domingo, 2 de octubre de 2011

Grecia y el fin del mundo

Hubo un momento de la Historia de la Civilización en el que Grecia contagió su forma de vida al resto del mundo hasta entonces conocido en Occidente, convirtiéndose en la cuna de todos sus valores sociales, políticos y filosóficos.

A través de sus conolizaciones económicas, que llegaron hasta las costas mediterráneas de la Península Ibérica, compartieron con nosotros ideas nunca antes conocidas, como la democratización de la sociedad, y la defensa de la igualdad; filosofías de vida novedosas, como la de Sócrates, que inducía al pueblo a pensar para sacar sus propias conclusiones, sin necesidad de que alguien le dijera lo que debía o no pensar, algo que hoy nos parecerá estúpido pero que entonces suponía su forma de vivir, aún sabiendo, como sabían, que no era lo que ellos pretendían hacer en la vida.


Nos enseñaron, junto con los fenicios, a negociar el intercambio de recursos, algo tan lógico como inusual en nuestros tiempos (no supimos, o quisimos, asumir sus enseñanzas). Lo que a mí me sobra, puede que te sirva a tí, y lo que tú no quieres, puede ser mi mejor joya: cuestión de prioridades, reciclaje, sentido común. Por supuesto, sin olvidar los que siempre se lucran fácilmente de lo fácil, que también los había.

Y también nos descubrieron su arte, con columnas dóricas, jónicas y coríntias, frontones, tímpanos, frisos, esculturas platónicas de perfecta armonía, urbanismo monumental, lleno de santuarios y ágoras y pinturas al fresco idealizadas, con imágenes místicas y reales en un mundo irreal, y aún así cercano.



Poco tardó el Imperio Romano en asimilar la forma de vida helenística, aplicándola a su propio estado, posteriormente ajado por la política xenófoba y clasista de los césares totalitarios del Imperio. La base socio-cultural griega la extendieron los romanos por Italia, Hispania, Lusitania, Galia,... llegando incluso a la actualmente conocida como Irlanda, entonces llamada Hibernia.

Grecia propagó por el occidente, entonces el mundo conocido, y hoy llamado Euro-pa, su más que mejor forma de entender la vida, donde se fusionaba la economía, el arte, la política social, la cultura, la filosofía y el compromiso. Sin desmerecer la cuna de lo que fuera la más importante fuente de civilización del mundo en todos los tiempos: Mesopotamia (hoy el destrozado y vilipendiado Iraq) la bella Hellas fue el inicio de la hoy llamada Civilización Occidental, los cimientos de una etapa común de un período más corto de lo que pensamos (el mundo tiene millones de años de vida), pero tan intensa que aún hoy perdura.


Y después de miles de años, la bella Hellas, la Grecia clásica de filosofías y hermosas formas artísticas; de políticas igualitarias y equitativas, de cultura para el pueblo y de la economía lógica, nos "amenaza" con que la vieja Euro-pa siga su ritmo de lucha por sobrevivir, contra la irracionalidad y la desfachatez de los mismos de siempre. Se tapa la cara y grita: ¡¿por qué?!... Mira a sus hermanos suplicando ayuda... Ella, que lo fue todo para Euro-pa... que todo nos ofreció y nos contó... porque los demás no sabíamos...



Ahora, Euro-pa, que hace miles de años abrió sus puertas a toda aquella sociedad lumínica, que nos enseñó a vivir y a organizarnos, teme que nos vuelva a contagiar, como ocurriera con Italia, Hispania, Lusitania, Galia e Hibernia, en aquellos tiempos. Como si de un resfriado se tratara. Como si llegara el fin del mundo, ese fin del mundo conocido, como ocurriera entonces, como ocurrirá tarde o temprano. Porque este mundo creado por el capitalismo al que hoy se le ven sus fauces, habrá de sucumbir, posiblemente mordido e infectado por su propio veneno. Como el arsénico instalado en las muelas de los nazis. Tarde o temprano la cápsula habrá de reventar.

No podemos dejar a Grecia a su suerte, y Euro-pa tiene que estar con ella, por obligación moral y porque se lo debemos.

Aunque eso suponga "el fin del mundo".
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