sábado, 3 de diciembre de 2011

Cerro Muriano, pasado y presente

Las Gachas Negras
Cerro Muriano... Cerro Mariano... Sierra Mariana... Sierra Morena... ¿quién fue antes, el huevo o la gallina? Desde hace más de 5.000 años, en el Calcolítico, la actividad metalúrgica en el Cerro de la Coja se realiza ininterrumpidamente hasta la Gran Depresión Financiera de 1929, cuando la Córdoba Copper Company Ltd. una compañía anglosajona que aprovechó la inoperancia de la nobleza-cacique andaluza, más preocupada por lucir palmito sobre sus caballos de pura raza en ferias y romerías que invertir en la floreciente revolución industrial europea, se vio obligada a cerrar su fundición debido al crack financiero que una década después traería la más sangrienta de las guerras conocidas... ... ... Esto me suena...

Hace 2.000 años en este lugar existían unas Thermae romanas (¡en plena sierra cordubensis, incluso restauradas por el emperador Tiberio!) que daban servicio a las probablemente cientos de personas que se dedicaban a la extracción y metalurgia del cobre, creando una especie de distrito o poblado minero de relevancia.

La cordobesa barriada periférica de Cerro Muriano tiene un Museo_del_Cobre/ con una cantidad de piezas arqueológicas dignas de hacerle una visita. Nos ha sido grato comprobar la cantidad y calidad de las piezas expuestas. El horario de su visita es, en sábado, por las tardes, pero una amable señorita nos ha solucionado el problema y abierto las puertas que habría que abrir, e incluso explicado el orden cronológico para verlo. Todo un alarde de generosidad cultural: nuestro mayor agradecimiento por su disposición y sentido común.

El museo ocupa hoy lo que fuera el Cuartelillo de la Guardia Civil.


Museo del Cobre
Pero no quiero centrarme en los temas históricos o científicos. Mi amigo Paco Muñoz ya hizo de este tema su propia entrada magnífica para quien quiera más información, tanto de la zona como del propio museo de la barriada. Hoy mis pasos se centran más en mi memoria, y en la memoria de mi familia. Años de infancia, pubertad y juventud que compartimos, cada cual a su manera y momento en este lugar.


Hasta cuarenta personas llegamos a compartir una Navidad inolvidable detrás de esa valla. Un día la electricidad se había ido y solo alumbraba la flama de la chimenea. Salimos a la explanada detrás de esa verja cantando una canción infantil: "¡Tonto, cara cartón, cara pepino, cara melón, que tienes cara de primarrón! ¡Y busque compaña, y busque compaña, que a mi niña cualquiera la engaña! ¡Y dejarla sola, y dejarla sola, que mi niña parece una bola! ¡Y bola que bola, y bola que bola...! ¡Tonta, cara cartón,...!" Y una y otra vez... Navidades en familia.

Esa verja, además, era una de las porterías para jugar al fútbol. Los primos catalanes que venían en verano(catalanes cuando venían a Andalucía y andaluces cuando volvían a Cataluña; nuestros inmigrantes) eran del Barça, y los demás éramos del Córdoba, del Madrid, o del Atleti. La actual carretera era de tierra, y daba igual que fueran las cuatro de la tarde o las nueve de la mañana: un partido era un partido.

Luego bajábamos al pino para coger piñones, y pasábamos la tarde-noche partiendo piñones. Hoy "El Pino" es parte del Centro de Día de Mayores de la barriada.


El Pino
Por esa cuesta, hoy aplanadita pero entonces abrupta, se pegaba alguno que otro más de un traquetazo bajando con la bici sin frenos. La fuerza de la gravedad y la de la inercia hacían valer su ley.

En la siesta, mientras los mayores dormían en verano a "patasuelta", los primos nos íbamos a investigar los alrededores, a los que teníamos puestos nuestros particulares nombres. "Las Minas" eran el lugar estrella: lugares recónditos, escaleras que no llevaban a ninguna parte, pozos cegados, arcos y construcciones extrañas, plagadas de víboras, escorpiones y garrapatas. ¡A ver quién salta más y mejor!


Esas piedras que pisábamos nos marcaban nuevos caminos y rutas a mejores aventuras juveniles. Retos que superar y explorar, como la pared de los nidos de abejarucos...

... ¿pero eran de verdad de abejarucos? ¡Qué más da!
O los saltos en "Las Piedrecitas"...
... o echarle huevos asomándote al borde de "Las Gachas Negras", una montaña artificial formada por las escorias de la fundición; un ejemplo de lo que era entonces la "¿gestión de residuos?" y que hoy forma un paraje extraño e incomprensible. Aún así, nosotros también lo disfrutamos.

Pero lo que más nos gustaba era subirnos a "Los Leones". Hoy en día les llaman "Piedra Horadada"...

... y además le han puesto una especie de "muleta" en la pata derecha del león macho. Pero todos los conocemos como "Los Leones", porque en realidad son dos leones, uno macho, a la izquierda, y otro hembra, a la derecha, que se están dando un beso, probablemente con lengua. ¿Alguien lo duda?

¿Cuántos de nosotros subimos a la melena del león macho? ¿Cuántas veces? Mejor no contarlo.

Pero tanto las minas...

... como el entorno...

