lunes, 9 de abril de 2012

Salamanca, dorada filigrana


La piedra pardo-rojiza y óxido de hierro de los edificios de la ciudad de Salamanca, conocida por Piedra de Villamayor, hizo a Don Miguel de Unamuno denominarla como la Ciudad Dorada. A buen seguro que Don Miguel observó desde los cafés de la Playa Mayor las tonalidades que despliegan dicha piedra en sus diferentes momentos atmosféricos: húmeda por la lluvia, seca por el sol de poniente o brillante por la escarcha del frío castellano. Salamanca muestra la piel de su piedra con una hermosura cándida y elegante, con la naturalidad de un cedro o un boje. Una piel que se toca con la mirada y que llena los sentidos porque se nos presenta maquillada y esculpida en fina filigrana. Esa piedra sutil permitió a escultores y artistas mostrar al exterior con facilidad sus imaginaciones, desde el gótico más arcaico hasta el churrigueresco, pasando por un renacimiento que en esta ciudad se convierte en exhuberante plateresco.

Las calles de la Salamanca antigua, al menos por Semana Santa, que es cuando nos ha tocado visitarla, se encuentran libres de vehículos a motor, lo que siempre es una gozada para el peatón, que puede pasearlas sin temor al atropello, cruzar de una acera a otra con total normalidad, observar las fachadas rojizas de los caseríos y palacios, y detenerse en puntos geocéntricos donde no sería posible si pasara el autobús de línea. Son limpias por el efecto de la siempre bendita lluvia y por la cantidad de personal a cargo de su mantenimiento. El piso, de granito grisáceo habitualmente, se auto-decora en composiciones lineales, marcando zonas definidas en los laterales, en los centrales y en los canales de desagüe, que llevan a sumideros o alcantarillas. En muchas de estas losas se puede ver la letra "A", ya sea porque indique algún tipo de arqueta, o por algún gracioso que se ha dedicado a marcar losas a su antojo.


Una de las fachadas más impresionantes del plateresco salmantino, y por lo tanto universal, se encuentra en la Universidad.



En esta fachada, imagen ineludible de los libros de texto de la Historia del Arte, está una de las diversiones de pequeños y mayores: encontrar la dichosa rana que tanto da que hablar y que dicen que da suerte verla. Así que cuatrocientas personas, según los sindicatos, y siete y media, según la policía, se suelen situar frente a ella en su busca y captura. Yo, de pequeño, me iba al arroyo de Pedroche a coger ranas, pero aquí, en Salamanca, se vienen a esta fachada a "pillarla". El problema es que no canta, así que es más difícil.

Personajes con ojos achinados, o con tez morena, o con acento anglosajón, o con idioma cordobés, se organizan ante esta visión, todos con el dedo índice marcando el lugar donde se encuentra (o se supone que se encuentra) el anuro de los cojon... perdiendo un tiempo precioso a costa de ella. Cincuenta y seis minutos después, según los sindicatos, o tres minutos y medio, según la policía, se hace real el milagro, y todo quisqui la pilla, mostrando sonrisa profident tras el evento.

Yo también la vi, y de hecho, tengo una foto que lo atestigua y que a continuación os muestro:


¡Encontré la rana! ¿O era sapo?

La Plaza Mayor tiene en las enjutas de sus arcos una serie de medallones que muestran personajes ¿importantes? de la Historia de España, desde reyes hasta dictadores, pasando por escritores, humanistas, iluminados (como Santa Teresa de Jesús) y, cómo no, los Borbones.

Estoooo, que me salgo del tema: Salamanca.

Desde la Iglesia de San Marcos, una preciosa construcción románica en la Puerta de Zamora...



...hasta las catedrales nueva y vieja, pasando por la Plaza Mayor, se abre un magnífico corredor marcado por las calles de Zamora y Rua Mayor, que es una auténtica delicia su paseo, sin coches. Entre palacios, casonas rojizas y alguna que otra plaza renacentista, uno se deja llevar por el ambiente cuatrochentista, observando tiendas modernas y antiguas, visitando tabernas, o simplemente pisando un suelo auténticamente castellanoleonés.

