miércoles, 14 de agosto de 2013

Adiós papá (semblanza)

La lejana silueta de Torre Árboles al fondo.
...padre...

Aún veo desde la ventana superior de mi casa la silueta levemente apiramidada del Monte Torre Árboles, padre de todos los montes que componen la Sierra de Córdoba, que, decorada con alcornoques, encinas, aligustres y jaras, se alza en el norte de la ciudad ofreciéndole su protección.

Nada es eterno... nada supera una vida...

Hoy Torre Árboles, ese padre de todos los montes, ese protector de mi ciudad, va poco a poco desapareciendo de las vistas que desde la ventana superior de mi casa tengo, acosado por las construcciones de viviendas, con sus antenas de televisión y carreteras con señales de tráfico. Supongo que es ley de vida, supongo que hay que conformarse.

La lejana silueta de Torre Árboles al fondo, aún.
Me da igual que sea "ley de vida", no quiero dejar de ver al monte protector nunca; quiero que su contorno siga siendo parte de mi día a día, que se siga dejando ver con su sonrisa irisada y su sombra tranquilizadora. ¿Por qué tengo que dejar de sentirle? ¿Qué providencia me lo arrebata?

...rabia...

...Esta mañana ha sido tranquila; Torre Árboles estaba aún a la vista, el aire era fresco y la luz brillante. Verle allí a lo lejos fue reconfortante, y después de abrir la ventana, una inspiración profunda me trajo aromas a vegetación. Todo parecía igual, pero hoy todo era distinto... doloroso.

Ayer enterramos las cenizas de mi padre, de mi Torre Árboles, y eso se notaba esta mañana cuando miraba a la Sierra huérfana de él. Las raíces de un algarrobo se alimentarán de su energía en el Bosque de las Cenizas del Cementerio de la Fuensanta de Córdoba, ayudándole a crecer, usando esa misma energía que nos ha hecho a su familia, su Sierra, tener la suerte de disfrutarle cerca.

...pena...

...Jamás se irá del todo quien todo lo dio...

...recuerdos...

Entrada, desde Moriscos, a la calle Horno del Veinticuatro (Córdoba, España)
Alfonso Fuerte Gamero nació en la calle Horno del Veinticuatro, del Barrio de Santa Marina, en la capital cordobesa, el 25 de septiembre de 1934, siendo el mayor de una posterior familia numerosa de otros siete hermanos, y pertenece a ese grupo de generaciones que tuvieron su infancia entre los años 1935 y 1945, y que se vieron obligados a soportar las penurias que conllevan las guerras, geográficamente cercanas unas, no tan lejanas otras, y moralmente a años luz de todas a las necesidades reales del ciudadano.

De aquellos infantes e infantas de la época solo pudieron sobrevivir los más fuertes, los que fueron capaces de soportar las deficiencias sanitarias, de higiene, de alimentación... Alfonso fue uno de ellos y se hizo como su apellido: Fuerte.

...Y en su agonía posterior lo habría de lamentar...¡¡tanto!!

...desesperación...

Los primeros porrazos que se llevaría su corazón serían la muerte de su hermana Carmen y la de su madre Fuensanta: el mayor de los hermanos roto ante el dolor, y su corazón se lo guardó.

A los 14 años, siendo pintor de brocha gorda, en la fiesta nupcial de cualquiera, y en la que se coló, conoció a la persona con la que habría de compartir sus 61 años restantes: su Conchi. Por aquel entonces ya vivía en la Calle Mucho Trigo, en el número 24.

...número 24...


Cuando su padre le comunicó que iba a trabajar en la Cenemesa, se sintió feliz. Planes de futuro, una familia propia, su casa de alquiler... y trabajar, siempre trabajar. En la casa de vecinos de Mucho Trigo 24 había apartamento para él y su familia. Allí nacían sus hijos: Fuensanta, Alfonso, José Manuel, Rafael y Francisco Javier.

Número 24 de la Calle de Mucho Trigo, Córdoba, España.

...número 24...

...Y aquel perro de la azotea seguía ladrando...

Los sábados por la mañana de agosto, en la playa del Guadalquivir, junto al Molino de Martos que servía de trampolín. Alfonso volaba desde las piedras milenarias del molino romano, y caía al río rompiendo la lámina de agua. Conchi lo observaba desde el embarcadero de Pelambres... sufriendo... y adorándole.

...pasado, siempre presente...

Horas extra: Molina, Poveda,... la propia Westinghouse... Trabajo, trabajo. De 6:00 a 22:00 horas. Alfonso volvía exhausto a casa.

- Pues cuando venga papá se lo voy a contar todo, y ya veréis.-Decía Conchi a sus hijos intentando retenerles en sus travesuras. Y Alfonso volvía por la noche.

- ¡Pues como me quite la correa...! -gritaba Alfonso con enfado fingido- ¡Como me quite la correa...!... Se me van a caer los pantalones...

