, un recinto donde guardaba unos leones que usaba para atemorizar a los reos que no querían confesar; sin embargo, otros autores se decantan porque las aldabas de bronce de la puerta tuvieran la forma de un león; y del Río porque era una salida directa al río desde el Alcázar. Hoy abriría al sur de la fachada del Seminario de San Pelagio, a la altura del segundo de los cuatro patios que se cuentan de este a oeste en el edificio.

18.- Balcón-templete para revista. Justo al lado de esta puerta se alzaba, al igual que en en la explanada oriental de Madinat al-Zahra, un balcón, a modo de templete presidencial, desde donde el Califa pasaba revista a las tropas que realizaban el desfile (alarde) en el arrecife (al-Rasiff) que pasaba por delante, antes de salir a realizar las campañas militares (aceifas) contra los rebeldes internos, los fatimíes del Magreb o los reinos cristianos del norte. Hoy estaría siguiendo la misma fachada sur de San Pelagio.

Fachada sur de San Pelagio hoy, que fuera la del Alcázar Andalusí.

19.- Acueducto-puente y molino-torre. De origen romano, y reconstruido por Abd al-Rahmán II, se llamó de la Albolafia por un tal Abul al-Fiyah que fue su dueño, y hoy aún se mantiene en parte en pie, siendo su noria un símbolo de la ciudad. Su función era la de llevar el agua del río al interior del Alcázar Andalusí hasta un aljibe que la repartía por los jardines del palacio. Su estructura era un acueducto que lo separaba del malecón mediante uno o varios arcos de piedra. Algunos autores admiten que, aprovechando este, sirviera también para acceder, junto al molino, a una torre albarrana para el control de esa zona del río, puente y puerta.

Molino de la Albolafia. Al fondo el Puente Romano.

20.- Puerta de los Jardines o del Cementerio Real. La Bab al-Yinan o Bab al-Rawda estaba formando rincón, y lleva esos nombres por ser estos dos lugares, como veremos más adelante, a donde se llega entrando por ella. Es el acceso más directo al puerto fluvial y al arrecife del río. Actualmente se aprecian restos de la puerta, o de su muralla, adosada al Alcázar de los Reyes Cristianos, en la bajada de la Calle de Santa Teresa Jornet.

Reconstrucción ideal de la Bab al-Yinan y alrededores.
El mismo lugar hoy.
Restos de la muralla y puerta en su parte adosada al actual Alcázar.
Vista desde "dentro", a la derecha los restos.
Paño de muralla en el interior del actual Seminario de San Pelagio.

21.- Puerta de los Perfumeros o de Sevilla. Bab al-Attarin o Bab Ishbiliya. No es la actual Puerta de Sevilla. Esta puerta llevaba estos nombres porque saliendo de ella, en el Zoco Grande, del que se ha hablado con anterioridad, las tiendas de aquellos eran las que estaban más cerca del recinto, y porque era el camino que, por la margen derecha del río, llevaba hasta esta ciudad. Con el paso del tiempo, y la consecuente destrucción del interior de parte de las construcciones del Alcázar Andalusí, este quedó abierto a la población en toda su parte más occidental, convirtiéndose esta en una puerta urbana, en vez de solo de acceso al recinto real. Tras la construcción del Castillo de la Judería, por parte de los almohades en el siglo XII, y el levantamiento de la muralla de la zona entre los siglos XIV y XV, cerrando el barrio de los ballesteros del rey (hoy Alcázar Viejo-San Basilio) esta puerta pierde sentido en este lugar, y se abre con el mismo nombre la que hoy podemos ver, o más bien la reconstrucción de su reconstrucción, en las conocidas como Eras de la Salud. Los restos de la puerta original la podemos identificar actualmente en un torreón que es parte de una casa particular en la Calle Caballerizas Reales, haciendo esquina con la Plaza y Jardines del Campo Santo de los Mártires. La ubicación de esta puerta es muy controvertida, pero yo me he declinado por esta versión.

Torreón relacionado con la antigua Puerta de los Perfumeros.

22, 23 y 24.- Marcan, respectivamente, el viario principal de norte a sur, entre las puertas del Baño y del Cementerio; y de oeste a este, entre las puertas de los Perfumeros y de Hierro; y las plazas que quedarían marcadas por el cruce de ambas calles, delante de los Baños Reales y pasando las puertas del Baño, del Hierro y de la Justicia.

ESPACIOS DE GOBIERNO Y DE SEGURIDAD


Edificios de gobierno y de seguridad.

25.- Casa de la Justicia o del Cadí. Atravesando la Puerta de la Justicia, se abría una explanada en forma de plaza o patio. A la izquierda parte de los edificios de los funcionarios; a la derecha la cárcel; y en el frontal el edificio con planta basilical donde el cadí, o juez supremo, impartía justicia pública. El segundo patio de San Pelagio, contado de este a oeste, amortizaría hoy este espacio emblemático para la corte, donde en ocasiones era el propio monarca el que decidía los pleitos.

26.- Cárcel. Como se ha comentado anteriormente, en el lado oriental de esta plaza interior se alzaba una cárcel compuesta por un torreón almenado en sus cuatro lados. Un pequeño patio daba paso a las dos crujías a oriente y mediodía formando la esquina sureste del recinto del Alcázar, con mazmorras subterráneas, a nivel de calle, y segundo nivel. En la azotea se mostraban tanto los "trofeos" de las batallas ganadas, como los reos que eran condenados a muerte, de forma que siempre había picas con cabezas cortadas clavadas en la punta, o crucificados en forma de equis, con los brazos y piernas abiertos, picoteados por cuervos y otras alimañas, bajo el pendón verde suní y blanco omeya ondeando en la misma esquina. Una pequeña entrada de fuertes rejas de hierro fundido y puerta de bronce, separaba esta construcción de la plaza donde se encontraba el cadalso comentado con anterioridad, para ganar en eficacia de movimientos. Esta zona corresponde hoy a las crujías orientales del primer patio de San Pelagio, y la fachada que da a la Plaza del Triunfo.