Uno de estos palacios es la Casa de las Conchas, que hace esquina con la Clerecía. Ambos edificios tuvieron un tira-y-afloja por su situación. Parece ser que los Jesuítas construyeron su edificio con la intención de que el vecino de enfrente, es decir, Rodrigo de Maldonado, cediera a su oferta de recibir una cantidad desorbitante por cada una de las conchas que tenía en su fachada. El fulanito este, que parece ser era conde de noséqué, se negó, y tuvieron pleito hasta que la cascó. Pero que la cascara no fue suficiente para que le echaran abajo su casa de conchas, y su familia se mantuvo en sus trece. La gente, especialmente la que no tiene nada que ganar ni nada que perder, pensó que en las conchas de la casa había un tesoro, o por lo menos, unas monedillas para invertirlas en comida, así que algunas de esas conchas se ven hoy en día un poco estropeadillas por la gente que buscaba unas monedas con las que comer. Poco les sirvió su quimera, porque el pastón estaba dentro del palacio y a buen recaudo, así que "leche y habas".

El caso es que los Jesuítas no consiguieron tirar la casa de enfrente, y hoy en día, gracias a Dios (¿?) jesuíta o no, la casa sigue en pie, y sigue dando "polculo" a la fachada de la que el Rana fundó en los años 40 del siglo XX como Universidad Pontificia. He aquí la cuestión del desentendimiento:



No es que el edificio no merezca la pena verse desde lejos:


Pero para que se vea, no vamos a tirar una construcción como esta:



En fin, que al final, los jesuítas se quedaron sin abrir su fachada a la plaza por culpa de la Casa de las Conchas, uno de los edificios más singulares de Europa. Total, si al final echaron a los jesuítas del país... ¡qué más les daría! Ea, como los moros, los moriscos y los judíos: to'l mundo fuera.

En la Plaza de Anaya, abierta en época de ocupación francesa al principio del siglo XIX, después de tirar unas casas que se ve que ocupaban los curas de entonces, la visión del entorno, con el lateral de la Catedral Nueva, el Palacio de Anaya, la facultad y alguna que otra iglesia, es espectacular, sobre todo la parte de la Puerta de Ramos de la Catedral.



Aunque la Catedral Nueva ofrece imágenes tan espectaculares como esta...



...la Catedral Vieja es más medieval, de estilo románico y gótico, con un retablo mayor precioso, del que no permitían hacer fotos, así que aporto una del wikipedia.





Sin embargo, toda esta espectacularidad, para mi gusto, se queda pequeña con la elegancia, grandiosidad, presentación e historia del que, para mi, es el monumento que más me ha satisfecho de la ciudad salmantina: El Convento de San Esteban, de los PP. Dominicos. Si alguien va a Salamanca, sin haberla visto antes, que no se pierda este extraordinario edificio renacentista, una joya a preservar.

Su portada es un absoluto tratado renacentista-plateresco:



Le acompaña, como pórtico, una logia de estilo italiano, sencillo y sobrio, que contrasta con la exhuberante decoración de la portada principal: un complemento visual extraordinario.

Dentro del convento, lo primero que se encuentra es un evocador claustro del gótico tardío, con columnas esbeltas que elevan la vista hacia el corredor superior.



Alrededor de este claustro se abren capillas renacentistas, con enterramientos de personajes conocidos, en los que se puede disfrutar de sonidos medievales e historias de los personajes que allí están enterrados, que nos cuentan su vida o parte de ella, muy distante, eso sí, de la mayoría trabajadora, que no tenía dónde caerse muerto. Supongo que habrá que situarse en el tiempo y en el lugar: qué se le va a hacer, eso ya no lo podemos cambiar.

En la iglesia de este convento se encuentra el considerado como el más colosal de los retablos de José de Churriguera, y ciertamente que lo parece. Como no permitían fotos en el interior, y yo soy tan tonto que suelo cumplir las normas, os pongo la foto que, nuevamente, me la proporciona el wikipedia.



También el coro merece la pena verlo. No es tan espectacular como el de Córdoba o Toledo, pero su sencillez lo hace relevante, si no fuera por los culos que se han posado en ellos, probablemente tan florecidos como las jaras de Sierra Morena en esta época... ¡Quieto! ¡No sigas! Volvamos a lo nuestro.

No quiero dejar pasar algo que me ha llamado la atención: la similitud de parte de la fachada del Palacio de Monterrey con nuestro cordobés Palacio_de_Orive Asumiendo las diferencias dimensionales, creo que se parecen más de lo que se diferencian. ¿No creen?



Si alguien no ha visto Salamanca todavía, que no pierda tiempo y lo haga cuanto antes, porque es una de esas ciudades de las que uno no se olvida nunca, y que promete volver a verla. Una ciudad de filigrana dorada que se ofrece al mundo con sencillez, elegancia y autenticidad.

Termino con unas imágenes de esa filigrana que adorna las calles salmantinas:








P.D. Por cierto, creo que hubo procesiones.
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