Y todos nos echábamos a reír.

...amor...

Sus conocimientos le hicieron trabajar como jefe de equipo montando transformadores en toda España. Centrales eléctricas de Ascó, Lemóniz, Ponferrada, Ribadeo, Álora, Huelva, Palos, Cádiz, Madrid, Valencia, Barcelona...

...En su agonía de las últimas semanas en el hospital hablaba de su trabajo, drogado por la morfina... "¿cuántas cabeas tiene?"

- ¿Qué dices papá? ¿Qué son cabeas? -la morfina le enredó la lengua y sus ojos se retorcieron.

- No dejes entrar a esa niña ahí que es peligroso. -su mujer entraba al aseo de la habitación del Hospital Reina Sofía, pero el pensaba que era "una niña".

- ¿Peligroso, papá? Es el aseo.

- ¡Cuidado con el transformador!

- ¡No, papá! No es un transformador, es el servicio.

Ojos vueltos, respiración entrecortada, labios secos

...¡dolor!...

...impotencia...

...¡¡¿Dios?!!...

Alfonso no ha sido un desgraciado, ni mucho menos, y supo disfrutar de su familia, de su entorno y de sus momentos.

Aquellos veranos y navidades en Cerro Muriano y en la casa de sus cuñados en la Electromecánica, los peroles en Linares, Santo Domingo, Cañito Bazán, Puente Mocho, San Rafael de Navallana,... Disfrutar de las tapas y vinos de los numerosos bares "El Seis", de "Los Mosquitos", del "Juramento"... el pescaíto frito, supo y quiso acercarse al Guadalquivir, emocionarse con la Mezquita, Santiago o Santa Marina (donde fue bautizado) Gritar en El Arcángel en favor de su equipo de fútbol, estremecerse con un paso de Semana Santa, disfrutar de una Cruz de Mayo, saborear el aroma de un patio cordobés, escuchar las olas del Mediterráneo mientras se comía un espeto malagueño después de cuatro horas de viaje. Entretener a sus nietos, conversar con sus hijos, intimidar con su esposa, compartir sus sentimientos, defender sus ideas, y mucho más.

...vida...

Ayer enterramos sus cenizas como él quiso:  pocas flores, nada de cirios, poca parafernalia, solo una misa corta sin repeticiones posteriores, concisa, sin llantos, sin penas excesivas, con poca gente. Lo mejor que podemos hoy hacer por él es seguir viviendo recordándole con alegría, la alegría de su recuerdo.

- No me recordéis con pena.

...generosidad...

Ojalá esté equivocado y de verdad exista ese Paraíso que nos dicen por ahí que existe después de la muerte. Seguro que a Alfonso no le harán esperar en la cola.

En cualquier caso, el recuerdo de Alfonso y de sus hechos durante su vida no quedarán jamás en el olvido, y eso sí que le hará eterno, porque sus descendientes seguirán llevando al "más allá" lo que su vida nos trajo. No habrá ningún Paraíso que se compare a este, el táctil, el entendible, el asumible. Y como él diría: "déjate de tonterías, y sigue adelante" Sé fuerte, sé Fuerte.

Árbol número 24 del Bosque de las Cenizas (Cementerio de la Fuensanta, Córdoba, España)
No sé por qué, esta mañana me he levantado con una inquietud. Bueno, quizás sí que sepa por qué. El caso es que he tenido la necesidad de salir temprano. He subido a la buhardilla a observar Torre Árboles, y después del austero desayuno (un vaso de leche fría), he salido al patio de mi casa a fumar mi primer cigarrillo del día, y he visto cuatro rosas en el arriate. Reconozco que, más llevado por mi intuición que por los gustos de mi padre, he decidido cortarlas y llevármelas al lugar donde reposan sus cenizas. Y allí me he plantado.

Al poco, me he dado cuenta del detalle. El número del árbol en el que hemos decidido mi hermano Rafa y yo que se entierren las cenizas ha sido el 24. Ayer, a las cinco y media de la tarde, con cuarenta grados de temperatura, nuestro cerebro no estaba por elegir un número con ningún significado concreto, y nos dejamos llevar por la intuición. Lo decidimos por ser un lugar discreto y aireado, desde donde se ve la sierra, al pie de un algarrobo joven, pero sin ninguna intención numerológica.

...número 24...

...Otra vez, papá....

Alfonso Fuerte Gamero nació en la Calle Horno del Veinticuatro, vivió en el 24 de la calle de Mucho Trigo y en el 24 de la Avenida de la Viñuela... (luego en el 12 de Alonso Gómez de Figueroa) y sus cenizas han sido enterradas en el árbol 24 del Bosque de las Cenizas del cementerio. Cosas de la casualidad.

Papá y Mamá

Adiós papá...

Gracias papá.

...vacío...


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