27.- Edificios de Administración y Gestión. El Estado necesitaba de lugares donde los funcionarios se reunieran, despacharan y gobernaran, rodeados de la correspondiente burocracia, ya que las demandas, propuestas, solicitudes, quejas, etc... de todo Al-Ándalus requerían de mucho tiempo, recursos humanos y espacios. También estaba aquí la Casa de la Limosna, a la que se llegaba a través de la anteriormente comentada Puerta de la Justicia, cuando esta se abría para audiencias públicas con el cadí. Hoy esas estancias estarían alrededor, o cerca del tercer patio de San Pelagio, incluso en parte de la Calle Amador de los Ríos.

28.- Casa de la Guardia Real. El Califa disponía de su propia guardia personal que cuidaba en todo momento de él y de su familia, así que el recinto que ocupaba debía estar cerca del lugar donde comenzaban las estancias más cercanas al monarca, y no lejos de la puerta principal de acceso, que como hemos comentado antes se llamaba del Poder, o de Hierro. También corresponderían hoy en día con los pabellones norte del primer patio de San Pelagio.

29.- Cuerpo de Guardia. Independientemente de la guardia personal, estaban repartidos por todo el complejo una serie puestos de control de los accesos a los lugares más comprometidos, llamados cuerpos de guardia, y estarían ubicados en la entrada de la Puerta de Hierro, actual principal del Palacio Episcopal; a la de la Puerta del Baño, al norte; y a la entrada de la Puerta de los Perfumeros, en la actual fachada de casas del Campo Santo de los Mártires, detrás, y no muy lejos de la estatua de Al-Hakem II.

30.- Puertas de seguridad. Repartidos por las distintas dependencias, y con especial énfasis en los lugares de estancia de la familia real, los diferentes espacios quedan separados por puertas de seguridad, con acceso controlado, al igual que en Madinat al-Zahra, para mejor defensa en caso de necesidad.

ESPACIOS DE REPRESENTACIÓN

Espacios de representación.
Cualquier Corte importante que se preciara de serlo debía disponer de estancias para atender y agasajar a las embajadas y visitantes del palacio, y esta no iba a ser menos, pues no en vano era en aquellos momentos la que pertenecía a uno de los cinco estados más influyentes del Mediterráneo y Europa.

31.- Pórtico y Patio de Recepciones. Entrando por la Puerta del Poder o de Hierro, se accedía a una plaza. A la izquierda los edificios de la Guardia Real y de Gobierno, antes comentados, y a la derecha los correspondientes a la zona de representación y protocolos. En primer lugar estaría un patio de varias fuentes decorativas rodeado por dos pequeños edificios a este y oeste, y dos pórticos al norte y al sur, que daban acceso a un patio cuadrangular. Habrá que imaginar la decoración suntuosa de paredes y techumbres, los arcos de herradura sobre columnas de colores y el brillante pavimento de mármol. Hoy correspondería a la parte más al sur del actual Palacio Episcopal.

32.- Salón de Recepciones o Salón Dorado. Si rica era la decoración de bienvenida en el pórtico y el patio, habrá que echar el resto para imaginar cómo sería la del salón donde el Califa recibía a multitud de personajes, muchos de ellos hoy reflejados en nuestros libros de Historia. Con el trono real en el centro, bajo una cúpula forrada de oro y decorada con piedras preciosas de colores, similar al mirhab de la Mezquita-Aljama, el resto de cortesanos y familiares del monarca se repartirían por la estancia siguiendo los patrones protocolarios, dependiendo de la importancia del huésped a recibir.

33.- Casa de los Visires. Adosado a este edificio, otro de dos plantas acogía en su planta baja el lugar donde el Califa se reunía con sus ministros para la toma de decisiones de gobierno. Para contextualizarlo, podríamos compararlo con el actual Consejo de Ministros del Palacio de la Moncloa, en el caso de España, o la Sala del Consejo de Administración de cualquier empresa importante. También servía para atender en privado, si fuera necesario, a cualquiera que era atendido en el Salón de Recepciones, cuando el Califa lo creyera conveniente; de ahí que estuviera junto a este.

34.- Salón de Banquetes y Patio. Detrás del Salón de Recepciones, un hermoso edificio para banquetes y patio con fuentes y jardín para representaciones y lecturas poéticas, estaba diseñado para agasajar a los huéspedes que venían a visitar al Califa. Decorado con atauriques y figuras geométricas, para embriagar a los invitados, con la ayuda del vino y de la música, correspondería con el actual patio barroco del Palacio Episcopal.

35.- Despachos del Califa. En la planta alta de la Casa de los Visires, al oeste del Salón de Recepciones y del de Banquetes y su patio, se extendían las dependencias de los despachos privados del Califa, es decir, su zona personal para trabajar revisando documentos y recibiendo personajes de su Corte. Allí tendría bajo su control, a la vista, todos los edificios comentados.

36.- Casa de los Huéspedes. Aunque el Califa disponía de palacios en los alrededores del Alcázar, y por toda la ciudad, incluso extramuros, donde poder alojar a sus huéspedes, también disponía de esta pequeña estancia privada para casos de necesidad.

37.- Torre del Palomar. Al oeste del Patio de Recepciones, y al sur de la Casa de los Visires, se alzaba una de las dos torres más altas de todo el complejo. Con una altura 20 metros, era el lugar donde se guardaban las tan apreciadas palomas mensajeras que servían para comunicarse rápidamente con lugares relativamente lejanos. Vamos, la actual zona Wifi. También servía para que su guardia personal, controlara desde la altura toda la parte comentada en este espacio de representación.

ESPACIOS PARA EL SERVICIO

Espacios para el servicio.
Un recinto de semejante tamaño y diversidad, y con tanto personal viviendo y trabajando en él, requiere de un potente equipo de servicios para su mantenimiento y funcionamiento. Albañiles, jardineros, carpinteros, cocineros, sirvientes, limpiadores, asistentes, escribientes, organizadores... mano de obra en general. Y todos ellos necesitarían talleres, almacenes, herramentales, cocinas,... y habitación para muchos de ellos que vivían allí mismo.

