domingo, 28 de agosto de 2011

La piscina del califa


Aprovechando que mi inseparable amigo, el Reloj de las Tendillas, me está dejando unos días para decidir por mí mismo qué hacer al levantarme cada mañana, sin dejar de cumplir con mis obligaciones de padre y esposo, y por supuesto siendo fiel a mi "extraña" promesa de, aprovechando estos momentos de solaz y libertad vigilada, visitar cada período vacacional el lugar que más me emociona y suscita, como es el conjunto arqueológico de Madinat al-Zahra, puse rumbo hacia él el pasado sábado 27 de agosto, dispuesto a disfrutar de imágenes ya pre-grabadas en mi cerebro, refrescando la memoria, y, ¿qué duda cabe? con el gatillo crítico apuntando directamente a las obras de restauración-remodelación que se están llevando a cabo en la zona más VIP de la siempre hermosa ciudad palatina califal.

Y allí me planté, cámara en ristre, gafas de sol, pantalón cortito, zapatillas de deporte, camiseta fresquita, y unas ganas tremendas de volver a pasear por esos recovecos y callejones de piedra, y asomarme a las terrazas que nos muestran, a pesar de estas fechas de temperaturas tan extremas, la imponente riqueza paisajística de la Vega del Guadalquivir.

Muchos de mis allegados se sorprenden de que lo que a mí me emociona de este monumento o lugar arqueológico, no suele resultar demasiado espectacular o estéticamente atractivo, sino más bien lo contrario. Y yo también me lo pregunto, pero no puedo remediar que me atraigan más esos rinconcitos apartados, muchas veces fuera de las rutas de visitas, y que me invitan a pensar o a imaginar cómo pudieron ser las vidas de las personas que habitaron estos espacios.

Rinconcillos como este...

O como este...



... sin decoración de ningún tipo, sin columnas espectaculares o atauriques demoledores. Lugares que uno no termina de sacar en conclusión si se trata de una calle o de una vivienda... En fin, si es que soy así... Tengo bastantes fotos de estos recovecos que todavía no son visitables, y algún día me atreveré a hacer una entrada en la que mostrar al mundo todo lo que todavía no nos enseñan. Lo prometo por Esnupi.

Como decía, cogí el primer autobús que subía (por las calores, ya me entienden) y me perdí entre sus piedras con parsimonia, observando de cerca los paramentos y soleras, agachándome para verlos bien, e imaginando con mi mentalidad romántica, como un amigo mío me clasificó acertadamente no hace mucho, y pensando en los olores y en la luz que habría en tal o cual estancia, las gentes que se moverían en ellas y con motivo de qué. Vamos, una especie de autonovelilla histórica para mi propio deleite.



Pero una vez que llegué al lugar donde llevan meses en obras, a la zona caliente...



... me sobresaltó esa vena crítica y periodística que todos llevamos dentro, y el romanticismo se fue al carajo en cuestión de segundos.

Lo primero que me pasó por la cabeza fue intentar adivinar lo que pensarían los turistas que vinieran desde lejos, muy lejos (que los había) cuando llegaran a esta zona, la más atractiva de todo lo excavado y restaurado hasta ahora, y se encontraran con tanto hierro formando escaleras y vallas.

Los dientes me chirriaron al comprobar que en el jardín todavía se encuentran apiladas entre sus parterres las piezas encontradas en estas décadas, a pesar de que ya se dispone, teóricamente, de un lugar para el almacenamiento adecuado, clasificación y estudio.



¿Qué pasa? ¿Que no hay científicos y arqueólogos en esta ciudad... o mejor en el mundo... capaces o dispuestos a realizar este trabajo? ¿Vamos, después de habernos gastado una pasta en el museo, a permitir que estas piezas se sigan deteriorando por la erosión de su exposición al sol y la lluvia? ¿Vamos a esperar a que no sean legibles? No sé si estoy diciendo una tontería, pero esto es lo primero que pensaba yo que se iba a retirar, estudiar y proteger cuando se construyera la nueva sede. Quizás sea demasiado inocente...

Pero lo peor estaba por venir.

Quiero dejar un margen de confianza a quienes están realizando el trabajo, pero en principio, lo que he visto no me gusta nada de nada.

Un cartel anuncia la impermeabilización de la alberca que hay entre el Salón de Abd al-Rahmán y el pabellón central, para poder llenarlo de agua. Y llego y me encuentro con esto...


¡Una tubería gordísima de PVC casi a ras de la alberca!  Y unos tubos de hierro que sobresalen, y una especie de motorcillo también arriba... No pude menos que acordarme de la entrada que  Jerónimo_Sánchez nos aportó allá por el mes de marzo, dando la alerta por este asunto. ¿Serán capaces de dejar esto tal cual y llenarlo de agua? ¿Serán capaces de poner en el hierrecillo ese que sobresale alguna figurilla parecida al cervatillo para que suelte agua? A lo mejor hasta queda bien, pero en principio, yo lo dudo.

Pero, ¿es que están construyéndole al califa una piscina?...



Esperemos que todo no sea tan grave como parece.
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