... como el conjunto arqueológico del Cerro de la Coja...

... que tuvieron que volver a tapar por falta de financiación. ¡Como si no hubiera arqueólogos e historiadores en el mundo dispuestos a destapar restos romanos! (no son buenos tiempos para la cultura)

Como decía, todo ello, estaba y sigue rodeado de la más coqueta de las sierras, la más morena de las montañas, la que más embriaga con sus olores a jaras y romero y se viste de alcornoques, encinas, pinos y cilantro. La sierra que marca el norte desde la ciudad de Córdoba y que todos los cordobeses buscamos con la mirada cuando nos encontramos perdidos en las nuevas urbanizaciones de pisitos monos y jardines de diseño. Esa muralla natural es, aunque no lo sepamos, nuestra mejor protectora y mejor guía.

No concibo un horizonte sin esta mar de tierra y árbol.

Un paisaje para no olvidar.

Prometo una nueva entrega, esta vez con lugares menos camperos, y más "de pueblo".

Volveremos a los olores a Cerro Muriano.

7 comentarios:

Conchi Carnago dijo...

Que linda entrada, José Manuel, los recuerdos de la niñez y de juventud tienen el encanto de la inocencia perdida, para mi son especiales.

Las fotografías, bastante buenas, el lugar se presta a ello pues las vistas son magnificas.felicidades amigo.

José Manuel Fuerte dijo...

Gracias Conchi. He pretendido dar a esta entrada un toque más familiar que científico. Sé que hay mucha gente de mi familia que nunca olvidará esos veranos, fines de semana y fiestas navideñas en este lugar. Hoy somos cuarentones, cincuentones y treintones, y cada uno lo vivió dependiendo de su decena, pero ninguno, y de esto estoy absolutamente seguro, olvidará una cosa del lugar: el olor. Si todos los primos, padres (hoy abuelos) volviéramos al mismo tiempo a aquel lugar, seguro que coincidiríamos todos en una cosa: el olor. Porque El Muriano huele a El Muriano.

Paco Muñoz dijo...

Precioso José Manuel, y las fotografías y el entorno, y la historia, y la añoranza de tiempos pasados. La primera vez que tengo en mi memoria las ruinas, se me quedaron como una construcción andina, como el Machu Picchu córdobes, no se porqué, pero así se me quedó en la memoria, y así las sigo manteniendo. Eran algo especial. Estuvimos allí dos días. En esas fechas subimos andando a Torreárboles,como es lógico, también la primera vez -luego he subido muchas, solo y acompañado, con Conchi varias-. Al jefe de la platería, Julio Galisteo, amigo de mi padre, dijo que le mordió una víbora en la pierna. Pudo ser, pero cuando le vi la herida le dije -Julio, la víbora tiene que estar mellada. No es una mordedura de serpiente. Fue una avispa terrera que duelen lo suyo, al pisar una piedra donde estaba su panal particular, afortunadamente se calmó pero le iba a dar algo.
Y el Muriano siempre huele a Muriano, bonita frase. Tres meses en el 68 en el CIR 5, 16ª Cia. Otros olores.
Un abrazo.

José Manuel Fuerte dijo...

Bueno Paco, esos olores que dices al final son más de rancho o zafarrancho. Espero que no fueran demasiado intensos. En fin, era lo que había.

También tengo historias de Torreárboles; historias que contar con mis primos y hermanos, y en el pantano, y en el "pueblo"... su feria, su cine de verano, las colonias, incluso sus discotecas. Muchas cosas para tan poco espacio.

Un abrazo.

Manolo Trujillo dijo...

Hola, también he llegado yo a este blog a través del de Paco. En la Plataforma A Desalambrar andamos buscando testimonios de gente que haya andado hace bastantes años por los caminos que rodean Cerro Muriano, y en particular por los de la Armenta y Villa Alicia. Como he leído que tienes recuerdos de Torreárboles, posiblemente también andarías por allí, y podría ser interesante.

José Manuel Fuerte dijo...

Estimado Manolo Trujillo,

Disculparme lo primero por no haberte respondido antes, pero es que estas fiestas "se las traen".

Relacionar nombres con lugares concretos va a ser muy difícil para mi, puesto que en la época en la que tuve la suerte de disfrutar del lugar estaba uno más pendiente del nombre de la de la falda cortita que del camino que andaba.

Lo que sí recuerdo es que nos juntábamos en Los Pinares, la rotonda de entrada hoy a la barriada y que entonces era de tierra, y nos dirigíamos hacia Torre Árboles más por intuición que por conocimientos del lugar.

Los nombres que mientas no me suenan como tal, aunque es posible que si los visitase ahora me recuerden algo, porque pocos rincones de la zona se me quedaron "virgen".

En cualquier caso, me tienes a tu entera disposición para lo que consideres preguntarme.

Un abrazo.

Chary Serrano dijo...

He llegado a este blog por el de Conchi Camargo, que a la vez he conocido hoy por su hijo... en fin, hoy es día de conocimientos fructíferos.

Acabo también de redescubrir al Cerro Muriano, pues algunos de estos lugares nunca los había visto.

¡¡Que bonita es nuestra sierra!!
Yo también guardo recuerdos de mi niñez veraniega entre esos campos.