38.- Cocinas. He pintado en el plano tres zonas para cocinas. Una, en el extremo noreste, que daría servicio al Salón de Banquetes; otra en un punto cercano a la Puerta del Baño, pegado a la muralla norte, que dotaría a los edificios privados, de los que se hablará luego; y la tercera, más cercana a la zona de ocio y baños, de la que comentaré más adelante. En ellas se preparaban los alimentos halal, y disponían de hornos, calderos para aceites y brasas para asados, así como alacenas para el almacenamiento y tablas de piedra para la preparación.

39.- Almacenes, talleres y estancias privadas para el servicio. Estos estarían repartidos entre las zonas de representación, privadas y de ocio, de manera más o menos discreta, pero al mismo tiempo útiles para su uso.

ESPACIOS PRIVADOS

Espacios privados

Eran los edificios y lugares donde el Emir o Califa, y su familia, realizaban su vida privada, reservada al descanso y el entretenimiento. Esta zona estaba compuesta tanto de espacios abiertos; patios y jardines interiores, como de edificios de una o dos plantas, además de un mirador.

40. Torre del Mirador y del Tesoro. Con treinta metros de altura, era el punto más alto del Alcázar, y desde él se divisaba casi toda la ciudad y sus alrededores. Aquí, el Califa era donde sentía todo su poder. Esta torre estaba muy vigilada, ya que, entre sus sótanos y el mirador superior existían habitaciones, a distintos niveles, donde se guardaban los tesoros reales. Estaba coronada con un hermoso mirador a cuatro lados con arcos de herradura con dovelas alternadas rojas y blancas, como la Mezquita-Aljama, y como casi toda la decoración de palacio. Hoy, esta torre la podríamos situar en la parte más occidental del Patio de Armas del Palacio Episcopal.

41.- Biblioteca y Taller de Escribanía. Era el lugar preferido del Califa Al-Hakem II, y en ella llegó a acumular, según la tradición, más 400.000 volúmenes. No satisfecho con ello, en el taller se realizaban copias de muchos de los mejores y más deseados libros del mundo entonces conocido y cercano. Se situaba en la planta alta, al norte de la Torre-Mirador, a la que estaba conectada.

42.- Harén y estancias de los eunucos. El lugar donde vivían las esposas del Califa se situaba en el extremo occidental de la zona privada, lejos del bullicio, y era un edificio de dos plantas, vigilado y con puertas de seguridad, con un adosado al sur, donde vivían los eunucos, que era el servicio más habitual en el harén por sus características físicas. Hacia la parte más occidental, dos terrazas o azoteas, en la parte superior, y unidas por un arco con puerta, daban vistas a los jardines y al viario principal norte-sur. La planta alta conectaba, mediante pasos elevados cubiertos, enfoscados en lapizlázuli, tanto con las alcobas del Califa, al este, como con la zona de los baños, al oeste, salvando un jardín interior y el vial norte-sur, respectivamente. Para situarlo en la actualidad podríamos tomar como referencia la zona abierta de la fachada oeste de la Biblioteca Pública del Estado, y que no es visitable.

Paso elevado que conectaba el harén con las estancias privadas del Califa. Vista desde uno de los cenadores.

43.- Salones de Banquetes y Cenadores. El Alcázar disponía de tres salones privados para disfrutar de la gastronomía y de la música y la poesía. Uno de ellos, a poniente, adosado a los baños, compuesto de dos pabellones juntos; un segundo estaría entre el harén y la biblioteca, siendo de una sola planta, con planta basilical, y cabecera de un hermoso jardín con alberca sobre el cual cuatro arcos sostenían el pasaje elevado antes comentado (ver dibujo más arriba); y el tercero, más pequeño, con otro patio-jardín con fuentes delante, y situado entre la zona privada y la zona de representación. La decoración era suntuosa y armoniosa con su entorno, y junto con el sonido de las fuentes resultaba un lugar encantador.

44.- Baños Reales (Hamman). Restaurados y recuperados en el año 2006, los Baños Califales fueron construidos por Al-Hakem II en el siglo X, y ampliados y reformados en el XI, XII y XIII. Con el remonte de tierra que el Rey Alfonso XI realiza en el Campo Santo de los Mártires para la construcción de su Alcázar, quedan sepultados hasta su hallazgo accidental en 1903. Mantiene sus salas frías, templadas y calientes y los lucernarios estrellados en sus bóvedas. Relacionados con los pabellones adosados para banquetes, era todo un conjunto especial para el ocio.

Fotografía reconstructiva ideal de la entrada a los baños califales, dentro del museo.
Interior de los Baños Califales hoy.

45.- Otras estancias privadas. En ellas se situaban las alcobas del Califa, así como otros salones y habitaciones para el uso privado. Su decoración era continuista con el resto del recinto, aunque aquí sobresalía ante todo la funcionalidad, siendo, por lo tanto, más austera. Se situaban adosadas a la Biblioteca y, por el norte, a la propia muralla del Alcázar, teniendo acceso a jardines y pabellones interiores. Hoy lo podemos situar en el extremo occidental del Palacio Episcopal y un espacio abierto que allí se encuentra.

JARDINES, CEMENTERIOS Y MEZQUITA PRIVADA

Jardines, cementerios y mezquita privada.
Los jardines eran un elemento esencial dentro de los palacios andalusíes, y en algunos casos se utilizaban como cementerios, siendo el único caso en el que se permitía el enterramiento dentro de las murallas. En este había dos, y además una pequeña mezquita privada, que daba a ellos.

