lunes, 31 de octubre de 2011

Morisca Frigiliana, entre la montaña y la mar


Con la para mí loable pretensión de no caer en fáciles y gratuítas consignas naZionalistas de corte cateto y autista, pero intentando ser lo más objetivo posible en mis deferencias a lo que nos rodea, más cercano que lejano, y al mismo tiempo más desconocido que no, he de contar aquí, mi ventanita al mundo en la red que es este humilde blog, que cada día me sorprende más este territorio, región, comunidad autónoma, o llámesele como se le llame, por todos conocido como Andalucía, por su belleza y diversidad, y especialmente por su grandeza de abrir los brazos a tantas y tantas culturas distintas, que le han dado a su entorno y sus gentes una riqueza espiritual y física exhuberante, probablemente directamente proporcional al asalto de sus bienes por quienes solo se mueven por intereses económicos, y aprovechan el sentido común de quien les abre su casa para saquearla y dejarla "como el gallo de Morón; sin plumas y cacareando".

Pero Andalucía siempre se repone, y entonces nos ofrece lugares tan sorprendentes como este que hoy vengo con vosotros a compartir y al que os aconsejo que os asomeis, situado en la malagueña Axerquía (el este).

Con una distancia de algo más de cinco kilómetros desde Nerja, hacia el norte, Frigiliana supera los 300 metros de altitud, posándose sobre la Sierra de Almijara, que la separa de la provincia granaína. Sus algo más de 2.000 habitantes han sido lo suficientemente inteligentes como para saber mantener en sus calles un caserío que se amolda a su entorno, de calles pensadas para las personas y no para los artilugios a motor, callejuelas que crean sombras por el día y por la noche canalizan la brisa de la cercana mar, y en los inviernos más crudos, que son pocos, sirven de arropo y protección. Un casco viejo que merecidamente fue obsequiado con el Premio al Embellecimiento de pueblos y ciudades en el año 1982.

La clásica Sexifirmio, Freximus y Firmum-Iuliana, se transforma en la edad media en la Hins al-Rhiana del emirato y califato andalusí de Córdoba, perteneciendo a la Cora de Rayyá, y por lo tanto, bajo la influencia del sedicioso Omar_ben_Hafsun que gobernaba en rebeldía desde Bobastro.

Durante este período de la Historia de España, en la zona se introduce el cultivo intensivo de huerta, mediante el sistema de terrazas, tan extendido en todas las zonas abruptas de la Península Ibérica. Y aún hoy, esas huertas, hijas de las al-Munyas que rodeaban las al-Querias, se extienden laderas abajo, formando un conjunto digno de ver, y aún más de oler, pues cuando llueve, el aroma de la mar se entremezcla con los olores de los frutales, dando al ambiente un re-sabor dulzón que casi embriaga.
También hoy podemos admirar su caserío abrumadoramente morisco y procedente de esta época. Casas blancas, de estrechos vanos y aperturas en fachadas, adheridos a la roca de la montaña como los percebes al casco de una nao, con alguna que otra fuente que se asoma al viario popular para recordar que en el fondo el pueblo es un lugar "civilizado" y no está a merced de la imponente naturaleza que lo rodea.
Hins al-Rhiana, Fix-Niana, Fregiliana, Frigiliana, fue también parte del Reino Nazarí de Granada, y se mantuvo arropada por sus montes y con la mar en la retaguardia. En 1485, los catolicísimos reyes de Castilla y Aragón, Isabel "La Iluminada" y Fernando "El Follaor", se apoderan de ella sin batalla alguna o derramamientos inútiles de sangre, y respetan a la población, pues eran expertos en la irrigación de las tierras abruptas y con técnicas agropecuarias desconocidas en las estepas semi-desérticas de la Castilla profunda. Respetaron sus vidas y haciendas a cambio de una buena producción. Inteligencia supina la de aquellos monarcas de tierras bárbaras.
Muchos años después de las lágrimas de Boabdil en el Suspiro_del_Moro y de la expulsión de los Marranos_Judíos ya iba siendo hora de engrandecer la gloria de la raza española, y el Austria, Don Felipe II El Obscuro, tuvo la iluminación un día que fue a rezarle a San Fulanito, allá por 1568, y se inventó la Real_Pragmática que supuso la rebeldía de los moriscos, provocando la guerra en el sur de España.

¡Enga! ¡A pelearse to quisqui!

Frigiliana se enroca entre sus montañas y se pone en manos de un tal Martín Al-Wacir, y se proponen aguantar hasta la llegada del caudillo Aben Humaya, que evidentemente no llega porque más le importa a este su superviviencia que lo que le pase a la alquería de Frigiliana. Así que todos se suben al castillo de la villa y, mientras observan la mar, se hacen fuertes y, lo peor, se creen fuertes.
Mira tú por dónde que dándose un paseo por el Mediterráneo, aparece por el lugar Don Luis de Zúñiga y Requesens, con una flota impresionante, y que el que corregidor de Vélez, Arévalo de Zuazo, reconoce desde la falda de la sierra, y envía emisario para pedir su ayuda. No da tiempo a que lo pida. El catalán ordena el desembarco en las costas de Nerja y Maro y pone un punto fijo en donde poner la dichosa pica: El Fuerte de Frigiliana, arriba, en lo más alto, en el castillo. Y se produce el enfrentamiento:

".....las cristianas banderas comenzaron a subir a toda prisa por la cuesta arriba...más los moros comenzaron a defender la subida arrojando muchas piedras con una endiblada invencíon que ordenaron; y fue que tenían muchas piedras de molino apercibidas y por los ojos atravesados unos maderos gruesos que arrojaban en derecho de las escuadras de los cristianos que subían por la cuesta, y no había rueda de estas que no se llevase de camino cincuenta soldados si delante los hallaba....".

¿Quién no se imagina las piedras "e invenciones" bajando por estas cuestas...


Y al final, Frigiliana sucumbió. Ni piedras, ni invenciones, ni fuerte, ni cuestas, ni ná. Todos fuera del pueblo, y el castillo... arrasado.

Hoy en día, el castillo es difícilmente localizable. Si subes a la cumbre, lo harás por un camino en zig-zag lleno de piedras sueltas, no más ancho de un metro, con carteles como "cuidado con los burros, que muerden", los árboles frutales abrazándote a un lado y otro, las marcas de las murallas de la fortaleza llorando tierra entre sus llagas. Imposible hacerte una idea de lo que aquello fue algún día.

Subimos con paraguas y chubasquero, porque el día se empeñó en empaparnos y obstaculizarnos, pero no consiguió menguar nuestra obstinación de llegar hasta la torre más alta del castillo más alto. Cuando llegamos arriba, tan sudados por los chubasqueros como empapados por la lluvia, vimos esto...
¡Qué lástima que las fotos no saquen todo lo que allí había! Los olores, el sonido de la lluvia (intensa lluvia) cayendo, el mar tormentoso al fondo, la montaña detrás nuestra... y allí estábamos los cuatro, observando aquel impresionante paisaje, con las gotas de lluvia cruzando nuestro rostro como si fueran lágrimas. Una aventura más... un objetivo conseguido más.

Cuando volvimos al pueblo, la lluvia disminuyó...
... y el pueblo seguía allí...

... impasible al paso del tiempo, y de todo...

Y estando tan cerca de la mar, esta te llama, y vas en su búsqueda. Bajando hacia Nerja, encontramos calas pedrosas y con acantilados como los de Maro.
O discutimos sobre el color del mar en las entrañas de Nerja.

Lugares de Andalucía que nunca dejan de sorprender.
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