46.- Cementerio Real (Rawda) y jardín. Este espacio daba nombre a la puerta de acceso al Alcázar desde el sur, y se trataba de unos jardines específicamente diseñados para albergar las tumbas y mausoleos de los diferentes Emires y Califas de Al-Ándalus. Nada más pasar la dicha puerta, a la derecha, un umbrío jardín compuesto por almezos, moreras, naranjos y arrayanes dejaba asomar el estuco de almagra y blanco que cubría la piedra, o el forrado de azulejo, las cúpulas de media naranja, o las tejas de las cubiertas de los mausoleos familiares de los príncipes y califas de la estirpe Omeya, y donde acabará en huesos el recién cadáver de Al-Hakem, que en este momento están perfumando en algún lugar no muy lejano. Dicho cementerio lo podemos situar hoy bajo la crujía más occidental y gran parte del cuarto patio del Seminario de San Pelagio.

47.- Aljibe de distribución de aguas. Una vez salvados, mediante la noria y el acueducto, el paso del arrecife y la muralla, y dentro del recinto, las aguas recogidas del Guadalquivir acababan en un aljibe cuya función era su distribución para el riego de todos los jardines del Alcázar, ya sea por canalillos, o por vía subterránea. Como todos estos tipos de construcciones hidráulicas, tenía una cubierta interior de estuco de almagra, que era el color que permitía que las aguas no degeneraran con la clásica verdina. En cualquier caso, no era para consumo humano, ya que para este cometido el recinto se alimentaba del acueducto que bajaba directamente desde la sierra hasta la Mezquita, y se introducía, de manera subterránea por la parte más al noreste del complejo residencial.

48.- Mezquita del Palacio. Una pequeña mezquita, con su mirhab perfectamente orientado hacia La Meca se levantaba cerca de la Rawda. Era de tres naves perpendiculares a la quibla y tenía su pequeño patio de las abluciones, con fuente, y con un pequeño alminar de unos quince metros de altura. Estaba cubierta de estuco blanco, y su decoración interior era muy austera. Habría que localizar hoy esta construcción en la parte más occidental de la fachada norte del Seminario y parte de la Calle Amador de los Ríos.

49. Fuentes y albercas decorativas no privadas. Repartidas por las zonas comunes del Alcázar existían, según las crónicas, monumentos y fuentes decorativas para solaz de sus habitantes y visitantes. Yo he pintado seis (en paréntesis donde estarían ubicadas hoy): una alberca frente a la entrada a los baños (Jardines del Campo Santo, junto a los Baños Califales y Monumento conocido como Las Manos); dos, una fuente redonda con forma de flor y coronada por un enorme azor de cetrería, cercana a estos y pegada a la muralla oeste (junto a las casas más occidentales de los jardines de los Mártires, cerca de la escalinata de acceso al barrio del Alcázar Viejo); la tercera, una fuente redonda con un elefante rampante como surtidor, estaría en la plaza que se forma a la entrada de la Puerta del Baño, pasando el sabat que une el Harén y las zonas de ocio alrededor de los baños (junto a los restos arqueológicos detrás de la valla, no visitables); más al sur, en la confluencia de los viales principales norte-sur y este-oeste, una gran fuente con planta de estrella de ocho puntas, y en el centro una flor de acanto que soporta una enorme piña de la que emana el agua por todos sus lados y hacia arriba, hacían las delicias de las esposas del Califa que se asomaban a sus terrazas y azoteas (en el mismo espacio no visitable, más al sur); la quinta, una alberca alargada, con chorros de agua en sus laterales, se extendía al suroeste de la antes comentada fuente monumental (actuales jardines frente a la fachada norte del Alcázar de los Reyes Cristianos); y la última estaría en el espacio que separaba las zonas privadas al norte, de las de servicio y edificio de los huéspedes al sur (en la zona que separa el Palacio Episcopal de la Biblioteca Pública)

50.- Cementerio de Palacio (maqbara) y jardín. Muchos de los familiares y fieles sirvientes que habitaron el Alcázar tenían o se ganaban el derecho a ser enterrados también dentro del recinto, pero lo hacían en un espacio distinto al de los Califas y Emires. Combinado con un jardín, las tumbas de estos privilegiados se repartían ordenadamente entre la vegetación de unos extensos y espesos jardines con caminos interiores para pasear. Fueron estos enterramientos los que encontró en 1328 el Rey Alfonso XI cuando decidió la construcción de su alcázar, y los identificó como mártires cristianos. El lugar, que desde entonces fue conocido como Campillo del Rey, se cambió después para llamarse Campo Santo de los Mártires.

La Bab al-Attarin desde el interior, y jardines de la maqbara de palacio.
El mismo lugar hoy

51.- Jardín de la explanada. Es la extensión natural de los jardines anteriores, aunque están separados por el vial principal que desde la Puerta de los Perfumeros parte desde el oeste, dirección este. Rodean a la alberca antes comentada y se extienden hasta la fuente monumental central y las cercanías de la mezquita privada y la Rawda, de los que los separa la parte sur del vial norte-sur.

EDIFICIOS MILITARES

Edificios militares.
En el extremo suroeste, donde ya existiera un castellum romano que defendía la zona y el puerto fluvial, se levantaban los edificios para la estancia de las tropas más leales: unas veces los árabes, otras los bereberes, ocuparon estas dependencias militares con la intención de ponerse al servicio del Estado Andalusí en el momento que este lo precisara para la defensa del Alcázar y de sus alrededores, ya que el grueso del ejército se acantonaba en lo que hoy es conocido como Turruñuelos, y cuyos restos arqueológicos están pendientes de sacar algún día a la luz.

52.- Cuadras y Caballerizas. Era el lugar donde se criaban y mantenían los caballos y camellos del Ejército Real. Se situaba donde hoy se encuentra un jardín del interior del Alcázar de los Reyes Cristianos, y que linda con el que existe en el exterior, y da a la actual Torre de los Leones. En el siglo XVI, el Rey Felipe II ordenó levantar unas caballerizas en esta ciudad, donde nacería el denominado Caballo Español, o Caballo Andaluz. Esta construcción la hicieron a las afueras de la Puerta de Sevilla (de los Perfumeros), ya entonces desaparecida y desde hacía un siglo levantada más al oeste, y muy cerca de la que fueran las cuadras del Alcázar andalusí, pero separadas de ellas precisamente por la muralla del mismo. Es decir, las cuadras califales estaban dentro del Alcázar, y las nuevas del siglo XVI, hoy aún en pie, se construyeron extramuros, aunque la muralla, para entonces, ya no existía, pues se reconstruyó más al sur y al oeste.

53.- Explanada militar o Plaza de Armas. Entre los jardines y las cuadras, se abría un amplio espacio donde se agrupaba el ejército para las salidas y las paradas militares (alardes) que realizaban delante del templete presidencial junto a la Puerta de la Justicia. Si las tropas se dirigían hacia las campañas del sur, estas se agrupaban aquí, salían por la Puerta del Jardín, giraban hacia el este, pasando por el dicho templete presidencial y seguían por el Puente Romano hacia el sur. Si aquellas eran para las aceifas a realizar en el norte, los soldados se dirigían por el vial interior hacia la Puerta del Poder o de Hierro, a la plaza principal, saliendo después por la Puerta del Puente, pasaban delante del Califa y continuaban por el arrecife hacia el oeste, para girar después a la derecha, hacia el norte, bordeando la muralla. Esa explanada hoy la podemos marcar en los actuales jardines delante de la muralla norte del Alcázar de los Reyes Cristianos.

Explanada delante del actual Alcázar de los Reyes Cristianos.

54.- Alcazaba. Era el cuartel de las tropas más fieles al régimen, en unos casos árabes, y en otros bereberes, dependiendo del momento histórico. Esta guarnición, no muy populosa, estaba presta a la defensa del Alcázar, del Califa y su familia, y realizaba las paradas militares antes comentadas, a veces ellos solos y otras junto con el resto del ejército que realmente se acantonaba en un enorme edificio que se sitúa al oeste de la ciudad, hoy conocido como yacimiento arqueológico de Turruñuelos (sin excavar), que atraviesa la actual Carretera de Trassierra pasando la Barriada de San Rafael de la Albaida. La Alcazaba era rectangular, y estaba donde hoy está el Alcázar de los Reyes Cristianos, aunque sin ser exactamente tal cual hoy vemos este edificio. Era más corto, en dirección sur, y más largo en dirección oeste,ya que llegaba hasta juntarse con la prolongación de la muralla romana que venía desde el norte. Tenía potentes torres en sus cuatro esquinas, alguna de ellas probablemente reciclada hoy, que servían de prolongación de la ronda de la muralla perimetral del recinto, y estaba separado por dos patios mediante una crujía central. Su decoración era muy austera y funcional.

DESTRUCCIÓN DEL ALCÁZAR ANDALUSÍ DE QURTUBA

Localización de los lugares comentados sobre el mapa actual (Google Earth modificado)
El proceso de destrucción del complejo palaciego va directamente ligado, como es lógico, con los avatares políticos y sociales de los años y siglos posteriores, lo que determinará su evolución, o mejor involución, acabando por desaparecer prácticamente casi por completo.

He realizado esta descripción tomando como referencia la icónica fecha del día después al fallecimiento del gran Califa Al-Hakem II, en el año 976. Su sucesor, Hisham II, el califa-niño, tan querido por el pueblo, acabó siendo anulado por su primer ministro, Almanzor, que actuó como regente aplicando una dictadura militar. Al fallecimiento de este, en el 1002, las intrigas y las luchas políticas por el poder acabarían con una guerra civil (fitna) entre el 1009 y el 1031, momento en el cual se da por terminado el Califato Omeya de Córdoba bajo el cetro del último Califa, Hisham III, que huyó a Balaguer, donde murió en 1036, y proclamada ya la Taifa de Córdoba, con la forma de gobierno de República.

Durante esas luchas intestinas son destruidos y saqueados los palacios de Madinat al-Zahra y el Alcázar Califal, siendo especialmente duros los primeros años de la fitna.

Es en ese momento en el que la Alcazaba queda arrasada, manteniéndose solo parte de sus murallas exteriores para defensa de la ciudad. Y digo "de la ciudad" porque el recinto palatino queda ya abierto a la misma con el derribo de la Puerta del Baño, al norte y el uso como puerta urbana de la de Perfumeros, al oeste. Las puertas del Jardín y de la Justicia, al sur, son tapiadas, y la de Hierro, al este, es la única que queda en uso dando acceso a los restos de un palacio lleno de ruinas, que está ahora compuesto por los pabellones más al este de todo el recinto.

Los baños califales fueron mantenidos bajo auspicio privado; la pequeña mezquita, que fue arrasada durante la guerra por haber sido lugar de refugio, no fue reconstruida; los jardines y cementerios fueron destruidos y sus lápidas y mausoleos convertidos en cal, para borrar todo resto omeya. La maleza y la tierra lo fue cubriendo todo. Bajo el mandato de Ibn Yahwar al-Rasid (1043-1065), quien no hizo posesión del Alcázar, se autorizó a un tal Ibn Bassa a hacer negocio de lo poco que fue quedando. El historiador Ibn Hayyan nos cuenta que "...Malbarató los materiales; mármoles preciosos, columnas de gran valor, maderas riquísimas, cobre purísimo, hierro y plomo de la mejor calidad, para enriquecerse..."

En el año 1070 la Taifa de Córdoba es conquistada por la Taifa de Sevilla. Su rey, Al-Mutamid, se reserva entonces una parte del Alcázar como palacio propio, para cuando habría de desplazarse desde su capital a la ciudad de los Califas, con lo que durante ese período el complejo fue un poco adecentado y recuperado. La parte que tomó para sí fue la que ocupara la zona más cercana a la Puerta de los Perfumeros, y se le conoció como el Alcázar del Bustan.

Los almorávides, llamados a la Península para recuperar el terreno perdido ante los cristianos del norte, conquistan Córdoba el año 1091. Obsesionados por la seguridad, reconstruyen las murallas perdidas en la ciudad y crean una nueva cerca rodeando el barrio del este (Al Sharquiya) En el Alcázar, mejoran sus interiores y se amplían y mejoran los baños.

En 1162 los almohades toman Qurtuba, y también mejoran los baños y otras partes del Alcázar, como la zona de la antigua Alcazaba, hoy Alcázar de los Reyes Cristianos, pero, lo más sobresaliente es la creación del posteriormente llamado Castillo Viejo de la Judería. Se trata de un pequeño castillo o alcazaba, que sobresale de la muralla del Alcázar por el oeste, quedando la Puerta de Perfumeros, o de Sevilla, otra vez como puerta no urbana, y sí de acceso a dicha construcción hecha en tapial. Hoy aún se mantiene el perímetro norte y oeste, y la puerta de ese lado, de acceso en recodo, en la torre conocida hoy como Torre de Belén.

Torre de Belén, del Castillo almohade conocido posteriormente de la Judería.
El Rey Fernando III de Castilla se anexiona la ciudad en 1236, y según la Crónica Latina, tras oír misa en la Mezquita, el monarca "...pasó a un nobilísimo palacio que construyeron para sí los reyes moros del que se cuentan tantas cosas por los que lo han visto que resultan increíbles para los que no lo conocen", aunque también dicen que se encontraba en estado ruinoso. Durante un tiempo, mientras preparaba los fueros de la ciudad y realizaba el repartimiento de sus tierras y haciendas, fue residencia del rey, hasta que, después de hacerlo, se volvió a tierras cristianas para casarse y preparar las siguientes campañas en Al-Ándalus.

Respecto al Alcázar, el rey castellano cedió los terrenos y ruinas de la Alcazaba a la Orden de Calatrava, que unos años después esta entregó o vendió a la novedosa orden agustina. Los baños califales fueron vendidos a un particular. La zona sudeste, correspondiente a la Casa del Cadí, Cárcel y Edificios de Administración, repartidos entre algunos canónigos. Los espacios privados y de representación, es decir, la más noble, al noreste del recinto, es regalada al nuevo Obispo Lope de Fitero, que lo convierte en su sede. Al sur de la Puerta del Poder o de Hierro, se abre un arco en la muralla, con los siglos conocido como Arco de Guía, dando acceso al que separa ambas zonas comentadas, y habilita el paso al resto del complejo. Y la alcazaba construida en el siglo XII por los almohades es convertida en gueto para los judíos, pasándose a conocer como Castillo de la Judería.

A la salida, al oeste de este nuevo bastión comienza a levantarse un nuevo barrio cedido por el rey a sus soldados ballesteros, que construyen sus casas siguiendo un viario en formato lineal que aún se mantiene en la actualidad, llamándose hoy Barrio del Alcázar Viejo, o de San Basilio.

1009-1328 (Imagen Google Earth modificado)

En 1328, Alfonso XI compra a los agustinos los terrenos y los restos de edificación de la antigua Alcazaba, y construye el hoy conocido como Alcázar de los Reyes Cristianos. Para realzar la nueva construcción manda hacer un remonte de tierras en toda la zona interior correspondiente al antiguo cementerio (maqbara) y jardín del palacio, y a los baños califales, quedando todo sepultado bajo tierra, y convirtiendo el lugar en una explanada sin vegetación. El monarca vuelve a dar vida al Molino de la Albolafia para regar sus nuevas estancias ajardinadas.

A finales del siglo XIV y principios del XV, tras la Batalla del Campo de la Verdad, entre Pedro I y Enrique II, en 1368, comienza en la ciudad una campaña de nuevo reforzamiento de lugares defensivos, como la Torre de la Calahorra, o las murallas. En este contexto, entre esta fecha y los primeros años del siglo XV, además de la Torre de la Malmuerta, entre otras, se levantan las murallas que defienden el Alcázar de los Reyes Cristianos en su parte sur y oeste, dejando en su interior el barrio del Alcázar Viejo. En la parte más occidental de esta muralla se abre la nueva Puerta de Sevilla, que hoy aún se mantiene, sustituyendo a la del mismo nombre y más interior, que fuera del Alcázar Andalusí. Lo que hoy vemos, como ya hemos comentado, es la reconstrucción que en los años 50 del siglo XX se hace de una reconstrucción que se hizo en el siglo XIX tras su desplome, aunque la torre albarrana que supera el arroyo, hoy canalizado, mediante dos arcos, sí es original.

Puerta de Sevilla
En ese mismo siglo XV, reaprovechando parte de las construcciones existentes, se construye el Palacio Episcopal en el lugar cedido por Fernando III al Obispo, con el estilo gótico de la época. En la otra punta, la Reina Isabel I de Castilla, que se encuentra habitando el Alcázar de los Reyes Cristianos, preparando la campaña de conquista del Reino de Granada, y donde dará a luz a su hija María, posterior reina de Portugal, y se recibirá a Cristóbal Colón en 1486, ordena el desmonte de la Noria de la Albolafia, por perturbar su descanso con el ruido. Cuando se marcha, cede el nuevo Alcázar a la Santa Inquisición, que monta allí su tribunal y habilita sus estancias como mazmorras. Y es que la reina lo mismo montaba que desmontaba.

1328-1492 (Imagen de Google Earth modificada)

En el siglo XVI se reconstruye el Palacio Episcopal, dándole el aspecto que hoy en día se puede ver. En 1570, el Rey Felipe II, con la intención de crear un caballo de pura raza, edifica las Caballerizas Reales. Para ello utiliza el espacio más al sur del almohade Castillo de la Judería, eliminando la muralla del Alcázar que lo separaba de los restos de lo que fueran las cuadras, y abre un hueco en la muralla del Castillo de la Judería, conocido hoy como Arco de Caballerizas. En las antiguas casas del canónigo Velasco, se funda el Seminario de San Pelagio.

El siglo XVII es testigo de reformas en el Palacio Episcopal, que incluye el derribo de su zona más occidental y del sabat, o pasadizo que existía entre aquel y la Mezquita, ya con la Catedral dentro de su recinto.

1492-1682 (Imagen de Google Earth modificada)
En el XVIII, un incendio en la sede episcopal trae importantes reformas interiores, con la reconstrucción de patios y crujías de estilo barroco, y la ampliación y remodelación del seminario. Poco a poco, los restos del antiguo Alcázar Andalusí van desapareciendo para siempre.

En el siglo XIX, en parte de la antigua zona residencial palatina, se construye la Biblioteca del Estado, hoy aún en funcionamiento, y es cedida por el Ayuntamiento al Seminario de San Pelagio la parte más occidental que linda con él, y que correspondía con la Rawda, o Cementerio Real de los Omeyas, dando así carpetazo a la posibilidad de una recuperación histórica. En 1812 el Alcázar de los Reyes Cristianos, que pertenecía al Santo Oficio, se transforma en cárcel, y en 1931 es declarado Monumento Histórico y cedido al Ejército. En este siglo se abre la Calle Santa Teresa Jornet, que conecta la Plaza de los Mártires con el Guadalquivir, donde estaba la Bab al-Yinan o Bab al-Rawda.

El siglo XX trae la apertura organizada de la actual Calle del Dr. Fleming, para conectar con el río a través de lo que fueran los jardines andalusíes del antiguo Alcázar, y el Alcázar de los Reyes Cristianos es restaurado mediante un proyecto de musealización que recupera los espacios interiores y exteriores del edificio del siglo XIV.

1682-1960 (Imagen de Google Earth modificada)
A principios de los años 1970 Félix Hernández y Ana María Vincent excavan los restos arqueológicos de la zona norte del Alcázar Andalusí de Qurtuba, quedando pendiente un estudio con más profundidad y dilatado en el tiempo.

Todas las fotos son del autor, salvo las que se indican oportunamente.


viernes, 24 de agosto de 2018

Una Córdoba en Francia.

Còrdas, Cordes o Cordes-sur-ciel (Francia)
País: Francia
Provincia: Tarn
Población: Cordes-sur-ciel
Fecha: 20180810

Casi siempre que hablamos de las "otras Córdobas" para diferenciarlas de la original, fundada hace casi 2.200 años por Marco Claudio Marcelo (sin contar el poblado anterior turdetano, también llamado así probablemente) al borde del río Baetis, hoy Guadalquivir, al sur de la actual España, en ese abanico multicolor y multicultural que es Andalucía, solemos pensar en esas más de tres decenas de villas, aldeas, ciudades, provincias o regiones que se reparten sobre todo por América, aunque también en Filipinas, y que en su mayoría fueron creadas y fundadas al albor del colonialismo que Castilla y Aragón desarrolló en estas tierras desde el conocido año de 1492.

Desde la más norteña, la Córdoba (o Cordova) que está desde 1790 en la costa de Alaska, donde los 45 grados de temperatura son negativos, y al sol; hasta la más populosa, la hermosa Córdoba argentina, con su millón y medio de almas, fundada en 1573 por un sevillano casado con una cordobesa; pasando por la mexicana Córdoba de Veracruz, una coqueta ciudad fundada en 1618; o la provincia, o departamento colombiano de Córdoba, cuya capital es Montería; y la más al este, la Córdoba filipina, en la isla de Cebú, sita en medio de ese maravilloso laberinto de islas que componen el país asiático.

Pero, ¿y si hubiera otra "réplica" de Córdoba, esta vez en el viejo continente, y además fundada 270 años antes del famoso encuentro con América en aquel 1492...?

Hablo del pueblo francés Cordes-sur-ciel, cuya traducción sería Córdoba en el Cielo, y que pertenece a la región Mediodía-Pirineos y distrito de Albi.

Entorno de Cordes-sur-ciel
Debo, en principio, reconocer que no he encontrado nada oficial que relacione fielmente dicha afirmación, por lo que deja de ser categórica para pasar a relativa, aunque siempre posible. Tan solo una confirmación de un guía turístico dando por hecho la traducción del idioma occitano, pocas referencias en alguna página web de viajes y turismo, y algo escrito en papel que ha podido llegar a mis manos. Nada más.

Cordes-sur-ciel se sitúa sobre la colina "puech" de Mordagne.
Su fundación ocurre en medio de una época de enfrentamiento religioso. El catarismo, una doctrina confesional surgida entre los siglos XI y XII en Europa, especialmente en el sur francés, y que, entre otras cosas, defendía el rechazo absoluto al mundo material, encontró respuesta, como no cabía esperar de otra manera, en la todopoderosa y ultramaterialista Iglesia Católica que, aliándose con la no menos monarquía francesa forman un frente común llamado Cruzada Albigense (por la ciudad de Albi), declarando la guerra a los cátaros en el año 1209.

Lugares donde se desarrolla la Cruzada Albigense (foto Wikipedia; SanchopanzaXXI)
El avance cruzado culmina con la batalla de Muret en 1213, en la que muere el rey Pedro II de Aragón, uno de los vencedores de la batalla de las Navas de Tolosa frente a los almohades en Jaén, ocurrida un año antes, y que en esta cruzada apoyaba a sus vasallos que se defendían de los católicos ortodoxos. Aunque la guerra no acaba aquí. El Papa Inocencio III fallece en 1216, lo que es aprovechado por el Conde Raimundo VI de Toulouse, y su hijo Raimundo, que llevaban en el exilio desde la dicha batalla, para desembarcar en Marsella y comenzar a recuperar los territorios perdidos.

En este punto llegamos al año 1222, en el que el Conde Raimundo VI muere, heredando su hijo Raimundo VII, que se hará cargo de la gestión de los territorios recuperados y de los asuntos de la guerra. Una de sus preocupaciones es el reforzamiento de las infraestructuras defensivas y de protección de sus súbditos, y aquí surge la bastida de la que hablamos, y que el conde llamará Còrdas o Cordes, que en idioma occitano, como hemos comentado, quiere decir Córdoba.

Plano de la bastida de Cordes-sur-ciel
¿Qué hizo al conde Raimundo VII ponerle ese nombre? Aquí llegan las conjeturas y la imaginación, pues nada se sabe de ello a ciencia cierta, o al menos yo no he sido capaz de encontrarlo. Desde luego tuvo que influirle la fama de una ciudad (entonces Qurtuba) con muchos siglos de poder político y cultural que se extendía por todo el mundo conocido, en especial en los últimos años con la dinastía omeya. Hay que tener en cuenta que en aquel 1222 todavía mantenía el prestigio de sus escuelas, a pesar de la intransigencia e intolerancia religiosa de almorávides y, sobre todo, almohades, siendo patria de los afamados Averroes (1126-1198) y Maimónides (1135-1204), y la juventud ansiaba estudiar en ellas. Aún no había sido anexionada por los castellanos, hasta catorce años después. También podemos especular con que el conde, que estuvo junto con su padre exiliado varios años y, aunque parece que los pasó en Inglaterra, podría haber tenido sentido que, al menos unos meses, estuviera en casa de su aliado, la Corona de Aragón, y de hecho la invasión para recuperar sus tierras se realizó en Marsella, lo cual podría indicar que se preparó desde las tierras aragonesas de las costas de Cataluña. Eso pudo también darle la oportunidad de conocer más y mejor el sur peninsular a través de las relaciones políticas y militares de su aliado aragonés. ¿Por qué no?

Campos que rodean Cordes-sur-ciel
Una bastida no es un castillo, sino que se trata de una villa construida en lo alto de una colina, aquí el "puech" de Mordagne, y rodeada de potentes murallas, que en Cordes son cuatro líneas concéntricas de muros defensivos, y que servía para que la población que perdía sus viviendas debido a la guerra se refugiase en ella, manteniendo una composición urbanística parecida, en gran medida, a las ciudadelas romanas, con sus cardos y decumanos, aquí moldeados según el terreno.

Puerta del Reloj (siglo XIV)
Puerta del Abulón (siglo XIII)
Muralla de la Puerta de la Jane (siglo XIII)
Torre de la Barbacana (siglo XIII)
En este caso, además, nace con la intención de mantener en ella constantemente a una población que se dedique al comercio de los productos que se cultivan, crían y elaboran en los campos que la rodean. Para ello se levanta la Plaza del Mercado, aunque el pórtico es posterior, y con un magnífico pozo de abastecimiento de agua potable, con 113 metros de profundidad.

Plaza del Mercado (siglo XIV)
Todo esto hace que la gente que se traslada a vivir en la bastida se sientan seguros y levanten sus casas y tiendas.







La Iglesia Católica, a través de su Papa Honorio III, entra en ira descomunal por nuestro Raimundo VII al verle de nuevo Conde de Toulouse, Marqués de Provenza y Duque de Narvona, así que lo excomulga en 1225, y arenga al Rey francés para que lo persiga a sangre y fuego, cosa que logra tras vencerle en 1229, bajo el papado de Gregorio IX, haciéndole firmar el Tratado de Meaux, y finalizando así la Cruzada contra los cátaros. Estos, sin embargo, siguieron fieles a sus creencias escondiéndose en bosques o reuniéndose clandestinamente pero, perseguidos por la Inquisición, fueron perdiendo adeptos y a mediados del siglo XIV ya se dio por extinguida la doctrina.

Cordes, por aquel tiempo, seguía siendo un pueblo próspero, al encontrarse en un cruce de caminos desde su fundación, y cerca de la importante ciudad de Albi, hoy Patrimonio de la Humanidad, y algunos pudieron levantar en la población casas con un carácter más aristocrático, y del nuevo gusto gótico de la época, con arcos ojivales.

Casa del Grand Veneur (siglo XIV)
Casa Grand Fauconnier (siglo XIV)
Y se mejora la iglesia para recuperar los cultos "como Dios manda".

Iglesia de Saint Michel (siglos XIII al XV)
Durante siglos se ha mantenido en la localidad su carácter rural y mercantil, así como gran parte de su caserío, dejando rincones de gran belleza. Hoy es un pueblo turístico, de unos 500 habitantes, que vive de ello casi de forma exclusiva. Otros 500 aproximadamente ocupan los campos de cultivos que hay en el extrarradio por el municipio.







En la década de los años 80 del siglo XX el pueblo comenzó a llenarse de bohemios y artesanos, que se vinieron buscando la soledad y la inspiración del artista en un lugar recóndito y alejado de los bullicios de la vida del consumismo y las prisas, y abrieron sus casas-tienda por sus calles, emulando a sus antecesores, y hoy en día aún se mantienen, imprimiendo un carácter muy específico y un ambiente distinto al resto de ciudades turísticas.





Fueron ellos los que probablemente notaron cómo aquella antigua bastida cátara y pueblo occitano, de fachadas de arenisca y gris, esa "villa de las cien ojivas" de calles empedradas, parecía flotar entre las nubes cuando poco a poco se levantan las nieblas de los meses frescos de la campiña. Por ese motivo comenzaron a apellidarle "sur-Ciel": "en el Cielo", algo que pasó de ser oficioso a ser oficial, cuando le cambiaron el nombre, quizás para diferenciarla de aquella de la que la separan más de 1.200 kilómetros...

En el año 2014 fue nombrado el pueblo más bonito de Francia, evento organizado en un programa de la televisión France TV.


Tengo entendido que existe un proyecto en la Córdoba andaluza para, una vez restaurada debidamente, convertir la Iglesia de San Rafael, del Asilo Madre de Dios, a las afueras de la Puerta de Baeza, en la Casa de las Córdobas, donde tendrían cabida todos esos lugares que en el mundo llevan ese nombre. No estaría de más plantearse la posibilidad de hacer un huequito para este pequeño y hermoso pueblo francés, cuyo conde fundador, Raimundo VII de Toulouse, decidió emular, de una manera u otra, a la original.

Todas las fotos son del autor, salvo las que oportunamente se indican.